lunes, 3 de febrero de 2014

MIRado - 235 preguntas después


A las 13:40 cogemos el coche hacia el campus universitario en el que haré el examen. Mi tía se equivoca de camino y nos reímos por haber hecho bien en ir con tiempo. Llegamos a las 14:00 entre repostar y cambio de ruta. Llego y reconozco a una de mis compañeras, que a lo tonto ha sido de las que más contacto ha tenido conmigo durante estos meses, sobre todo los últimos a través del Twitter. Nos saludamos y soy abordado por los comerciales de las academias, que me dan los listados de plazas del año pasado. Yo lo guardo todo en mi mochila y progresivamente voy reconociendo más caras. 

Estoy tranquilo. Extrañamente tranquilo. Lo llevo todo encima: DNI, tres bolígrafos, tres Kit-Kats, tres paquetes de pañuelos para mi resfriado, un vasito de plástico, cucharilla, botella de agua y sobre de ibuprofeno. Compruebo que salgo en la lista y sigo saludando. Se respira ese extraño tabú que hay alrededor del «cómo lo llevas». Yo nunca he sido de preguntarlo, pero cuando le preguntan a uno parece que dicta el convenio que hay que responder igual, y acaba uno siempre recibiendo una respuesta críptica. Total, conversaciones de besugos que no llegan a nada, pero parecen rebajar los nervios de los más ansiosos.

Empieza a llover y nos dejan entrar a la facultad para resguardarnos. Entro hecho una sopa con mi ropa nueva que mi familia tanto se había empeñado en que usara para el «día M», y me seco con un par de pañuelos el pelo para no parecer un perro callejero empapado. Pero aún así, estoy contento. Me alegra ver caras conocidas después de tanto tiempo y saber que la liberación está tan próxima.

Localizamos nuestras aulas, vamos al baño, sacamos las cosas para tenerlas a mano al entrar y empiezan a llamar. Yo soy de los últimos así que voy despidiendo a la mayoría de mis compañeros deseándoles suerte. Entro y me doy cuenta de que soy un despistado y casi no le enseño el DNI a la mujer de la mesa. Llego a la mesa que me es asignada y descargo todos mis bártulos. Reparten. Mi hoja de respuestas tiene una mancha de impresión que cruza entera una fila de preguntas, así que consulto si debería cambiarla. Me dicen que se lee, así que no hay ningún problema. Empiezo.

Lo primero son las imágenes, algunas de muy buena calidad y otras bastante malas, que me dejan muchísimas dudas o incluso en blanco hasta que me decido a mirarlas en distintos ángulos, muy del estilo El Ojo Mágico. Sigo haciendo preguntas y mi versión, la 7, empieza por lo que en mi academia llaman «Miscelánea»: Genética, Anatomía, Anatomía Patológica, Fisiología, Farmacología... Son preguntas que siempre generan dudas: después de todo, uno no se reestudia el Guyton ni el Netter antes del MIR, y a veces las preguntas son tan específicas que o se dejan en blanco o se rebusca en el baúl de los recuerdos y se arriesga esperando que la memoria sea de confianza. Sigo y empiezo a reconocer temas mejor llevados: Digestivo y Cardiología. Dos de las grandes y gordas, con las que me consuela ver que me siento relativamente seguro. Llego a la pregunta 70 y decido pasar respuestas a la plantilla. Cuando me doy cuenta, he dejado muchísimas en blanco por el momento, pero quizás sea mejor así para que al repasar me llamen más la atención. Voy bien de tiempo, así que podré darle una vuelta más al examen. Continúo y el examen termina con Psiquiatría antes de las preguntas de reserva: al menos acabo relativamente relajado. Pero cuando termino me doy cuenta de la tremenda cantidad de preguntas que tengo pendientes de revisar. 

Las reviso y mi sensación de inseguridad va creciendo. Me duele la garganta y los ganglios, y noto una neblina ante los ojos. ¿Me está dando fiebre? Decido cortarla rápidamente disolviendo el ibuprofeno, like a sir, en el vasito con la cucharilla. Voy repasando. Hay preguntas que sé que debería saberme, pero que me hacen dudar. Empiezo a ponerme nervioso e intento relajarme, porque incluso antes que los conocimientos, en este tipo de pruebas es muy importante manejar las propias emociones, tolerar la incertidumbre y confiar en uno mismo. Si eso falla, los conocimientos pueden quedarse bloqueados sin salir, por muchos que sean. Y nunca olvidar el sentido común.

Sé que lo llevo bien. Si dudo incluso entre cuatro, arriesgo. Hasta ahora me ha ido bien. Pienso que el examen es difícil y hasta ahora los simulacros más complicados me han beneficiado. Decido hacer caso a la academia: «esto es otro simulacro más», así que confío en el conocimiento subyacente y recuerdo a Miriam: «en el MIR se tiene que dudar», así que arriesgo y pienso que no voy a cambiar mi proceder porque este sea el examen oficial.

Termino y dejo una en blanco. Descartaría dos, pero ni siquiera estoy seguro de si estoy descartando por conocimientos o por intuición. Reviso pregunta por pregunta si las he pasado bien a la plantilla y compruebo que, efectivamente, así es. La primera vez en siete meses que no me equivoco al menos en una. Sonrío al darme cuenta de que me conozco bien: «Durante el examen sé que estaré más atento a eso», decía a mi Solecillo cuando se preocupaba por ese tipo de patinazos. 

Lo entrego, y casi tengo que forzarme a pensar en que debería tener miedo de estar actuando con demasiada premura, así que no. He hecho el examen lo mejor que he podido. Sé mucho. Puedo con esto. Si remiro, cambiaré demasiadas y quizás sea peor el remedio que la enfermedad, así que sin miedo, solo pregunto si podré recoger el cuadernillo aunque salga del aula. Me dicen que sí, así que salgo a respirar. Hay compañeros de promoción que no se presentan este año con pancartas y felicitan a todos los que salimos con vítores. Me arrancan una sonrisa a pesar del resfriado. Y me doy cuenta de que ya está. De que soy libre.

Llamo a mi Solecillo. A mi familia. Escribo a mis amigos. Algunos me llaman. Y solo puedo decir que el examen ha sido raro. Bastante raro. Muchas cosas generales y pocas cosas típicas. Más que difícil per se, ha sido «descolocador». Las cosas que nos han machacado y remachacado en las academias han caído casi marginalmente. Pero hasta que no tenga perspectiva no puedo decir si creo que ha sido bueno o malo. Y aún así, tengo buena sensación.

Me voy a descansar y quemo parte del libro de preguntas de respuestas de exámenes anteriores. Es una liberación ver cómo arde en verde (¿cobre en la tinta?). El resto lo reciclaré, una vez hecho el acto simbólico de rito de paso. Caigo rendido por mucho que intento recuperar mi normalidad trasnochadora. 

Estoy feliz. Porque, doscientos veintidós días después, doscientas treinta y cinco preguntas después, se acabó.


4 comentarios:

  1. Y qué sensación más rara se tiene, verdad? Joo, me has recordado mucho a mi examen... Verás como irá bien. Ahora no cometas el error de ovsesionarte en mirar resultados, ya llegará el de verdad ;)

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    1. Es rara, sí, jejeje.

      Pues me temo que llegas tarde. Ya he metido la plantilla... Y por el momento el resultado es exageradamente bueno, especialmente para lo que yo esperaba *o*

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  2. ¡Felicidades Fer! Espero que tras ese gran esfuerzo seas médico dónde deseas, verás que sí. Lo de "El Ojo Mágico" ha sido muy gráfico, me lo imagino XD
    ¡Disfruta de tus merecidas vacaciones!

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