miércoles, 19 de febrero de 2014

Esto de vivir por tu cuenta


Una de las cosas que quería probar a hacer en estas vacaciones era a intentar ver cómo soy capaz de apañármelas viviendo por mi cuenta, con mis recursos, bajo mi mayor o menor capacidad de administración. Y eso estoy haciendo. A fin de cuentas, mi intención es hacer la residencia fuera de mi ciudad de origen, y como no tengo mucha familia por ahí, voy a tener que depender de mí mismo sí o sí.

Pues a lo tonto estoy aprendiendo muchas cosas. Por ejemplo, que cuando empiezas a vivir en cualquier sitio, el primer mes probablemente vas a gastar mucho más que los siguientes. Tendré que comprobar qué tal me va los siguientes meses, pero esta primera semana está llena de lo que he tenido a bien llamar gastos cero, o sean aquellos que vas a gastar una sola vez porque son cosas que necesitas. Son cosas imperecederas o cosas que van a tardar mucho en gastarse y en mi caso concreto, dado que estaré aquí unos 3 o 4 meses, quizás solo tenga que comprarlos una vez más. Hablo de cosas como paños de cocina, ropa de cama, accesorios de aseo personal, pinzas de la ropa, o incluso jabón de manos —que, bien administrado, en manos de una sola persona dura mucho—.

Otra cosa de la que me he dado cuenta es de que tengo complejo de «papá gallo». Estoy tan acostumbrado a tener que encargarme de cosas domésticas que me sale solo limpiarlo todo, ordenarlo, y me da urticaria dejar cosas tiradas por ahí. Intento controlarme, entre otras cosas porque no quiero que mis compañeros de casa me tomen como el asistente doméstico gratuito, pero de mis cosas difícilmente tengan que hacerse cargo excepto puntualmente y por pura bondad espontánea. Como dije en una entrada hace tiempo, soy un poco como Bree Van de Kamp: perfeccionista —hay quien me acusaría de obsesivo— y hacendoso. Vamos, un marujo cualquiera.

Dentro de 9 días, según la página del Ministerio de Sanidad, saldrá la relación de resultados provisionales, donde podré ver hasta qué punto las academias han acertado o fallado con mi  estimación, aunque aún estará sujeto a cambios en función de las alegaciones que se hagan. Aunque los resultados augurados por los distintos estimadores son desorbitadamente buenos para lo que yo me imaginaba, no quiero pecar de exceso de confianza y, en principio, dejo la gira por los hospitales para cuando tenga un acercamiento más fiable a mi puesto final, no por nada, sino por saber exactamente con qué grado de optimismo o pesimismo enfrentarme a cada potencial plaza.

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