miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz NaviMIR


Pues desde debajo de apuntes y manuales, quiero desearles a todos los que leen este blog una muy feliz Navidad. Deseo a todos muchísima felicidad para ellos y los suyos, no solo en estas fiestas, sino en general en todos los aspectos de su vida y en todos los momentos. Especialmente quisiera felicitar a todos aquellos que están solos en estas fiestas, a quienes han perdido a un ser querido recientemente, a quienes trabajan en estas noches que son tan familiares para asegurar el bien común (no solo sanitarios sino todos aquellos que estuvieron anoche en pie de guerra y lo estarán el 31 y el 5). 

También quiero dar especiales ánimos a mis compañeros que están preparándose el MIR como yo y todos los que se presentarán a exámenes de acceso a la formación sanitaria especializada. ¡Ánimo! Esto es duro, más de lo que pensábamos, pero cuando terminemos veremos que es menos de lo que nos parece ahora y, sobre todo, que vale la pena. Que no nos agríen el humor los percentiles, las netas y las preguntas hechas a mala idea. Empezamos en este camino porque queríamos, porque nos gustaba, nos convencimos, y aquí estamos. A todos los que pensaron en irse de este país, como yo, y decidieron que pesaban más otras cosas y que valía la pena darle una oportunidad a este país (España, camisa blanca de mi esperanza); claro que ahora dan ganas de haberse ido: estamos cansados, vemos a todo el mundo disfrutar de tiempo libre o trabajar sin tener que pasar por todo esto, y nuestro desgobierno no parece ayudar especialmente a que nos anime la idea de quedarnos. Pero queda poco, y salga como salga, al menos podremos descansar. Y en la mayoría de los casos, seguramente valdrá la pena todo este esfuerzo.

El año va acercándose a su fin y parece un buen momento para echar la vista atrás. No quiero ahora caer en el cliché anual de ir haciendo un listado (eso lo dejo para Año Nuevo, jajaja), pero hay cosas en este 2013 que va tocando a su fin que me han marcado especialmente. Es el año en el que me licencié. Aunque parezca una tontería, ver un reconocimiento a seis años de esfuerzo siempre es reconfortante. También es el año en el que me he preparado el MIR, pero de eso ya he hablado. Y es el año en el que he encontrado una ilusión enorme que es mi faro marcando el camino en las noches más neblinosas y tormentosas de este viaje en barco, con subidas y bajadas, que es la preparación para examinarte el 1 de febrero con otras 12.000 personas; mi sol sostenido. 

Por supuesto que hay muchas cosas más, pero lo que quiero hoy es dar gracias. Gracias al mundo por darme esta vida mía. Gracias por enseñarme a ser consciente de las adversidades desde tan pequeño para ser aún más consciente de las cosas buenas. Gracias por enseñarme a apartar las malas cosas de mí. Gracias por darme tantas cosas preciosas y fascinantes para aprender y crecer, gracias por dejarme disfrutar de la maravillosa complejidad de este mundo, gracias por mostrarme el camino hacia gente que admiro, hacia compañeros, amigos, el amor. Gracias por mi familia, aquella que quiero de verdad, que es aquella que elijo yo y no elige solo la sangre. Gracias porque este mundo es absolutamente maravilloso, y las cosas malas no hacen sino darle muchísimo más valor a las buenas, y ganar ellas en valor al ser una fuente de aprendizaje.

A todos ustedes que se toman la molestia de curiosear qué tengo que decir, muchísimas gracias, espero seguir aportando al menos un poquito de distracción temporal.

A todo, a todos:
Gracias. 
Feliz Navidad.

martes, 17 de diciembre de 2013

MIRando, MIRando... te vi


Dicen que la época del MIR es mala para las parejas. Que aquellas que llegan estables a él acaban por desmoronarse bajo la presión, los cambios de humor, y las exigencias. No hablemos ya de cuando son dos opositores, cuyos resultados en los simulacros y expectativas de futuro pierden el anonimato de las aplicaciones informáticas y tienen cara donde proyectar todas sus frustraciones. Aquellas entre un médico y alguien que no lo es parecen también sufrir por la incomprensión del ajeno a este gremio, que no entiende por qué un examen que no deja de ser lo que le llevan enseñando durante seis años causa tantos estragos en el día a día, la arquitectura del sueño y el flujo emocional de su amado galeno recién licenciado (o repetidor, ¿quién sabe?). 

Dicen los de las academias que mientras se estudia no es el momento para hacer grandes cambios. Mudarse, tener un hijo o, para el caso que me ocupa, iniciar una nueva relación de pareja es una mala idea. Como si fueran puntos en un juego, este tipo de privilegios parece que han de comprarse con netas.

Yo digo que todo eso me da exactamente igual. Yo digo que yo empecé a estudiar el MIR de verdad el 24 de junio de 2013, y ya estaba hablando con el hombre más maravilloso del mundo. Yo digo que cada pregunta de exámenes anteriores que me miraba tenía ya más luminosidad desde que sabía que al final del día podría hablar con este chico de tan lejos y que yo sentía (y siento) tan cerca. Yo digo que la traumatología, la hematología y la oftalmología me las aprendí con la ilusión de ver algo crecer de la nada. Yo digo que el 4 de julio fue uno de mis mejores cumpleaños. Y digo que el 15 de julio ha sido el punto de partida oficial de lo que se ha convertido en el motor y el combustible para mi estudio y para, simplemente, levantarme cada día con energía suficiente. Ahora tengo un futuro. Ahora tengo un objetivo. Ahora tengo ganas de vivir de verdad.

¿De qué serviría si no, esforzarme para intentar conseguir la mejor plaza que pueda alcanzar, si no es para tener la comodidad de estar a tu lado? Y lo mejor es que has hecho, cariño, que aunque los simulacros, los seminarios y los manuales me agobien, que aunque en mi casa se desate día tras día una tormenta por la extraña vida familiar que me ha tocado tener alrededor, y todo eso a veces me llegue al corazón, me ciegue y parezca eclipsar por un momento la luz que hay en mi vida; tienes tanta fuerza, mi sol sostenido, que enseguida destrozas todo muro que haya delante de ti y vuelves a bañarlo todo. Una sonrisa, una palabra, una canción aunque sea tarareada, una carta por sorpresa en una sartén... cualquiera basta para iluminarme otra vez.

Has sido, estás siendo, y sé que serás mi compañero de viaje durante esta etapa que termina, y durante la que comienza. Estoy convencido, y me da igual sonar pretencioso, de que seguirás siéndolo durante el resto del camino. Y es que sin ti el camino estaría tan oscuro...

No temas, compañero, mi amor. No temas cuando parezca que las cosas tiemblan, cuando veas que estoy a punto de derrumbarme. Siempre he sido más fuerte de lo que me creo, tú me lo has hecho saber, tú lo has visto mejor incluso que yo. Y si además te tengo a ti, no hay nadie que me tire al suelo. No habrá nadie, ni nada, que nos derrumbe.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

Y recuerda:

martes, 10 de diciembre de 2013

¡No sin evidencia!


Desde mi blog me uno sin dudarlo un solo segundo a No Sin Evidencia, una iniciativa que han comenzado tres médicos de familia, Javier Sorribes (@javiersorribes), Vicente Baos (@vbaosv) y Rafael Bravo (@rafabravo) y que critica la reciente decisión de Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios de regularizar los principios homeopáticos como medicamentos. La homeopatía no se basa en ninguna ciencia conocida que haya sido probada, son únicamente especulaciones mágicas que hasta el momento no han demostrado hacer más que la imposición de manos, el rezo conjunto o, para el caso, saltar a la pata coja bajo la luz lunar, para ninguna enfermedad.

Que no les engañen con la parafernalia habitual de la maldad de las farmacéuticas. Sí, son empresas con ánimo de lucro, y probablemente hagan alguna que otra maldad; pero están sujetas a unas leyes. No se puede vender un medicamento que no haya demostrado ser eficaz y suficientemente seguro, y se está constantemente en vigilancia buscando posibles efectos adversos graves. Esto es lo que asegura el mayor grado de seguridad para todos nosotros, que somos, hemos sido o seremos pacientes en algún momento de nuestra vida; para nuestros seres queridos y para los más desvalidos. La homeopatía también es una forma de lucro de empresas (Boiron), se lucran igual, buscan vender y no curar, pero es que además ni siquiera curan, y sus efectos secundarios principales es que la enfermedad siga su curso, porque no tienen efecto sobre la enfermedad más allá del placebo que tiene toda intervención.

Este post es también para señalar con el dedo a Santiago de la Rosa. Por desgracia, al haber terminado la carrera no tengo la autoridad como para hablar en nombre de los estudiantes, pero según su forma de pensar, sí que la tengo para refutarle. Pues digo que no solo es un maleducado y un soberbio que desprecia a las siguientes generaciones, sino que creo que para defender con tal fervor la homeopatía se deben tener unos intereses muy concretos y totalmente espurios: con bastante confianza digo que no incluyen el bienestar de sus pacientes como principal prioridad.

A continuación copio el manifiesto de la iniciativa No Sin Evidencia, al que me adscribo mediante esta entrada:

La evidencia científica es uno de los pilares sobre los que se asienta la medicina moderna. Esto no siempre ha sido así: durante años, se aplicaron tratamientos médicos sin comprobar previamente su eficacia y seguridad. Algunos fueron efectivos, aunque muchos tuvieron resultados desastrosos.
Sin embargo, en la época en la que más conocimientos científicos se acumulan de la historia de la humanidad, existen todavía pseudo-ciencias que pretenden, sin demostrar ninguna efectividad ni seguridad, pasar por disciplinas cercanas a la medicina y llegar a los pacientes.
Los firmantes de este manifiesto, profesionales sanitarios y de otras ramas de la ciencia, periodistas y otros, somos conscientes de que nuestra responsabilidad, tanto legal como ética, consiste en aportar el mejor tratamiento posible a los pacientes y velar por su salud. Por ello, la aparición en los medios de comunicación de noticias sobre la apertura de un proceso de regulación y aprobación de medicamentos homeopáticos nos preocupa como sanitarios, científicos y ciudadanos, y creemos que debemos actuar al respecto. Las declaraciones de la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) asegurando que “no todos los medicamentos homeopáticos tienen que demostrar su eficacia” y que “la seguridad no se tiene que demostrar con ensayos clínicos específicos” no hacen sino aumentar nuestra preocupación.
Por lo tanto, solicitamos:
  1. Que no se apruebe ningún tratamiento que no haya demostrado, mediante ensayos clínicos reproducibles, unas condiciones de eficacia y seguridad al menos superiores a placebo. La regulación de unos supuestos medicamentos homeopáticos sin indicación terapéutica es una grave contradicción en sí misma y debe ser rechazada. Si no está indicado para nada ¿para qué hay que darlo?.
  2. Que la AEMPS retire de la comercialización aquellos fármacos, de cualquier tipo, que pese a haber sido aprobados, no hayan demostrado una eficacia mayor que el placebo o que presenten unos efectos adversos desproporcionados.
  3. Que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el resto de autoridades sanitarias persigan a aquellas empresas que atribuyen cualidades curativas o beneficiosas para la salud a sus productos sin haberlo demostrado científicamente.
  4. Que el Consejo General de Colegios de Médicos de España / Organización Médica Colegial, en cumplimiento del artículo 26 del Código de Deontología Médica, desapruebe a los facultativos que prescriban tratamientos sin evidencia científica demostrada.