martes, 24 de septiembre de 2013

Compañía


Entre sesión y sesión de estudio, a un estudiante MIR le da tiempo de pensar un poquito en sus cosas. A mí, que soy el estudiante MIR menos serio que puede haber parido madre, pues más. Y a la vista de una serie de acontecimientos inesperados en mi vida, que incluyen el amor por una persona que en muy poco tiempo se ha ido demostrando como uno de los mejores elementos que podían haber entrado en mi vida, me he tenido que sentar a plantearme una serie de cosas.

Obviamente, planear a largo plazo es una empresa arriesgada, pero hay cosas que creo que uno debe tener un poco claras, ya no solo porque se encuentra al borde de un cambio importante en su vida, sino porque, aunque hoy en día parezca que lo normal —y lo que es peor, lo esperable— es ser adolescente hasta los 30 años, uno ya tiene una edad en la que en otros tiempos uno ya era un adulto hecho y derecho, y no era nada raro estar casado y con hijos. Obviamente, la vida del médico español, que incluye tener que pasar por este desagradable trance que es el MIR y toda la preparación que uno tiene que hacer, probablemente exige, más que la de otras personas, dejar bastante más tiempo para uno mismo antes de pensar en lo que pueda pasar en el futuro.

Pero hay conversaciones que salen de la nada que te hacen sentarte y mirar al mundo. Sin querer entrar en detalles que no interesan realmente, vengo de una familia donde las cosas nunca han funcionado del todo bien. No obstante, desde que yo era pequeño, siempre planeaba mi vida de una forma curiosa, sobre todo para un varón: yo quería ser padre. Cuando las cosas en casa empezaron a desestructurarse, perdí la fe en la paternidad. No por nada, sino porque temía poder dañar de alguna manera a mis hijos incluso en mis intentos de evitarles el daño. Pero como digo, hay conversaciones que no son buscadas, sino que salen de la nada, en las que te paras y dices. ¿Y si fuera posible? No digo mañana, ni pasado mañana, ni el año que viene, pero, ¿y si algún día todo está bien puesto y ordenado para recuperar ese objetivo vital?

En alardes de cinismo y pesimismo, siempre decía: "Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido la nota de un examen". Y lo decía porque había perdido la fe en el amor, y en un futuro que no fuera estar solo y dedicarme compulsivamente al trabajo para poder ocupar unos días que se me antojaban solitarios y sin esperanzas de tener compañía. Ahora me alegro de ni siquiera poder decir eso.

Y al hilo de la compañía, este consumidor empedernido de musicales de Broadway se puso a revisitar una obra maestra del gran Stephen Sondheim, Company. Es un musical compuesto de las cosas que se le vienen a la cabeza a Robert, un soltero de 35 años, mientras sus mejores amigos, cinco parejas casadas, le felicitan en una fiesta sorpresa. Es todo un viaje por las dudas normales de cualquier persona sobre las relaciones amorosas y la amistad, sobre el significado de la soledad, del amor, del matrimonio, del deseo que todos tenemos: el de no estar solos, el de contar con compañía.

And that's what it's all about, isn't it?
That's what it's really about!
Company!
Lots of company!
Life is company!
Love is company!

Y el caso es que yo me he puesto a pensar. ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? ¿Ambiciono tener una carrera profesional brillante de la que pueda presumir el día de mañana o prefiero presumir de otros logros? El día de mañana, ¿quiero ser un médico con familia o un padre de familia que trabaja de médico?

Y como opositor MIR que seré desde que presente la instancia mañana o pasado, a la hora de elegir mi futuro profesional como especialista en alguna de las ramas de la Medicina, ésa es una cosa importante que tendré que ponderar. Porque no es lo mismo dedicarte a una cosa que la otra. Y no en todas es posible tener compañía.

Y lanzo unas preguntas al aire: ¿Es la vida del médico necesariamente la que vemos en las películas, alejada de su familia? ¿Está el médico condenado a una pareja, cuando poco, sanitaria, que entienda las exigencias de su profesión? Adelanto mi respuesta. Y creo que no. Que la elección es de cada uno. Y que elegir no convierte a nadie en mejor ni peor.



1 comentario:

  1. Yo creo que se puede compaginar, si se quiere. Está claro que luego hay unas especialidades más exigentes que otras en cuanto al trabajo en casa, que ya lo hemos oído todos: seguiremos estudiando toda la vida.

    Yo asumo que tendré que sacrificar cosas (ya lo he hecho hasta ahora y no me arrepiento tampoco...) porque tengo en mente especialidades que tiran más por ahí, pero es lo que he elegido y también lo que creo que me hará feliz y oye, creo que es algo que hay que tener muy claro a la hora de elegir (o al menos habérselo planteado), qué implica y hasta donde estamos dispuestos a tirar.
    Pero eso, que con calma... a cada uno nos buscan un par de especialidades, vienen a por nosotros y en nuestra mano queda elegir una u otra precisamente en función de eso, de lo que no es Medicina
    Un besazo!

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