lunes, 30 de septiembre de 2013

MIRando - Plan B


Estacionario sería el adjetivo que más describe la sensación que tengo sobre mi periplo MIR en las últimas semanas. Quizás es mi falta de seriedad, que me está pasando factura. Probablemente sea eso. Pero bueno, el caso es que mis netas están ahí, quietas. Estacionarias, o mejor dicho, en un estrecho equilibrio dinámico. Suben y bajan en una onda de amplitud muy bajita, así como hace el percentil, que se mantiene más o menos en el mismo lugar. Supongo que eso último debería "tranquilizarme" en el sentido de que debe ser lo que pasa en el grueso de los actuales MIRandos de mi academia.

Pero, y por mucho que yo me resista, soy médico. Y como tal, soy autoexigente por definición, así que me cuestiono absolutamente todo. Incido en que hay una gran dosis de autoexigencia en esto porque me sería imposible decir que mis resultados estén siendo malos. Al contrario, son buenos. Pero temo que los resultados generales empiecen a mejorar sin que yo esté aprendiendo nada, y que mi percentil comience a bajar, y con ello las probabilidades de tener alguna de las plazas a las que me gustaría optar realmente. 

Otra palabra que me define muy bien es obsesivo. Y como gran neurótico, estoy empezado a hacer un plan B, y C, y D, y E... y así hasta un plan Z. Lo hago para no sentirme perdido, aunque haya tantos a mi alrededor que me animan y me dicen que no es necesario que me busque una red a la que caer porque no tendré problemas para conseguir la plaza que quiero. Aprovecho para confesar que este optimismo a veces me abruma, y confío en que no sea el único al que le pasa. Amigos y familiares están acostumbrados a que "el médico del grupo" o "de la familia" sea alguien que puede con los retos académicos con una eficacia que para ellos es sorprendente, así que las frases de ánimo nunca faltan. "No te preocupes, que tú lo sacarás", oigo venir de muchos. Pero lamentablemente, eso no lo sabe nadie. ¿Y si tengo un mal día? ¿Y si estoy estudiando incorrectamente y ya he perdido mucho tiempo? No son preguntas que me vayan a hacer tirar la toalla, pero son cuestiones que están ahí, en la realidad, ineludibles, quiera yo o no, quieran esos optimistas y bienintencionados conocidos o no. 

Uno nunca sabe, y son muchos los opositores y pocas las plazas. Yo estoy haciendo lo que buenamente puedo, y aspiro a poder elegir con la libertad de un buen número de orden. Pero si eso no pasa, me niego a sentirme mal y, lo que es más, me niego a no saber qué hacer. Por eso hago plan B. Y plan Z.

martes, 24 de septiembre de 2013

Compañía


Entre sesión y sesión de estudio, a un estudiante MIR le da tiempo de pensar un poquito en sus cosas. A mí, que soy el estudiante MIR menos serio que puede haber parido madre, pues más. Y a la vista de una serie de acontecimientos inesperados en mi vida, que incluyen el amor por una persona que en muy poco tiempo se ha ido demostrando como uno de los mejores elementos que podían haber entrado en mi vida, me he tenido que sentar a plantearme una serie de cosas.

Obviamente, planear a largo plazo es una empresa arriesgada, pero hay cosas que creo que uno debe tener un poco claras, ya no solo porque se encuentra al borde de un cambio importante en su vida, sino porque, aunque hoy en día parezca que lo normal —y lo que es peor, lo esperable— es ser adolescente hasta los 30 años, uno ya tiene una edad en la que en otros tiempos uno ya era un adulto hecho y derecho, y no era nada raro estar casado y con hijos. Obviamente, la vida del médico español, que incluye tener que pasar por este desagradable trance que es el MIR y toda la preparación que uno tiene que hacer, probablemente exige, más que la de otras personas, dejar bastante más tiempo para uno mismo antes de pensar en lo que pueda pasar en el futuro.

Pero hay conversaciones que salen de la nada que te hacen sentarte y mirar al mundo. Sin querer entrar en detalles que no interesan realmente, vengo de una familia donde las cosas nunca han funcionado del todo bien. No obstante, desde que yo era pequeño, siempre planeaba mi vida de una forma curiosa, sobre todo para un varón: yo quería ser padre. Cuando las cosas en casa empezaron a desestructurarse, perdí la fe en la paternidad. No por nada, sino porque temía poder dañar de alguna manera a mis hijos incluso en mis intentos de evitarles el daño. Pero como digo, hay conversaciones que no son buscadas, sino que salen de la nada, en las que te paras y dices. ¿Y si fuera posible? No digo mañana, ni pasado mañana, ni el año que viene, pero, ¿y si algún día todo está bien puesto y ordenado para recuperar ese objetivo vital?

En alardes de cinismo y pesimismo, siempre decía: "Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido la nota de un examen". Y lo decía porque había perdido la fe en el amor, y en un futuro que no fuera estar solo y dedicarme compulsivamente al trabajo para poder ocupar unos días que se me antojaban solitarios y sin esperanzas de tener compañía. Ahora me alegro de ni siquiera poder decir eso.

Y al hilo de la compañía, este consumidor empedernido de musicales de Broadway se puso a revisitar una obra maestra del gran Stephen Sondheim, Company. Es un musical compuesto de las cosas que se le vienen a la cabeza a Robert, un soltero de 35 años, mientras sus mejores amigos, cinco parejas casadas, le felicitan en una fiesta sorpresa. Es todo un viaje por las dudas normales de cualquier persona sobre las relaciones amorosas y la amistad, sobre el significado de la soledad, del amor, del matrimonio, del deseo que todos tenemos: el de no estar solos, el de contar con compañía.

And that's what it's all about, isn't it?
That's what it's really about!
Company!
Lots of company!
Life is company!
Love is company!

Y el caso es que yo me he puesto a pensar. ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? ¿Ambiciono tener una carrera profesional brillante de la que pueda presumir el día de mañana o prefiero presumir de otros logros? El día de mañana, ¿quiero ser un médico con familia o un padre de familia que trabaja de médico?

Y como opositor MIR que seré desde que presente la instancia mañana o pasado, a la hora de elegir mi futuro profesional como especialista en alguna de las ramas de la Medicina, ésa es una cosa importante que tendré que ponderar. Porque no es lo mismo dedicarte a una cosa que la otra. Y no en todas es posible tener compañía.

Y lanzo unas preguntas al aire: ¿Es la vida del médico necesariamente la que vemos en las películas, alejada de su familia? ¿Está el médico condenado a una pareja, cuando poco, sanitaria, que entienda las exigencias de su profesión? Adelanto mi respuesta. Y creo que no. Que la elección es de cada uno. Y que elegir no convierte a nadie en mejor ni peor.