lunes, 19 de agosto de 2013

La madre de los autoengaños


Ayer tuve a bien, como domingo que era, naveguar con total libertad por Internet. Mentiría si dijera que me corto en hacerlo entresemana, incluso cuando se me supone absorto al cien por ciento en el estudio preparatorio para el MIR de enero, pero cierto es que el domingo ese periplo internáutico es más relajado y, en virtud de esto, más amplio. También contribuyó a tal relajación el hecho de que el último simulacro ha supuesto una gran mejoría, no solo en netas, sino en percentil. Es un simulacro que he hecho más tranquilo, pensando, sin tantas prisas (excepto al final, porque ya estaba cansado), y se ha notado. ¡Y eso que lo encontré más difícil!

El asunto es que, en mi odisea por los metafóricos mares de la red de redes, cometí el craso error de ver en Twitter el enlace a una publicación que hablaba de los 10 autoengaños más comunes del estudiante MIR. Insisto en lo craso de mi error, porque me llevó a comerme la cabeza durante horas, a ponerme de mal humor, a entrar en una vorágine catastrofista con un único destino posible: la lesión de la autoestima.

No los cumplo todos, no se asusten, tampoco soy tan cafre. Pero puede que haya alguien por ahí que sí. Y con lo siguiente no quiero fomentar la irresponsabilidad, mucho menos inducir al engaño absurdo para que el confiado de turno que me haga caso empeore sus previsiones para enero. Pero oye: ¡Ole tú! ¡Ole tú!

Sí, el MIR es difícil. Es una competición. Somos miles y miles de médicos buscando rascar las más mínimas diferencias en la puntuación neta final para poder tener una plaza soñada. Pero también es verdad que hay muchísima mitología de por medio. Y le echo la culpa, en parte, a las academias. Sí, ayudan mucho, dan materiales, orientan, te dan los simulacros, pero también tienen una gran manía: te agobian. "¡Cuidado con el percentil!", "¡Esto es una carrera de fondo en la que no todos llegaréis al final!". Yo no termino de verle el asunto didáctico a ese tipo de comentarios, y dirijo mis disculpas a los probablemente bienintencionados profesionales que se dedican a enseñarnos MIRicina a los que tan acostumbramos estamos a la (casi inútil para el MIR) medicina, si les decepciona mi percepción.

Todos los próximos opositores hemos estudiado. Durante mucho tiempo. Somos médicos, y eso significa que hemos tenido que sacar de las mejores notas en la prueba de acceso a la universidad, y que durante el transcurso de seis o más años, nos hemos aprendido enfermedades rarísimas, miles de diagramas de flujo para entender procesos diagnósticos, clasificaciones, criterios... No creo que nadie nos vaya a descubrir la panacea sobre cómo estudiar. Sí sobre cómo enfocar el estudio para el MIR. Eso es innegable, no me malentiendan, pero no sobre estudiar.

Creo que cada uno sabe sus límites, sus capacidades, y sus idiosincrasias. Con esto no quiero disculparme a mí mismo. De hecho, ahora mismo estoy echándome internamente la bronca por haber escrito esta entrada en vez de haber aprovechado algo más la tarde, aún a pesar del dolor de cabeza que no se me quita y el sueño que tengo.