martes, 28 de mayo de 2013

Declaración


Hace ya más de una semana que fue la entrega de orlas de la que fui partícipe. Se reconoció en ese acto el trabajo realizado durante los pasados seis años, y se me dio la bienvenida a la profesión médica. De forma simbólica, es como si ya fuera médico.

Y ahora que una parte de mí, la ideal, lo es; me paro a pensar con el bagaje de estudiante que llevo desde el año 2007 sobre qué significa ser médico. Para empezar he de reconocer que no creo que se termine de conformar la identidad de médico hasta que uno deja la profesión o se muere. Porque aunque prácticamente todas las profesiones necesitan de una actualización periódica, la mía es una de las que más exigen que uno esté al día constantemente. Y no solo que se informe, sino que lo haga de manera crítica. Hay que manejar una cantidad de información muy grande con el objetivo de que nuestros congéneres mantengan la salud o la recuperen si es que la han perdido. Y eso me gusta.

Por otro lado, ser médico significa adquirir un compromiso con la sociedad en la que uno está inmerso. De una manera u otra, uno se consagra a servir a la comunidad, a velar por la salvaguarda de su salud en todas las esferas y su dignidad.

Ser médico es más que haber estado seis años leyendo libros enormes, engullendo apuntes sin parar, contando créditos para conseguir becas o pagando matrículas ingentes. Ser médico requiere que uno trabaje día a día en el ser la persona en que confíen los que acudan a él, acostumbrarse a acompañar al enfermo y no solo a cumplir unas expectativas desde la gestión, o a conseguir objetivos de tratamiento. Significa meterse en el meollo de la vida y la muerte, y mancharse las manos, y llevarse palos junto al enfermo.

Ese día leímos entre todos y prometimos lo que consta en la Declaración de Ginebra. Y créanme que me emocioné. Quizás es que soy joven y lleno de alegría, quizás soy demasiado optimista, quizás soy idiota. Pero me da igual, porque para mí esa declaración está llena del espíritu que debe tener cualquier médico.

Prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad,
Otorgar a mis maestros el respeto y gratitud que merecen,
Ejercer mi profesión a conciencia y dignamente,
Velar ante todo por la salud de mi paciente,
Guardar y respetar los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente,
Mantener incólume, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica,
Considerar como hermanos y hermanas a mis colegas,
No permitiré que consideraciones de afiliación política, clase social, credo, edad, enfermedad o incapacidad, nacionalidad, origen étnico, raza, sexo o tendencia sexual se interpongan entre mis deberes y mi paciente,
Velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, incluso bajo amenaza, y no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas,
Hago estas promesas solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario