miércoles, 17 de abril de 2013

Tomar decisiones con la cabeza fría


Esto es lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo: sentarme sin presiones, olvidando lo que me dicen, lo que se espera de mí, los deseos de los demás. La claridad vino inesperadamente. Llamé a mi tía entre nervios por nuevos datos que me hacían vacilar sobre la idea de irme, pero al oírla decir "tú tienes que hacer lo que a ti te haga sentir mejor", todo se disipó. Reconozco la idea absurda y sobrevalorada de que decepcionar a una de las mujeres que más admiro en el mundo —o la que más— me podía mucho. Y me fui creciendo, pero no con ira o con orgullo, me crecí en tranquilidad. 

Reafirmé lo que sé desde hace muchísimo tiempo: sé que hay motivos para irse, pero me pueden más los motivos para quedarse. No solo eso, concedí a los pros del quedarme el puesto que merecen. No son excusas, son razones. No todo el mundo tiene que compartirlas, a fin de cuentas, eso es lo que hacen de estas decisiones un tema personal, pero están ahí. Y analizando fríamente, con ayuda de los consejos de muchos amigos, me he dado cuenta de que las cosas no son en blanco y negro estrictos, que hay una gama de grises entremedio, y muchos colores más. Por supuesto que irme tiene sus ventajas, pero quedarme también las tiene.

He tenido que reconocer que me gusta tomar riesgos modestos, que aunque sí quiero independizarme, cambiar de aires y obligarme a sacarme las castañas del fuego, esto no pasa por hacer un cambio tan radical. Que España va mal, ciertamente, pero que aún no ha llegado el apocalipsis total, y que Alemania no es precisamente la Tierra Prometida. Aquí tengo acceso mucho más fácil a intentar acariciar mis ambiciones.

Igual que si me fuera, tendría tiempo para volverme si no me gusta, pasa al revés. Puedo quedarme, y si la experiencia no es la que yo pensaba, intentar irme. El tiempo es oro, sí, y precisamente por eso, pase lo que pase, y en todo contexto, es mejor cortar por lo sano en cuanto uno se da cuenta de que las cosas van mal que darle infinitas oportunidades. Hacer lo contrario sería maltratarse a sí mismo. Y esto es lo que he hecho. Concederme la palabra a mí mismo, cortar con la autocrítica destructiva.

He de agradecer enormemente, porque para mí este proceso de decisión ha sido muy sufrido, muy arduo y muy emocional, a los amigos que han estado ahí. A Seishi, que entre bobería y bobería de las nuestras me ha hecho recordar que tengo mucho de lo que enorgullecerme, gracias. A Mar, que me ha hecho coger la balanza con las manos y entender que las emociones y las expectativas propias son tan válidas como los criterios puramente técnicos, gracias. A Jomeini, que con una frase me enseñó que la superstición y el terror al futuro incierto no es más que eso, gracias. A Miss Cotufa, que incluso entendiendo perfectamente mi ansiedad me ha recordado cómo encajar los elogios con un sencillo "muchas gracias", muchas gracias. A mi familia, por pensar en lo mejor para mí. A todos los amigos y compañeros que han escuchado mis peroratas, a los profesores y resis del hospital que han vertido un poco de su experiencia sobre mí, a ustedes, los lectores del blog, ¡gracias!

Aquí me quedo, viendo los aviones irse. Aquí me quedo, echándole narices al MIR. Aquí me quedo, y ya veremos qué pasa, o quizás, ¿ya MIRaremos?

4 comentarios:

  1. ¡¡Allá vamos!! ¡Al apocaliiiiiiiiiipsis! Es broma xD me alegro de que seas feliz con tu decisión y, entre mi propia confusión, haber aportado también algo :)

    hey ho, let's go!

    ResponderEliminar
  2. Me alegro. Las decisiones hay que tomarlas así, que le hagan feliz a uno. Mucha suerte, ahora.

    ResponderEliminar
  3. @Mar: Jajajajaja. ¡Sí que lo has hecho! ¡A por ello!

    @Jomeini: ¡Muchas gracias!

    ResponderEliminar
  4. Me alegra que hayas llegado a esta decisión por las razones adecuadas: las tuyas ;)

    Muuuuuuuucha suerte, aquí estaremos para ayudarte en lo que podamos!

    ResponderEliminar