martes, 30 de abril de 2013

MIRando 2 - Mi primer simulacro


Pues el pasado sábado hice mi primer simulacro. Antes ya me había mirado preguntas MIR, pero la mañana del sábado —aunque estaba programado para por la tarde— me encerré en mi habitación con zumitos y chocolatinas, me puse el reloj, me aislé del mundo y hala. Como si fuera el día M, respondiendo preguntas sin tino.

Esta semana pasada se suponía que me tocaba cardio, y sí, me la miré, pero mis queridos amigos de Medicina Legal y sus interminables seminarios hacen que fuera una empresa bastante complicada la de poder echarle un par de horitas a la semana a leerme el manual con un pizco de fundamento. Así que cuando me puse a responder preguntas de cardiología y me vi en la luna de Valencia, me empecé a sentir un poco avergonzado. La cosa es que ya luego entré en modo zen y me puse a dar cera y pulir cera, y si fallaba, pues fallaba.

Pero luego al corregir, la verdad es que me he llevado una grata sorpresa. Estoy bastante tranquilo con mi resultado, sobre todo teniendo en cuenta que no he estudiado prácticamente nada. Ya me han dicho compañeros que han pasado ya por la academia que cuando empiece a estudiar de verdad ya los simulacros serán un poco más duritos de pelar. Pero de momento, a pesar de que mi fase de contacto esté bastante intervenida por las inclemencias de los horarios de la facultad y la organización de la orla, me quiero centrar sobre todo en los aspectos más instrumentales del examen:

  • Manejo del tiempo: son 5 horas improrrogables, eso dice la hoja de normas del examen. La academia aconseja dividirte conceptualmente en bloques más o menos parejos de preguntas para responderlas en un determinado tiempo y pasarlas a la plantilla de respuestas. En esto, pues normalmente no tengo problemas de tardanza. Más bien al contrario, si tengo problemas es de prisas. Cuando me entusiasmo y cuando me agobio mi reacción es la misma: correr. Y tengo que empezar a controlar eso.
  • Manejo de la duda: esto no es un problema. Soy una persona muy pragmática. ¿Si dudo incluso entre cuatro sale más a cuenta responder? No me da miedo. La estadística es mi amiga... o eso espero.
  • Concentración y atención: si yo hubiera nacido diez años más tarde seguramente ahora mismo estaría a atomoxetinas y metilfenidatos con mi TDAH. Tengo una capacidad de atención relativamente limitada. Como decimos por mis lares, se me va el baifo (= cabritillo), o sea que me despisto mucho. Y me he dado cuenta al corregir las preguntas, porque incluso releyéndolas, las prisas me traicionan y acabo respondiendo lo contrario de que me preguntan.
En fin, no me quejo en absoluto de mi resultado, porque me ha sorprendido muy gratamente. Espero no confiarme demasiado con ello, no obstante, que eso a veces pasa inconscientemente. Y en fin, ahora... Neuro, denme ánimos y el sábado que viene ya veremos.

viernes, 26 de abril de 2013

Y me voy con pena


Hoy ha sido mi último día oficial de prácticas aunque se me olvidara llevar al jefe del servicio la hojita que acredita que he estado ya seis semanas pululando por la planta de Medicina Interna (MI). Entré como muchos de los que estamos haciendo el rotatorio de libre elección, para confirmar o descartar. Y es que las rotaciones clínicas son como una prueba diagnóstica dinámica. Conforme aumenta el tiempo que pasas bajo el ala de una determinada especialidad, tu intuición va perdiendo en sensibilidad (que al principio es máxima por eso de la sorpresa y el amor por lo nuevo) y ganando en especificidad. Esto quiere decir que cuando entras por un servicio para pasar una sola semana, sales diciendo que te ha sorprendido mucho y que te ha gustado más de lo que esperabas —con excepciones, claro—, pero es cuando empiezas a pasar algo más de tiempo que vas afinando hasta qué punto te gusta y qué es lo que te tira para atrás.

Pues creo que lo digo todo. Me voy con pena, con bastante pena, de la planta. Hoy además tuve la oportunidad de estar un pequeño ratito en la consulta externa, lo cual agradecí mucho por tener una perspectiva distinta de la actividad asistencial en MI. Yo temía que el ritmo distinto de trabajo me aburriese o abrumase, pero al contrario, me sorprendí viendo otro tipo de patología y de abordaje. Pero llevo seis semanas (interrumpidas por las cuatro semanas de Urgencias) en la planta, y uno se va acostumbrando al rollo. Y yo, que como bien saben soy un sentimental redomado, lo voy a echar de menos.

Como decía al principio, entraba para confirmar o descartar, y aunque saben que no me gusta dar nada por seguro, fiel a mi "ya veremos"; la MI ha terminado de limar asperezas conmigo. Mi concepción de: "voy a ver siempre lo mismo" se ha ido al garete en estas seis semanas. He visto muchas cosas distintas, casos más sencillos, casos más complicados, y ha sido ese cambio de chip constante el que me ha gustado. Ya la tutora andaba diciendo por ahí que era un próximo fichaje sin encomendarse a Dios ni al diablo, pero, ¿quién sabe? Si las cosas van bien con esto del MIR, a lo mejor y todo y le acabo dando la razón. Ya veremos...

lunes, 22 de abril de 2013

MIRando 1 - Soy alumno AMIR


Lamento decepcionarles si les digo que realmente no me lo pensé mucho. Desde hace mucho tiempo tenía bastante claro que, de quedarme en España, AMIR sería mi primera opción. Después de todo, mi gran amiga Mar hizo sus cálculos, y yo confío en sus capacidades matemáticas, y la verdad es que juntando eso a la metodología que ofrecen, los materiales y demás, la balanza se inclinó sin grandes dificultades hacia esta opción.

Formalizar la matrícula ha sido una especie de funeral de la idea de irme, pero sin tanta connotación negativa. Ha sido lo que debe ser un duelo, un proceso de adaptación. Rápido, y ha hecho real la decisión. Para los que somos tan ratas como yo, a los que haber invertido dinero nos graba a fuego el compromiso que hemos hecho, es lo que nos termina de convencer de que hemos dado un paso.

Y lo mejor de todo es que me siento muy bien y muy cómodo. La academia funciona muy bien y enseguida te tienen colocado, con tu tutor, tu plan de estudios personalizado (especialmente importante sobre todo si te incorporas in medias res como un servidor) y tus treinta emails de bienvenida con confirmaciones de que te han apuntado a no sé cuántas clases por videoconferencia, tutorías telemáticas y demás virguerías de los cursos a distancia. Porque sí, queridos lectores, lo haré a distancia. Escaparé de mi casa cuando llegue el momento y me recluiré en un agradable sótano en los montes de las medianías de Gran Canaria, "a.k.a" el de mi tía, y aunque parezca contradictorio, realmente espero que un matrimonio y tres hijos bastante ruidosos distraigan menos que mi querida abuelita. Y es que la quiero mucho, pero la doña no termina de captar que uno tiene a veces que estudiar.

Y ayer hoy he empezado mi andanza en esta primera fase de acercarse a los manuales con la Cardiología y la Cirugía Cardiovascular. Y es que, como es lógico, dado que tengo solo unas 6 semanas hasta cambiar a la fase de empezar a hincar codos de verdad, mi tutor me ha condensado en lo que queda de esta fase de contacto los manuales más importantes. Preparado estoy para una micro-"panzá" de Cardio, Digestivo, Estadística e Infecciosas... De momento toca leer, escuchar las clases en vídeo y subrayar cositas. Y el sábado mi primer simulacro, ya veremos qué tal se me da...

miércoles, 17 de abril de 2013

Tomar decisiones con la cabeza fría


Esto es lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo: sentarme sin presiones, olvidando lo que me dicen, lo que se espera de mí, los deseos de los demás. La claridad vino inesperadamente. Llamé a mi tía entre nervios por nuevos datos que me hacían vacilar sobre la idea de irme, pero al oírla decir "tú tienes que hacer lo que a ti te haga sentir mejor", todo se disipó. Reconozco la idea absurda y sobrevalorada de que decepcionar a una de las mujeres que más admiro en el mundo —o la que más— me podía mucho. Y me fui creciendo, pero no con ira o con orgullo, me crecí en tranquilidad. 

Reafirmé lo que sé desde hace muchísimo tiempo: sé que hay motivos para irse, pero me pueden más los motivos para quedarse. No solo eso, concedí a los pros del quedarme el puesto que merecen. No son excusas, son razones. No todo el mundo tiene que compartirlas, a fin de cuentas, eso es lo que hacen de estas decisiones un tema personal, pero están ahí. Y analizando fríamente, con ayuda de los consejos de muchos amigos, me he dado cuenta de que las cosas no son en blanco y negro estrictos, que hay una gama de grises entremedio, y muchos colores más. Por supuesto que irme tiene sus ventajas, pero quedarme también las tiene.

He tenido que reconocer que me gusta tomar riesgos modestos, que aunque sí quiero independizarme, cambiar de aires y obligarme a sacarme las castañas del fuego, esto no pasa por hacer un cambio tan radical. Que España va mal, ciertamente, pero que aún no ha llegado el apocalipsis total, y que Alemania no es precisamente la Tierra Prometida. Aquí tengo acceso mucho más fácil a intentar acariciar mis ambiciones.

Igual que si me fuera, tendría tiempo para volverme si no me gusta, pasa al revés. Puedo quedarme, y si la experiencia no es la que yo pensaba, intentar irme. El tiempo es oro, sí, y precisamente por eso, pase lo que pase, y en todo contexto, es mejor cortar por lo sano en cuanto uno se da cuenta de que las cosas van mal que darle infinitas oportunidades. Hacer lo contrario sería maltratarse a sí mismo. Y esto es lo que he hecho. Concederme la palabra a mí mismo, cortar con la autocrítica destructiva.

He de agradecer enormemente, porque para mí este proceso de decisión ha sido muy sufrido, muy arduo y muy emocional, a los amigos que han estado ahí. A Seishi, que entre bobería y bobería de las nuestras me ha hecho recordar que tengo mucho de lo que enorgullecerme, gracias. A Mar, que me ha hecho coger la balanza con las manos y entender que las emociones y las expectativas propias son tan válidas como los criterios puramente técnicos, gracias. A Jomeini, que con una frase me enseñó que la superstición y el terror al futuro incierto no es más que eso, gracias. A Miss Cotufa, que incluso entendiendo perfectamente mi ansiedad me ha recordado cómo encajar los elogios con un sencillo "muchas gracias", muchas gracias. A mi familia, por pensar en lo mejor para mí. A todos los amigos y compañeros que han escuchado mis peroratas, a los profesores y resis del hospital que han vertido un poco de su experiencia sobre mí, a ustedes, los lectores del blog, ¡gracias!

Aquí me quedo, viendo los aviones irse. Aquí me quedo, echándole narices al MIR. Aquí me quedo, y ya veremos qué pasa, o quizás, ¿ya MIRaremos?