viernes, 8 de marzo de 2013

Ingeniero de caminos, canales y puertos


No sé cómo está la cosa en el resto de España, pero aquí en Las Palmas, los medicoblastos aprendemos más bien poco de técnicas de la clínica del día a día como, por ejemplo, canalizar vías venosas, poner intramusculares, hacer sondajes vesicales... Dado que es el personal de enfermería el que se encarga habitualmente de este tipo de operaciones, se da por hecho que nosotros no lo necesitamos en nuestra formación.

Creo que no cabe ninguna duda de lo absurdo que es este planteamiento. Primero porque en 6 años da tiempo a hacer un hueco a saber cómo se hacen estas cosas, en segundo lugar porque por mucho que los enfermeros sepan hacerlo es absurdo que, por ejemplo, sepamos qué tratamiento debemos ponerle a alguien y contemos con todas las herramientas pero, si no hay un enfermero cerca, nos veamos limitados a quedarnos mirando, y tercero porque da a entender una jerarquización demasiado rígida del trabajo que no me gusta nada. Creo imprescindible para el trabajo en equipo un conocimiento de las habilidades de todos por muy especializado que se esté en una actividad específica, para permitir la flexibilidad de ese mismo equipo y el mejor entendimiento mutuo.

Y es un problema mayor todavía si te vas a ir de España a sitios donde este tipo de cosas no recaen en la enfermería, sino en el personal médico. Allí se espera de un médico titulado que sepa llevar a cabo una serie de técnicas porque no habrá enfermero alguno cerca que le saque a uno del apuro.

Por eso, cuando me preguntaron hoy si me atrevía a pasarle una vía a un paciente me lancé p'alante, algo más confiado que de costumbre por haber puesto ayer exitosamente mi primera intramuscular a mi querida abuela, que milagrosamente no se quejó con lo exagerada que es. Cuando la enfermera y su estudiante me dijeron que lo más importante para aprender a poner vías con pacientes de verdad es ir con pinta de saber lo que haces, yo me puse la máscara de enterado de la caja de cambios que tan fácilmente me sale aunque rezaba internamente por no dejarle al señor el brazo hecho un colador.

Y allí fui, abrigado por mi compañera estudiante de medicina, el estudiante de enfermería, y la enfermera. Y hala, me pongo los condenados guantes y me pongo manos a la obra. "Estás un poco muy superficial", me dice la enfermera mientras el paciente se queja y a mí la máscara empieza a resquebrajárseme, y decido ir más profundamente: una gotita de sangre que enseguida se queda quieta cumple mis ominosas expectativas - le he hecho a la vena un estocazo digno de Jesulín de Ubrique, pero la anciana esposa de mi paciente no parecía tener, por su mirada de desconfianza, intención de tirarme amorosamente sus bragas precisamente (lo cual agradezco) y la vena de marras ya no me vale porque se va a extravasar todo. Más doloroso fue ver que al retirarla un poco quedaba perfectamente alojada en la luz del vaso y refluía con tranquilidad, tanta que hasta pena me dio tener que abandonarla una vez puesta. 

Subo por el antebrazo: un tramo recto, gordito y bueno vaticina que el segundo intento probablemente vaya mejor. De nuevo voy a la carga. Y la vena está ahí: la veo, la palpo, la fijo, y está ahí, pero la aguja parece desaparecer en un vórtice interdimensional y por mucho que busco, no encuentro el tacto propio de estar dentro de la vena, y no refluye nada, aunque si sigo intentándolo probablemente empiecen a salir cilindros de grasa subcutánea por ahí. Decido darme por vencido y miro a la enfermera con cara de perro apaleado, el último cachito de la máscara de seguridad colgando patéticamente de un pelo despeinado de la barba.

Nada, sigue tú, porque hoy no es mi día y el señor me va a querer matar... —le digo, reconociendo mi derrota. Aunque sé que Roma no se construyó en un día, el haber tenido que ponerme la cara de confianza me hizo creerme que sería una buena primera vez. Pero ya se sabe, en esto de meter cosas, la primera vez siempre es un desastre. Y digan lo que digan sobre las películas, de la segunda intentona solo puedo decir que ya veremos.

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