sábado, 16 de marzo de 2013

Caminos interiores


He comentado ya que una de las claves para mantener la cabeza en orden es tener cierto grado de introspección, saber mirar hacia el interior de nuestra mente y tratar de organizar las ideas y las emociones, cada una en su lugar. Esto suele ser muy útil para conseguir la perspectiva que muchas veces se hace necesaria a la hora de elaborar un plan, ya sea a corto plazo o un plan vital.

Últimamente —ya se habrán dado cuenta—, dado que estamos ya a mediados de marzo y se va acercando progresivamente el momento en el que termine la carrera, estoy dándole muchas vueltas a esto de qué hacer con mi futuro. Y me he dado cuenta de varias cosas que me causan un soberano dolor de cabeza al respecto. Una es lo que comenté en mi anterior entrada, la presencia de ese yo ideal que se ha fosilizado en mi cabeza y que probablemente deba dejar paso a que se lo compare al mismo nivel con otros yoes posibles. 

Y la otra es una revelación que acabo de tener caminando por ese camino de la introspección: hay determinadas personas en mi vida que son figuras de autoridad, figuras a las que les tengo mucho respeto, y frente a cuyo rechazo tengo terror. Esto es cosa de mi personalidad: aunque no me importa lo que me diga todo el mundo, hay ciertas personas por las que siento especial admiración y cuya opinión se convierte en algo de lo que dependo a veces demasiado. Y me he dado cuenta de que sobre todo hay una persona que siempre me ha animado a irme, y me da terror pensar que la decepciono. Y probablemente deba hablar con esa persona de forma seria, preguntarle si realmente son ciertos mis temores, y después valorar a solas si es lógico que esa opinión deba pesarme tanto.

Esto es un ejemplo, pero este tipo de paseos por los caminos interiores son algo muy útil para todo el mundo. No todos tenemos la misma personalidad, menos aún las mismas experiencias, y por eso es difícil proponer objetivos a los demás a no ser que uno se tome el tiempo y el esfuerzo de conocer todas esas circunstancias y entender la psicología de nuestro interlocutor. Más aún, creo que es aún mejor que eso, dar a conocer que existen formas de ser uno mismo el que encuentre qué objetivos son los que debe cumplir, ya sea a largo o a corto plazo, y cómo podrá acercarse a la tranquilidad y la felicidad.

En fin, aquí sigo dándole vueltas a la cabeza, pero con algunos hitos del camino marcados en el mapa, que siempre es bueno. Si alguno de los que están leyendo tienen algo que les reconcome, espero que se animen a caminar un poco por esos senderos de la propia mente para conocer su propio paisaje y encontrar las herramientas necesarias para continuar en esta vida real que a veces parece complicada —y suele no serlo tanto.


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