miércoles, 30 de enero de 2013

Aventuras en Primaria 7 - Negación


Lleva tres meses tosiendo sangre, sin hambre ni fuerzas para nada, perdiendo peso y con dolores que van a más en el hombro y el brazo y fue al médico sin que nadie lo supiera. Formó su propia conspiración de silencio. Para proteger a los suyos, dice. Fue a Urgencias de tapadillo, nos pedía que mantuviéramos el secreto.

Hoy viene con su hijo. El informe de la broncoscopia lo dice claro. Cáncer microcítico de pulmón. Y no se puede operar, solo la quimioterapia puede intentar parar su avance. Aún así, pregunta:

Entonces, ¿tengo cáncer?

Su hijo, nervioso, le recrimina la pregunta. Ya se lo han dicho dos médicos, el que le hizo la prueba y el de las urgencias. Pero el confía en su médico de cabecera, o es quizás que aún no quiere creérselo. Kübler-Ross hablaba de la negación como el primer paso en el duelo. Y aún así él vino solo desde el principio, no quería preocupar a nadie. Y aún así el preguntó muchas veces si lo que tenía podía ser malo. En el fondo, siempre lo supo. Y ahora queda luchar.


lunes, 28 de enero de 2013

Aventuras en Primaria 6 - Gradiente norte-sur


Con la situación socio-económica en la que estamos, se ha oído hablar últimamente del gradiente norte-sur que existe con respecto a la deuda, el paro y otros asuntos en Europa. En el centro de salud en el que estoy haciendo las prácticas y al que he vuelto hoy parece darse también una circunstancia parecida. 

El centro tiene dos lados, y las consultas son muy distintas según en qué lado estén. Cuando estoy en las de la mitad sur, las que dan a la calle, entra más luz, los sonidos que llegan son el zumbido no muy estridente de los coches y los vecinos ocasionalmente saludándose entre sí, uno se siente más despierto y dispuesto a ser activo. La mesa está situada perpendicularmente a la puerta, y si uno no se levanta es complicado ver la sala de espera, aunque sí se ven a los más cercanos. Cuando cambio a la cara norte, las ventanas dan al patio entre los dos edificios adyacentes: se oyen toses sueltas, palomas y poca cosa más; la luz entra con mayor dificultad, y la mesa mira directamente a la puerta como una barrera entre quienes están fuera y quien está dentro.

Incluso los médicos son distintos. Al sur parecen más animados, más dispuestos a hablar con sus pacientes, más abiertos, pero al norte están desencantados de su profesión, despachan de forma mecánica y fría, desconfían de las intenciones reales de los pacientes y no se atreven a contestar ni el más trivial de los comentarios que no corresponda a la necesidad asistencial. Los de un lado guardan obsequios de sus pacientes: pinturas, pequeños cuadros en vidrio tintado, cartas. Los del otro mantienen paredes desnudas, estanterías vacías.

¿Casualidad o no? ¿Fue antes el huevo o la gallina, el carácter o el entorno? ¿Existe realmente una diferencia entre un sitio y el otro o soy yo con mi intenso detallismo y mi prolífica imaginación? Y la pregunta que más me ronda la cabeza cuando cambio y noto el contraste: ¿Lo notan los pacientes? ¿Les afecta?

Les dejo con la canción que me ha acompañado escribiendo esta entrada: This Crowded Room de Freedom or Death.

martes, 15 de enero de 2013

Especialidades que nunca pensé que me gustaran


El MIR está a la vuelta de la esquina para los compañeros que terminaron el curso pasado, y cada día toca más de cerca, porque por esto de la cercanía generacional, tienes amigos cada vez más cercanos examinándose. Y empieza uno a imaginarse por dónde irán los tiros una vez hayan sacado un número de plaza. De algunos uno tiene claras sus intenciones, y de otros las aventura. Sea como sea, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida; y de pronto, el tipo callado y aburrido del fondo se hace pediatra, o la que respondía todo en psicología y psiquiatría con auténtico amor acaba de traumatóloga. A fin de cuentas, ¿quién dijo que la gente cabe en compartimentos estancos?

Y eso me ha hecho pensar en que hay determinadas especialidades que, al entrar en la carrera, ni se me pasaban por la cabeza, incluso justo antes de comenzar a tener contacto directo (en clases y prácticas) con ellas, y es interesante que te sorprendan. Es más, aquellas que me han sorprendido gratamente me hacen sacar una sonrisa más frecuentemente que aquellas que siempre me han gustado. La confianza da asco, ya se sabe; y las ideas que no son nuevas, aunque son cómodas, suponen poca sorpresa.

Dándole vueltas a la cabeza, me han venido a la memoria gratas sorpresas que me llevé de algunas especialidades que no me planteaba y que, aunque no sé si me dará el arrebato y tiraré por ellas, serán siempre agradables de estudiar y revisitar.
  • Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (ya no me atrevo a provocar la ira de Jomeini): Cuando entré en la carrera, la publicidad para los aspirantes a estudiantes de medicina era que faltaban anestesistas. Y la verdad es que a mí plin, yo dormía en Pikolín, y a mí eso de estar sentado oyendo los "pipipi" de una máquina como que no. Claro, que yo no me esperaba que aquello tuviera tanto meollo. Que si farma parriba y pabajo, que si una purriá de fisiología, que si de todo un poquitillo, que si el pre- el intra- y el posoperatorio, que si reanimación... y no hablemos ya de mi fascinación personal por el estudio del dolor. Sí, soy un friki total de eso, y es ver una escalera y entrar en trance. Exageraciones aparte, si hay una que me ha sorprendente y que practicó un total hachazo a los prejuicios con los que entré, es esta disciplina.
  • Cirugía General: Lo reconozco. Yo, que siempre he sido "de médicas" hasta la muerte, tengo cierta debilidad por los omentos, las asas intestinales, los plastrones, los "baipases" gástricos, los hígados y toda la vaina. No me pregunten por qué, quizás sea porque por quirúrgica que sea tiene mucho de "médico" (el diferencial del abdomen agudo y estas cosas tan bonitas de estudiar); pero mis viajes al País de las Maravillas han sido casi siempre interesantes y me han dejado, en general, un buen sabor de boca.
  • Otorrinolaringología: ¿Qué sé yo? Si hay una sorpresa inexplicable para mí, es la que me dio la ORL. Yo entré por allí a sabiendas de qué cosas había por el patio, y al ver cómo estaba, incluso sin ser distinto de lo que yo pensaba, me entusiasmó enormemente. Tiene que ver seguramente que caí en manos de un otorrino muy amante de lo suyo, con mucho afán por explicar, y que sabía exprimirle lo bonito a todo lo que comentaba. Y es ahora, y las tantas y tantas otoscopias rutinarias que hago en la consulta de atención primaria me resultan menos pesadas y más interesantes de lo que yo pensaba que serían antes de pasar por aquellos lares hospitalarios.
  • Hematología y Hemoterapia: Mi gusto por esto de la sangre tiene historia, y no, no es por eso de que juegue a juegos de rol de vampiros. Tiene más que ver con mi orgullo. Resulta que en un examen de Patología General entraba, en principio, el temario de hematología, y como para ese parcial tenía tiempo, bien que me la estudié, con toda su patogenia, su fisiopatología y demás detalles que explica maravillosamente mi admiradísimo Dr. Pérez Arellano. Pues no cayó, y de la rabia que me dio, se quedaron grabados los anchos de distribución eritrocitarios, los índices reticulocitarios y las leucemias mieloides. Así, cuando llegó la asignatura de "Hemato" per se y las prácticas, quizás por el orgullo herido y el conocimiento que había adquirido y había sido negligido, me sentí cómodamente repasando. Y así, una asignatura que para otros es un purazo, para mí fue cómoda y me permitió encontrarle lo bonito y lo atractivo. Y ahora veo un frotis de sangre periférica y no puedo negar que me entusiasma.
  • Oncología Radioterápica: Solo puedo decir que ésta es otra que le pegó un buen hachazo a los prejuicios. Otro mundo completamente a lo que yo me hacía en mente, y un mundo tan, tan, tan interesante, sobre todo en contraste con la cara de aburrimiento que yo ponía antes de entrar en aquel servicio; que pegó un saltazo en mi lista de favoritas.
  • Anatomía Patológica: Esto es un guilty pleasure de los buenos. Me la estudié de mala gana, con prisas, y acabé con un sobresaliente. No sé cómo demonios lo hice, pero se ve que mi mente grabó a fuego todo aquello y hoy en día aún me acuerdo de muchas cosas. Y no solo eso, sino que he descubierto que me gusta: me resulta todo tan lógico, que no puedo sino disfrutarlo.
  • Microbiología: El otro guilty pleasure, y eso que me costó dos años sacármela. Pero me gusta. No me metería en el laboratorio, me faltaría luz de día y contacto con pacientes, las cosas como son, pero me gusta. Y de vez en cuando, cuando nadie me ve, me releo los determinantes de patogenicidad de este y el otro bichito.
Otras especialidades realmente no me han sorprendido, y oye, me gustan incluso más que éstas (Medicina Familiar y Comunitaria, Medicina Interna, Medicina Intensiva, Psiquiatría); pero lo que me ha llamado la atención al echar la vista atrás es precisamente la cara de tonto que se me quedó cuando salía de las prácticas diciendo: "Oye, pues esto me está gustando más de lo que pensaba."