miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz NaviMIR


Pues desde debajo de apuntes y manuales, quiero desearles a todos los que leen este blog una muy feliz Navidad. Deseo a todos muchísima felicidad para ellos y los suyos, no solo en estas fiestas, sino en general en todos los aspectos de su vida y en todos los momentos. Especialmente quisiera felicitar a todos aquellos que están solos en estas fiestas, a quienes han perdido a un ser querido recientemente, a quienes trabajan en estas noches que son tan familiares para asegurar el bien común (no solo sanitarios sino todos aquellos que estuvieron anoche en pie de guerra y lo estarán el 31 y el 5). 

También quiero dar especiales ánimos a mis compañeros que están preparándose el MIR como yo y todos los que se presentarán a exámenes de acceso a la formación sanitaria especializada. ¡Ánimo! Esto es duro, más de lo que pensábamos, pero cuando terminemos veremos que es menos de lo que nos parece ahora y, sobre todo, que vale la pena. Que no nos agríen el humor los percentiles, las netas y las preguntas hechas a mala idea. Empezamos en este camino porque queríamos, porque nos gustaba, nos convencimos, y aquí estamos. A todos los que pensaron en irse de este país, como yo, y decidieron que pesaban más otras cosas y que valía la pena darle una oportunidad a este país (España, camisa blanca de mi esperanza); claro que ahora dan ganas de haberse ido: estamos cansados, vemos a todo el mundo disfrutar de tiempo libre o trabajar sin tener que pasar por todo esto, y nuestro desgobierno no parece ayudar especialmente a que nos anime la idea de quedarnos. Pero queda poco, y salga como salga, al menos podremos descansar. Y en la mayoría de los casos, seguramente valdrá la pena todo este esfuerzo.

El año va acercándose a su fin y parece un buen momento para echar la vista atrás. No quiero ahora caer en el cliché anual de ir haciendo un listado (eso lo dejo para Año Nuevo, jajaja), pero hay cosas en este 2013 que va tocando a su fin que me han marcado especialmente. Es el año en el que me licencié. Aunque parezca una tontería, ver un reconocimiento a seis años de esfuerzo siempre es reconfortante. También es el año en el que me he preparado el MIR, pero de eso ya he hablado. Y es el año en el que he encontrado una ilusión enorme que es mi faro marcando el camino en las noches más neblinosas y tormentosas de este viaje en barco, con subidas y bajadas, que es la preparación para examinarte el 1 de febrero con otras 12.000 personas; mi sol sostenido. 

Por supuesto que hay muchas cosas más, pero lo que quiero hoy es dar gracias. Gracias al mundo por darme esta vida mía. Gracias por enseñarme a ser consciente de las adversidades desde tan pequeño para ser aún más consciente de las cosas buenas. Gracias por enseñarme a apartar las malas cosas de mí. Gracias por darme tantas cosas preciosas y fascinantes para aprender y crecer, gracias por dejarme disfrutar de la maravillosa complejidad de este mundo, gracias por mostrarme el camino hacia gente que admiro, hacia compañeros, amigos, el amor. Gracias por mi familia, aquella que quiero de verdad, que es aquella que elijo yo y no elige solo la sangre. Gracias porque este mundo es absolutamente maravilloso, y las cosas malas no hacen sino darle muchísimo más valor a las buenas, y ganar ellas en valor al ser una fuente de aprendizaje.

A todos ustedes que se toman la molestia de curiosear qué tengo que decir, muchísimas gracias, espero seguir aportando al menos un poquito de distracción temporal.

A todo, a todos:
Gracias. 
Feliz Navidad.

martes, 17 de diciembre de 2013

MIRando, MIRando... te vi


Dicen que la época del MIR es mala para las parejas. Que aquellas que llegan estables a él acaban por desmoronarse bajo la presión, los cambios de humor, y las exigencias. No hablemos ya de cuando son dos opositores, cuyos resultados en los simulacros y expectativas de futuro pierden el anonimato de las aplicaciones informáticas y tienen cara donde proyectar todas sus frustraciones. Aquellas entre un médico y alguien que no lo es parecen también sufrir por la incomprensión del ajeno a este gremio, que no entiende por qué un examen que no deja de ser lo que le llevan enseñando durante seis años causa tantos estragos en el día a día, la arquitectura del sueño y el flujo emocional de su amado galeno recién licenciado (o repetidor, ¿quién sabe?). 

Dicen los de las academias que mientras se estudia no es el momento para hacer grandes cambios. Mudarse, tener un hijo o, para el caso que me ocupa, iniciar una nueva relación de pareja es una mala idea. Como si fueran puntos en un juego, este tipo de privilegios parece que han de comprarse con netas.

Yo digo que todo eso me da exactamente igual. Yo digo que yo empecé a estudiar el MIR de verdad el 24 de junio de 2013, y ya estaba hablando con el hombre más maravilloso del mundo. Yo digo que cada pregunta de exámenes anteriores que me miraba tenía ya más luminosidad desde que sabía que al final del día podría hablar con este chico de tan lejos y que yo sentía (y siento) tan cerca. Yo digo que la traumatología, la hematología y la oftalmología me las aprendí con la ilusión de ver algo crecer de la nada. Yo digo que el 4 de julio fue uno de mis mejores cumpleaños. Y digo que el 15 de julio ha sido el punto de partida oficial de lo que se ha convertido en el motor y el combustible para mi estudio y para, simplemente, levantarme cada día con energía suficiente. Ahora tengo un futuro. Ahora tengo un objetivo. Ahora tengo ganas de vivir de verdad.

¿De qué serviría si no, esforzarme para intentar conseguir la mejor plaza que pueda alcanzar, si no es para tener la comodidad de estar a tu lado? Y lo mejor es que has hecho, cariño, que aunque los simulacros, los seminarios y los manuales me agobien, que aunque en mi casa se desate día tras día una tormenta por la extraña vida familiar que me ha tocado tener alrededor, y todo eso a veces me llegue al corazón, me ciegue y parezca eclipsar por un momento la luz que hay en mi vida; tienes tanta fuerza, mi sol sostenido, que enseguida destrozas todo muro que haya delante de ti y vuelves a bañarlo todo. Una sonrisa, una palabra, una canción aunque sea tarareada, una carta por sorpresa en una sartén... cualquiera basta para iluminarme otra vez.

Has sido, estás siendo, y sé que serás mi compañero de viaje durante esta etapa que termina, y durante la que comienza. Estoy convencido, y me da igual sonar pretencioso, de que seguirás siéndolo durante el resto del camino. Y es que sin ti el camino estaría tan oscuro...

No temas, compañero, mi amor. No temas cuando parezca que las cosas tiemblan, cuando veas que estoy a punto de derrumbarme. Siempre he sido más fuerte de lo que me creo, tú me lo has hecho saber, tú lo has visto mejor incluso que yo. Y si además te tengo a ti, no hay nadie que me tire al suelo. No habrá nadie, ni nada, que nos derrumbe.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

Y recuerda:

martes, 10 de diciembre de 2013

¡No sin evidencia!


Desde mi blog me uno sin dudarlo un solo segundo a No Sin Evidencia, una iniciativa que han comenzado tres médicos de familia, Javier Sorribes (@javiersorribes), Vicente Baos (@vbaosv) y Rafael Bravo (@rafabravo) y que critica la reciente decisión de Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios de regularizar los principios homeopáticos como medicamentos. La homeopatía no se basa en ninguna ciencia conocida que haya sido probada, son únicamente especulaciones mágicas que hasta el momento no han demostrado hacer más que la imposición de manos, el rezo conjunto o, para el caso, saltar a la pata coja bajo la luz lunar, para ninguna enfermedad.

Que no les engañen con la parafernalia habitual de la maldad de las farmacéuticas. Sí, son empresas con ánimo de lucro, y probablemente hagan alguna que otra maldad; pero están sujetas a unas leyes. No se puede vender un medicamento que no haya demostrado ser eficaz y suficientemente seguro, y se está constantemente en vigilancia buscando posibles efectos adversos graves. Esto es lo que asegura el mayor grado de seguridad para todos nosotros, que somos, hemos sido o seremos pacientes en algún momento de nuestra vida; para nuestros seres queridos y para los más desvalidos. La homeopatía también es una forma de lucro de empresas (Boiron), se lucran igual, buscan vender y no curar, pero es que además ni siquiera curan, y sus efectos secundarios principales es que la enfermedad siga su curso, porque no tienen efecto sobre la enfermedad más allá del placebo que tiene toda intervención.

Este post es también para señalar con el dedo a Santiago de la Rosa. Por desgracia, al haber terminado la carrera no tengo la autoridad como para hablar en nombre de los estudiantes, pero según su forma de pensar, sí que la tengo para refutarle. Pues digo que no solo es un maleducado y un soberbio que desprecia a las siguientes generaciones, sino que creo que para defender con tal fervor la homeopatía se deben tener unos intereses muy concretos y totalmente espurios: con bastante confianza digo que no incluyen el bienestar de sus pacientes como principal prioridad.

A continuación copio el manifiesto de la iniciativa No Sin Evidencia, al que me adscribo mediante esta entrada:

La evidencia científica es uno de los pilares sobre los que se asienta la medicina moderna. Esto no siempre ha sido así: durante años, se aplicaron tratamientos médicos sin comprobar previamente su eficacia y seguridad. Algunos fueron efectivos, aunque muchos tuvieron resultados desastrosos.
Sin embargo, en la época en la que más conocimientos científicos se acumulan de la historia de la humanidad, existen todavía pseudo-ciencias que pretenden, sin demostrar ninguna efectividad ni seguridad, pasar por disciplinas cercanas a la medicina y llegar a los pacientes.
Los firmantes de este manifiesto, profesionales sanitarios y de otras ramas de la ciencia, periodistas y otros, somos conscientes de que nuestra responsabilidad, tanto legal como ética, consiste en aportar el mejor tratamiento posible a los pacientes y velar por su salud. Por ello, la aparición en los medios de comunicación de noticias sobre la apertura de un proceso de regulación y aprobación de medicamentos homeopáticos nos preocupa como sanitarios, científicos y ciudadanos, y creemos que debemos actuar al respecto. Las declaraciones de la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) asegurando que “no todos los medicamentos homeopáticos tienen que demostrar su eficacia” y que “la seguridad no se tiene que demostrar con ensayos clínicos específicos” no hacen sino aumentar nuestra preocupación.
Por lo tanto, solicitamos:
  1. Que no se apruebe ningún tratamiento que no haya demostrado, mediante ensayos clínicos reproducibles, unas condiciones de eficacia y seguridad al menos superiores a placebo. La regulación de unos supuestos medicamentos homeopáticos sin indicación terapéutica es una grave contradicción en sí misma y debe ser rechazada. Si no está indicado para nada ¿para qué hay que darlo?.
  2. Que la AEMPS retire de la comercialización aquellos fármacos, de cualquier tipo, que pese a haber sido aprobados, no hayan demostrado una eficacia mayor que el placebo o que presenten unos efectos adversos desproporcionados.
  3. Que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el resto de autoridades sanitarias persigan a aquellas empresas que atribuyen cualidades curativas o beneficiosas para la salud a sus productos sin haberlo demostrado científicamente.
  4. Que el Consejo General de Colegios de Médicos de España / Organización Médica Colegial, en cumplimiento del artículo 26 del Código de Deontología Médica, desapruebe a los facultativos que prescriban tratamientos sin evidencia científica demostrada.

viernes, 29 de noviembre de 2013

MIRando - Sobre opositores MIR, aritmotimia y el vigesimosegundo simulacro


Hablan por ahí los sabedores sobre psicología y psicopatología de un concepto que es la alexitimia. Desgranando etimológicamente el palabro, designa a aquellas personas cuyo ánimo no es expresado verbalmente, porque no saben cómo, y por tanto todo eso se les queda dentro. Así, son más propensos a determinados trastornos psíquicos, como por ejemplo, los somatomorfos, que según los más freudianos resultan de un conflicto inconsciente para cuya gestión no se manejan adecuadamente los recursos y todo lo que no se expresa, sale del inconsciente de alguna otra forma (en forma de síntomas neurológicos, por ejemplo).

Psico-cosas aparte, en mis prácticas voluntarias de psiquiatría vi a un señor que no era capaz de hablar de su estado de ánimo sino en números. Y yo decidí llamarle "el aritmotímico" (del griego αριτμος: número) para diversión de mi profesor.

Y ahora que soy estudiante MIR me he dado cuenta de que si hay gente aritmotímica somos nosotros. Una neta más, una neta menos, que si el percentil sube o baja, que si el número estimado, que si medias, que si el último número que cogió esa especialidad aquí o allá... Aritmotímicos de abajo a arriba y de arriba a abajo. 

Así, mi ánimo, que bajaba tan lenta pero incansablemente al ritmo que bajaba mi percentil —lo cual significa que cada vez más gente me iba dejando atrás mientras yo no aprendía nada, o quizás desaprendía—, de pronto explotó en mi último simulacro. Sin duda —porque lo dicen los números y no yo— el mejor de los que he hecho, y una inyección de esperanza. Obviamente, Roma no se construye en un día, y un grano no hace granero, así que hay que estar a Dios rogando y con el mazo dando hasta el temido 1 de febrero. Mañana sábado veré hasta qué punto la tendencia ascendente es cosa puntual o reflejo de que, según mis predicciones hechas en junio, yo aprendería notablemente más cuando me metieran más caña y tuviera que tener prisa para terminar cada asignatura.

Ya MIRaremos, y les contaré.

lunes, 30 de septiembre de 2013

MIRando - Plan B


Estacionario sería el adjetivo que más describe la sensación que tengo sobre mi periplo MIR en las últimas semanas. Quizás es mi falta de seriedad, que me está pasando factura. Probablemente sea eso. Pero bueno, el caso es que mis netas están ahí, quietas. Estacionarias, o mejor dicho, en un estrecho equilibrio dinámico. Suben y bajan en una onda de amplitud muy bajita, así como hace el percentil, que se mantiene más o menos en el mismo lugar. Supongo que eso último debería "tranquilizarme" en el sentido de que debe ser lo que pasa en el grueso de los actuales MIRandos de mi academia.

Pero, y por mucho que yo me resista, soy médico. Y como tal, soy autoexigente por definición, así que me cuestiono absolutamente todo. Incido en que hay una gran dosis de autoexigencia en esto porque me sería imposible decir que mis resultados estén siendo malos. Al contrario, son buenos. Pero temo que los resultados generales empiecen a mejorar sin que yo esté aprendiendo nada, y que mi percentil comience a bajar, y con ello las probabilidades de tener alguna de las plazas a las que me gustaría optar realmente. 

Otra palabra que me define muy bien es obsesivo. Y como gran neurótico, estoy empezado a hacer un plan B, y C, y D, y E... y así hasta un plan Z. Lo hago para no sentirme perdido, aunque haya tantos a mi alrededor que me animan y me dicen que no es necesario que me busque una red a la que caer porque no tendré problemas para conseguir la plaza que quiero. Aprovecho para confesar que este optimismo a veces me abruma, y confío en que no sea el único al que le pasa. Amigos y familiares están acostumbrados a que "el médico del grupo" o "de la familia" sea alguien que puede con los retos académicos con una eficacia que para ellos es sorprendente, así que las frases de ánimo nunca faltan. "No te preocupes, que tú lo sacarás", oigo venir de muchos. Pero lamentablemente, eso no lo sabe nadie. ¿Y si tengo un mal día? ¿Y si estoy estudiando incorrectamente y ya he perdido mucho tiempo? No son preguntas que me vayan a hacer tirar la toalla, pero son cuestiones que están ahí, en la realidad, ineludibles, quiera yo o no, quieran esos optimistas y bienintencionados conocidos o no. 

Uno nunca sabe, y son muchos los opositores y pocas las plazas. Yo estoy haciendo lo que buenamente puedo, y aspiro a poder elegir con la libertad de un buen número de orden. Pero si eso no pasa, me niego a sentirme mal y, lo que es más, me niego a no saber qué hacer. Por eso hago plan B. Y plan Z.

martes, 24 de septiembre de 2013

Compañía


Entre sesión y sesión de estudio, a un estudiante MIR le da tiempo de pensar un poquito en sus cosas. A mí, que soy el estudiante MIR menos serio que puede haber parido madre, pues más. Y a la vista de una serie de acontecimientos inesperados en mi vida, que incluyen el amor por una persona que en muy poco tiempo se ha ido demostrando como uno de los mejores elementos que podían haber entrado en mi vida, me he tenido que sentar a plantearme una serie de cosas.

Obviamente, planear a largo plazo es una empresa arriesgada, pero hay cosas que creo que uno debe tener un poco claras, ya no solo porque se encuentra al borde de un cambio importante en su vida, sino porque, aunque hoy en día parezca que lo normal —y lo que es peor, lo esperable— es ser adolescente hasta los 30 años, uno ya tiene una edad en la que en otros tiempos uno ya era un adulto hecho y derecho, y no era nada raro estar casado y con hijos. Obviamente, la vida del médico español, que incluye tener que pasar por este desagradable trance que es el MIR y toda la preparación que uno tiene que hacer, probablemente exige, más que la de otras personas, dejar bastante más tiempo para uno mismo antes de pensar en lo que pueda pasar en el futuro.

Pero hay conversaciones que salen de la nada que te hacen sentarte y mirar al mundo. Sin querer entrar en detalles que no interesan realmente, vengo de una familia donde las cosas nunca han funcionado del todo bien. No obstante, desde que yo era pequeño, siempre planeaba mi vida de una forma curiosa, sobre todo para un varón: yo quería ser padre. Cuando las cosas en casa empezaron a desestructurarse, perdí la fe en la paternidad. No por nada, sino porque temía poder dañar de alguna manera a mis hijos incluso en mis intentos de evitarles el daño. Pero como digo, hay conversaciones que no son buscadas, sino que salen de la nada, en las que te paras y dices. ¿Y si fuera posible? No digo mañana, ni pasado mañana, ni el año que viene, pero, ¿y si algún día todo está bien puesto y ordenado para recuperar ese objetivo vital?

En alardes de cinismo y pesimismo, siempre decía: "Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido la nota de un examen". Y lo decía porque había perdido la fe en el amor, y en un futuro que no fuera estar solo y dedicarme compulsivamente al trabajo para poder ocupar unos días que se me antojaban solitarios y sin esperanzas de tener compañía. Ahora me alegro de ni siquiera poder decir eso.

Y al hilo de la compañía, este consumidor empedernido de musicales de Broadway se puso a revisitar una obra maestra del gran Stephen Sondheim, Company. Es un musical compuesto de las cosas que se le vienen a la cabeza a Robert, un soltero de 35 años, mientras sus mejores amigos, cinco parejas casadas, le felicitan en una fiesta sorpresa. Es todo un viaje por las dudas normales de cualquier persona sobre las relaciones amorosas y la amistad, sobre el significado de la soledad, del amor, del matrimonio, del deseo que todos tenemos: el de no estar solos, el de contar con compañía.

And that's what it's all about, isn't it?
That's what it's really about!
Company!
Lots of company!
Life is company!
Love is company!

Y el caso es que yo me he puesto a pensar. ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? ¿Ambiciono tener una carrera profesional brillante de la que pueda presumir el día de mañana o prefiero presumir de otros logros? El día de mañana, ¿quiero ser un médico con familia o un padre de familia que trabaja de médico?

Y como opositor MIR que seré desde que presente la instancia mañana o pasado, a la hora de elegir mi futuro profesional como especialista en alguna de las ramas de la Medicina, ésa es una cosa importante que tendré que ponderar. Porque no es lo mismo dedicarte a una cosa que la otra. Y no en todas es posible tener compañía.

Y lanzo unas preguntas al aire: ¿Es la vida del médico necesariamente la que vemos en las películas, alejada de su familia? ¿Está el médico condenado a una pareja, cuando poco, sanitaria, que entienda las exigencias de su profesión? Adelanto mi respuesta. Y creo que no. Que la elección es de cada uno. Y que elegir no convierte a nadie en mejor ni peor.



lunes, 19 de agosto de 2013

La madre de los autoengaños


Ayer tuve a bien, como domingo que era, naveguar con total libertad por Internet. Mentiría si dijera que me corto en hacerlo entresemana, incluso cuando se me supone absorto al cien por ciento en el estudio preparatorio para el MIR de enero, pero cierto es que el domingo ese periplo internáutico es más relajado y, en virtud de esto, más amplio. También contribuyó a tal relajación el hecho de que el último simulacro ha supuesto una gran mejoría, no solo en netas, sino en percentil. Es un simulacro que he hecho más tranquilo, pensando, sin tantas prisas (excepto al final, porque ya estaba cansado), y se ha notado. ¡Y eso que lo encontré más difícil!

El asunto es que, en mi odisea por los metafóricos mares de la red de redes, cometí el craso error de ver en Twitter el enlace a una publicación que hablaba de los 10 autoengaños más comunes del estudiante MIR. Insisto en lo craso de mi error, porque me llevó a comerme la cabeza durante horas, a ponerme de mal humor, a entrar en una vorágine catastrofista con un único destino posible: la lesión de la autoestima.

No los cumplo todos, no se asusten, tampoco soy tan cafre. Pero puede que haya alguien por ahí que sí. Y con lo siguiente no quiero fomentar la irresponsabilidad, mucho menos inducir al engaño absurdo para que el confiado de turno que me haga caso empeore sus previsiones para enero. Pero oye: ¡Ole tú! ¡Ole tú!

Sí, el MIR es difícil. Es una competición. Somos miles y miles de médicos buscando rascar las más mínimas diferencias en la puntuación neta final para poder tener una plaza soñada. Pero también es verdad que hay muchísima mitología de por medio. Y le echo la culpa, en parte, a las academias. Sí, ayudan mucho, dan materiales, orientan, te dan los simulacros, pero también tienen una gran manía: te agobian. "¡Cuidado con el percentil!", "¡Esto es una carrera de fondo en la que no todos llegaréis al final!". Yo no termino de verle el asunto didáctico a ese tipo de comentarios, y dirijo mis disculpas a los probablemente bienintencionados profesionales que se dedican a enseñarnos MIRicina a los que tan acostumbramos estamos a la (casi inútil para el MIR) medicina, si les decepciona mi percepción.

Todos los próximos opositores hemos estudiado. Durante mucho tiempo. Somos médicos, y eso significa que hemos tenido que sacar de las mejores notas en la prueba de acceso a la universidad, y que durante el transcurso de seis o más años, nos hemos aprendido enfermedades rarísimas, miles de diagramas de flujo para entender procesos diagnósticos, clasificaciones, criterios... No creo que nadie nos vaya a descubrir la panacea sobre cómo estudiar. Sí sobre cómo enfocar el estudio para el MIR. Eso es innegable, no me malentiendan, pero no sobre estudiar.

Creo que cada uno sabe sus límites, sus capacidades, y sus idiosincrasias. Con esto no quiero disculparme a mí mismo. De hecho, ahora mismo estoy echándome internamente la bronca por haber escrito esta entrada en vez de haber aprovechado algo más la tarde, aún a pesar del dolor de cabeza que no se me quita y el sueño que tengo. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Semanas 2 y 3 - Muchas cosas


¡Ésa es una gran noticia de entre las tantas cosas que me han pasado juntas esta semana y media sin actualizar! Desde hoy, ¡ya soy titulado oficialmente! Ahora sí que sí, soy Licenciado en Medicina. Eso, obviamente, me da licencia para matar y esas cosas, además de imbuirme del sacrosanto deber de dar asistencia cuando haga falta. Ah, y a participar en esa ley no escrita de que soy "doctor" sin doctorado. Que oiga usté, no me voy a quejar.

Y después de haber dado cuatro viajes entre administraciones, todavía me queda ir a por los certificados de notas y el MIR, y hacer copias compulsadas del título, porque como comprenderán, no voy a pagar la friolera de ciento-taitantos euros cada vez que presente un currículum o algo.

Grandes cosas de la administración de mi facultad, me han pedido, señoras y señores, el Libro de Familia (bueno, una fotocopia de la hoja en la que salgo y el original para cotejarla). Yo que pensaba que ese documento estaba ya absolutamente obsoleto...

De resto, pues he terminado la Hematología. Los ánimos con los que la empecé fueron extinguiéndose poco a poco con la llegada de las leucemias y sus clasificaciones. Al ver que tampoco era para tanto me volví a confiar, pero llegaron los linfomas. Y no, por ahí no paso...

Y después de Hemato me ha tocado, en pleno afán cumpleañero del 4 de julio —ya ven, tengo una película para mí solito—, ORL. Asignatura que siempre que revisito coquetea conmigo. No me pregunten qué es lo que tiene, pero algo es que me gusta mucho y que hace que se me haga bastante menos pesada.

Y ahora he empezado con la pequeña y corta aventura de Oftalmología antes de adentrarme con bastante comodidad, la verdad, en la Psiquiatría. Tengo la suerte de habérmela estudiado muy bien, así que espero que esa semana me resulte bastante tranquilita.

Les dejo, como espero que sea costumbre, con un par de preguntillas MIR que a ver si alguien se anima a responder :P

A ese respeto, la última que puse, de Traumatología, tenía como respuesta correcta la que dijo Azael en el comentario: la 4. Ante un síndrome compartimental hay que retirar todo lo que esté comprimiendo y monitorizar la presión intracompartimental. Si sigue subiendo a pesar de eso, hay que hacer fasciotomía urgente, por gore que sea. Es eso, ¡o quedarse sin músculos!


Acude a consulta una paciente mujer de 35 años por clínica de astenia de varias semanas de evolución. A la exploración destaca una leve palidez. Niega tener reglas abundantes ni otra clínica. Se le hace un hemograma en el que destaca una hemoglobina de 9 mg/dL con VCM de 70 fL (microcitosis) y HCM de 22 pg (hipocromía). Sobre la patología que padece la paciente, señale la FALSA.
  1. La causa más frecuente en mujeres en edad fértil son las pérdidas menstruales.
  2. En ausencia de antecedentes ginecológicos estaría justificado un estudio digestivo de pérdidas digestivas (sangre oculta en heces, endoscopias).
  3. Es característico que la ferritina esté aumentada.
  4. Es característico que la capacidad de saturación de la transferrina esté elevada.
  5. Las transfusiones de hematíes se reservan para pérdidas agudas o masivas con anemia sintomática.



Paciente de 17 años que acude al servicio de urgencias por fiebre y odinofagia intensa, con disfonía y rinorrea serosa. En la exploración se aprecian amígdalas palatinas hipertróficas y eritematosas. ¿Cuál es el tratamiento inicial? [Ésta es del MIR de este año y me pareció una gran pregunta]
  1. Paracetamol.
  2. Corticoterapia.
  3. Amoxicilina.
  4. Bencilpenicilina benzatina.
  5. Oseltamivir.

viernes, 28 de junio de 2013

Semana 1 - Traumatología terminada. Hematología.


La Traumatología es una asignatura de importancia media-baja para el MIR. Suelen caer una media de 8-9 preguntas, mayoritariamente de fracturas y luxaciones (incluyendo sus complicaciones y tratamientos), así que en eso me he centrado más, siguiendo el planning de la academia.

He llegado a aceptar que mi concentración es la que es, y probablemente sea así constantemente, fluctuando según lo amenazante que vea la asignatura. Probablemente, los tutores de la academia quieran colgarme por decir esto, pero yo sé por experiencia propia que agobiarme no sirve de absolutamente nada. Cumplo el calendario, me da tiempo a mirarme los temas dos y hasta tres veces cuando me tocan.
  1. Lectura comprensiva y subrayado (cuando no lo haya hecho).
  2. Relectura y confección de tablas recordatorias o comparativas, esquemas y reglas mnemotécnicas (o énfasis en las aportadas por el manual).
  3. Repaso del tema, centrándome en lo más importante.
  4. Cuando me sobra tiempo, me miro las preguntas de años anteriores.
Y sí, la Traumatología sigue sin entusiasmarme. Siempre que se entiende una cosa, parece que uno la mira con otros ojos, eso también es cierto; pero aunque ahora me cause menos rechazo, sigue sin ser santa de mi devoción. 

Pero he empezado con algo que sí me gusta, y bastante más, sin duda. La Hematología. Ya comenté en Ya veremos cómo es una asignatura que me estudié para que luego no me preguntaran y que eso hizo que mi relación con ella se volviera una cuestión de honor; y le cogí cariño. Es de mayor importancia que la otra, así que me la estudio durante más tiempo, y hay más materia que saberse mejor; pero como me la sé relativamente bien, quitando algunas cosas que las pasé bastante por encima y ahora debo saber más detalladamente, me siento como repasando.

Espero que esta sensación no sea un exceso de confianza y al final me vea "traicionándome" a mí mismo y fastidiándola en el examen (tengo auténtica obsesión con el confiarme demasiado al sentir que me va bien, y me miro y me remiro las cosas con ese miedo). 

Pero bueno, aún es bastante pronto para decir nada. Faltan unos siete meses... Ya MIRaremos.

PD: Y como regalo, una pregunta MIR de Trauma (la imagen de arriba, obviamente, no tiene nada que ver).

Una paciente de 71 años sufrió en el día de ayer una caída accidental sobre su mano y fue diagnosticada de una fractura de Colles que se trató de forma conservadora con un yeso. Acude a Urgencias por sentir mucho dolor en el brazo y la mano, no poder mover los dedos y disminución de la sensibilidad. A la exploración, se encuentra una coloración aceptable y un relleno capilar normal, pero los dedos están hinchados, la movilidad activa es prácticamente nula y la pasiva genera intenso dolor. ¿Cuál debe ser su actitud?
  1. Observación en urgencias.
  2. Administrar diuréticos y analgésicos y esperar evolución.
  3. Retirar el yeso, administrar diuréticos y analgésicos, elevar el miembro, valorar la presión intracompartimental, y si no mejora hacer una osteosíntesis del radio.
  4. Retirar el yeso, administrar diuréticos y analgésicos, elevar el miembro, valorar la presión intracompartimental, y si no mejora hacer una fasciotomía urgente.
  5. Drenaje urgente de derrame seroso.

martes, 25 de junio de 2013

Semana 1 - Traumatología y poca concentración






Sí, empezamos por la Traumatología. Y no es ningún secreto que no me entusiasma mucho el tema, la verdad. No solo eso, sino que mi base de Traumatología tampoco es la mejor del mundo. Es una de esas asignaturas que en mi facultad pasan "de lado". Sí, alguna cosa sabes, pero tampoco era tan difícil aprobarla como para que uno se metiera en sus entresijos hasta el punto de dominarla.

Pero es que la asignatura, al menos para el MIR, es relativamente sencilla, y muchas cosas, aún sin saberlas, me suenan. Y eso en mí es una bomba de relojería para la distracción absoluta: las cosas tienen que sonarme a nuevas para que yo pueda ponerme a mirarlo con determinación. Si le sumamos que no me entusiasma especialmente, que me he cambiado de casa y que tengo unas ganas de irme de vacaciones mucho mayores que cualquier otro año —sí, mi amígdala cerebral tiene la tendencia de llevarle la contraria a la realidad—, pues aquí me ven, escribiendo una entrada del blog cuando debería estar mirándome por tercera vez la traumatología y la ortopedia infantil.

Pero les seré sincero, y quizás estoy pecando de exceso de confianza: no es tan complicado... Excepto los datos pequeños, que por mucho que ahora me los aprenda a la perfección acabaré olvidando hasta que me vuelva a tocar la asignatura, la mayoría de las cosas son datos anecdóticos o cosas que he visto y que ya respondo de forma automática. Y como dicen en la academia, esto es más MIRicina que Medicina, por lo que hay cosas que verás hasta la saciedad y que, aunque en la realidad sea más complicado, en el examen es sota-caballo-rey.

  • Pie cavo - exploración neurológica detallada
  • Adolescente obeso con cojera - epifisiolisis femoral proximal
  • Deterioro neurológico, insuficiencia respiratoria y petequias difusas en mitad superior del cuerpo tras fractura de hueso largo - embolia grasa.
Y así muchas otras parejas bastante automáticas. El temor es a que pregunten las otras cosas, a que de pronto haya un detalle que uno haya dicho: "Nah, esto no cae casi nunca...", y caiga... Así que, por si acaso, dejo de procrastinar, que no debo, y vuelvo a mirármelo todo una vez más, por lo que pueda pasar.

martes, 18 de junio de 2013

Ahora toca MIRar


Tras más de tres años hablando de mi vida como estudiante de Medicina en Ya veremos, me encuentro ahora al pie de una nueva escalera. Una más rápida, no de seis años, pero de seis meses, para enfrentarme a la primera gran prueba de lo que será mi vida profesional: el examen de acceso a la formación sanitaria especializada, el tan temido “MIR”. El próximo mes de enero de 2014 me enfrentaré a mi primer examen como médico y no como estudiante. El medicoblasto ha terminado de diferenciarse y es ahora un “medicocito”. No es más que un estadío intermedio antes de comenzar otro proceso nuevo, el de convertirme en especialista, pero como se dice en esto de la citología, estoy ya comprometido con la línea celular. Y es un compromiso que, como saben, abrazo con gusto.

El 24 de junio, el próximo lunes, empiezo lo que la academia llama “fase de consolidación”. Esto significa 10 horas diarias. Yo, rebelde sin causa, me encargaré diligentemente de condensarlas en la medida de lo humanamente posible por el bienestar de mi hipocampo, que se me recalienta rápidamente y podría acabar yo con serias lesiones neurológicas. Y no, no es la idea.

Probablemente, el ritmo al que actualice variará enormemente dependiendo de la fase en la que me encuentre del estudio, la dificultad relativa de cada asignatura y el grado de compromisos que tenga aparte de éste. Pero concibo el blog como una válvula de escape, como ha venido siendo durante estos años. Todo el que quiera acompañar a un servidor en esta odisea, será bienvenido.

Dije “ya veremos” y ya hemos visto. Ahora toca poner aún más atención: después de ver, toca MIRar.

domingo, 9 de junio de 2013

Fin de exámenes


Se han acabado los exámenes. Queda solo una presentación que no es determinante, porque la asignatura está ya aprobada de antemano. Y no me lo creo, me resisto a creérmelo. De hecho, hasta que no tenga el comprobante del banco que me servirá como título hasta que a las administraciones españolas tengan a bien darme el título, no me lo creeré. Siempre pueden pasar cosas inesperadas.

Pero tengo que afrontar una cosa. Y es que esto está más cerca cada vez. Que ya no me queda prácticamente nada. Que ahora salto al vacío... o mejor dicho, al batiburrillo del MIR. Hace algo más de tres años dije "Ya veremos...". Y parece que sí. Que a falta de un par de semanas y que no me peguen sorpresas desagradables, dentro de poco podré decir que soy médico sin miedo a equivocarme o a caer en el intrusismo profesional.

Ya hemos visto que las cosas han salido bien para este medicoblasto, o promedicocito ya. Dentro de nada, médico de pleno derecho.

Gracias por estar ahí.

martes, 28 de mayo de 2013

Declaración


Hace ya más de una semana que fue la entrega de orlas de la que fui partícipe. Se reconoció en ese acto el trabajo realizado durante los pasados seis años, y se me dio la bienvenida a la profesión médica. De forma simbólica, es como si ya fuera médico.

Y ahora que una parte de mí, la ideal, lo es; me paro a pensar con el bagaje de estudiante que llevo desde el año 2007 sobre qué significa ser médico. Para empezar he de reconocer que no creo que se termine de conformar la identidad de médico hasta que uno deja la profesión o se muere. Porque aunque prácticamente todas las profesiones necesitan de una actualización periódica, la mía es una de las que más exigen que uno esté al día constantemente. Y no solo que se informe, sino que lo haga de manera crítica. Hay que manejar una cantidad de información muy grande con el objetivo de que nuestros congéneres mantengan la salud o la recuperen si es que la han perdido. Y eso me gusta.

Por otro lado, ser médico significa adquirir un compromiso con la sociedad en la que uno está inmerso. De una manera u otra, uno se consagra a servir a la comunidad, a velar por la salvaguarda de su salud en todas las esferas y su dignidad.

Ser médico es más que haber estado seis años leyendo libros enormes, engullendo apuntes sin parar, contando créditos para conseguir becas o pagando matrículas ingentes. Ser médico requiere que uno trabaje día a día en el ser la persona en que confíen los que acudan a él, acostumbrarse a acompañar al enfermo y no solo a cumplir unas expectativas desde la gestión, o a conseguir objetivos de tratamiento. Significa meterse en el meollo de la vida y la muerte, y mancharse las manos, y llevarse palos junto al enfermo.

Ese día leímos entre todos y prometimos lo que consta en la Declaración de Ginebra. Y créanme que me emocioné. Quizás es que soy joven y lleno de alegría, quizás soy demasiado optimista, quizás soy idiota. Pero me da igual, porque para mí esa declaración está llena del espíritu que debe tener cualquier médico.

Prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad,
Otorgar a mis maestros el respeto y gratitud que merecen,
Ejercer mi profesión a conciencia y dignamente,
Velar ante todo por la salud de mi paciente,
Guardar y respetar los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente,
Mantener incólume, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica,
Considerar como hermanos y hermanas a mis colegas,
No permitiré que consideraciones de afiliación política, clase social, credo, edad, enfermedad o incapacidad, nacionalidad, origen étnico, raza, sexo o tendencia sexual se interpongan entre mis deberes y mi paciente,
Velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, incluso bajo amenaza, y no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas,
Hago estas promesas solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

viernes, 10 de mayo de 2013

Semana de la enfermería


El día 12 de mayo será Día Internacional de la Enfemería, y en EEUU y Canadá se suele celebrar la semana entre el 9 y el 15. Sea como sea, creo que estos días merecen ser aprovechados para mencionar algunas cosas importantes.

Mucha gente desconoce qué es la enfermería hoy en día. Yo mismo considero que aún no termino de tener 100% claro cuáles son exactamente las competencias, aunque me dan un poco igual porque creo en el trabajo en equipo por encima de los leguleyos. El caso es que muchas personas consideran que son cosas que no son. No son ayudantes, ni secretarios, ni "el servicio", son profesionales de la salud con un determinado perfil dedicado (de forma simplificada) a los cuidados tanto del individuo como de la comunidad, ya sea sano o enfermo: su diseño, planificación y realización. Esto los hace estar, quizás, más a pie de cama que a los médicos, más cerca del paciente y durante más tiempo, les permite detectar detalles que a nosotros se nos escapan y en los que no estamos formados.

Hoy en día, gracias al auge del enfoque biopsicosocial y holístico de las ciencias de la salud, las fronteras entre los distintos profesionales se disipan, permitiendo una integración mucho mejor y más funcional para el bien de los usuarios de un determinado sistema sanitario, y que además enriquece por la comunicación multidireccional e interdisciplinaria que se establece.

Pero quitando todo esto de teoría explicativa y que suena tan bonito, yo tengo que bajarme de esa nube para hablar de la realidad, de mi realidad. Tengo amigos muy queridos y cercanos que son enfermeros, y de ellos he aprendido un montón de cosas. A ellos les envidio una formación más centrada en el enfermo y menos centrada en la enfermedad. Y les envidio aún más una amplitud de técnicas instrumentales que yo, a estas alturas del partido, no sé manejar y ni siquiera sabría por dónde empezar.

Por supuesto, como en botica, hay de todo. Me he encontrado en mis prácticas enfermeros con los que da auténtico gusto trabajar, y gente a la que preferirías no ver nunca. Lamentablemente, hay determinados sectores, sobre todo etarios, que arrastran prejuicios y malos ambientes, no solo entre el personal de enfermería, sino también entre los médicos. Pero por suerte, en mi experiencia, han sido las excepciones. Yo tengo que agradecer profusamente a muchos y muchas por haber sido los compañeros de los estudiantes, soplándonos respuestas por detrás para no darnos muy de bruces con el método socrático de algunos médicos, por sentarse con nosotros a enseñarnos a hacer las cosas que nadie nos enseña, por encenderlos la lucecita de fijarnos en los detalles que damos por sentado. Tengo que agradecer sobre todo a muchos estudiantes de enfermería que nos han visto como compañeros y han sido a veces más docentes que todo el resto del equipo. A los que me pusieron una batea con todo el material para poner una vía en urgencias y me dijeron: "Hala, todo tuyo", les debo un poquito de mi independencia futura en la clínica, y la seguridad de saber lo que hago y lo que hacen otros; a los que me dijeron: "Si tú te atreves, por mí perfecto", cuando pregunté si podía poner una sonda nasogástrica; a quien me dijo algo que algunos médicos (no todos, ¿eh?) no tienen en cuenta: "El paciente viene asustado, y no conoce a nadie aquí dentro. Si le sonríes y le llamas por su nombre, y le explicas qué vas a hacer en cada momento, estás haciendo la mitad del trabajo de cuidado de antemano, y el resto fluirá como la seda porque confía en ti". Y no solo a ellos, sino también a los que me invitaron a café en el office cuando los médicos pasaban de nosotros (y cuando no también), a los que no me preguntaron "¿Tú de qué carrera eres?" sino que me trataron como a una persona más, a los que me alegro de saludar por los pasillos.

Estoy seguro de que el día de mañana no solo voy a agradecer el ser el mejor profesional que puede salir de este feto de médico casi a punto de salir a los profesores médicos que he tenido, sino también a más de un enfermero. Y espero no ser el único de los médicos (y enfermeros) de mi generación que piense así, que las ideas separatistas y jerarquizadas sean solo una reliquia del pasado. Y que eso llegue a la gente de fuera.

martes, 30 de abril de 2013

MIRando 2 - Mi primer simulacro


Pues el pasado sábado hice mi primer simulacro. Antes ya me había mirado preguntas MIR, pero la mañana del sábado —aunque estaba programado para por la tarde— me encerré en mi habitación con zumitos y chocolatinas, me puse el reloj, me aislé del mundo y hala. Como si fuera el día M, respondiendo preguntas sin tino.

Esta semana pasada se suponía que me tocaba cardio, y sí, me la miré, pero mis queridos amigos de Medicina Legal y sus interminables seminarios hacen que fuera una empresa bastante complicada la de poder echarle un par de horitas a la semana a leerme el manual con un pizco de fundamento. Así que cuando me puse a responder preguntas de cardiología y me vi en la luna de Valencia, me empecé a sentir un poco avergonzado. La cosa es que ya luego entré en modo zen y me puse a dar cera y pulir cera, y si fallaba, pues fallaba.

Pero luego al corregir, la verdad es que me he llevado una grata sorpresa. Estoy bastante tranquilo con mi resultado, sobre todo teniendo en cuenta que no he estudiado prácticamente nada. Ya me han dicho compañeros que han pasado ya por la academia que cuando empiece a estudiar de verdad ya los simulacros serán un poco más duritos de pelar. Pero de momento, a pesar de que mi fase de contacto esté bastante intervenida por las inclemencias de los horarios de la facultad y la organización de la orla, me quiero centrar sobre todo en los aspectos más instrumentales del examen:

  • Manejo del tiempo: son 5 horas improrrogables, eso dice la hoja de normas del examen. La academia aconseja dividirte conceptualmente en bloques más o menos parejos de preguntas para responderlas en un determinado tiempo y pasarlas a la plantilla de respuestas. En esto, pues normalmente no tengo problemas de tardanza. Más bien al contrario, si tengo problemas es de prisas. Cuando me entusiasmo y cuando me agobio mi reacción es la misma: correr. Y tengo que empezar a controlar eso.
  • Manejo de la duda: esto no es un problema. Soy una persona muy pragmática. ¿Si dudo incluso entre cuatro sale más a cuenta responder? No me da miedo. La estadística es mi amiga... o eso espero.
  • Concentración y atención: si yo hubiera nacido diez años más tarde seguramente ahora mismo estaría a atomoxetinas y metilfenidatos con mi TDAH. Tengo una capacidad de atención relativamente limitada. Como decimos por mis lares, se me va el baifo (= cabritillo), o sea que me despisto mucho. Y me he dado cuenta al corregir las preguntas, porque incluso releyéndolas, las prisas me traicionan y acabo respondiendo lo contrario de que me preguntan.
En fin, no me quejo en absoluto de mi resultado, porque me ha sorprendido muy gratamente. Espero no confiarme demasiado con ello, no obstante, que eso a veces pasa inconscientemente. Y en fin, ahora... Neuro, denme ánimos y el sábado que viene ya veremos.

viernes, 26 de abril de 2013

Y me voy con pena


Hoy ha sido mi último día oficial de prácticas aunque se me olvidara llevar al jefe del servicio la hojita que acredita que he estado ya seis semanas pululando por la planta de Medicina Interna (MI). Entré como muchos de los que estamos haciendo el rotatorio de libre elección, para confirmar o descartar. Y es que las rotaciones clínicas son como una prueba diagnóstica dinámica. Conforme aumenta el tiempo que pasas bajo el ala de una determinada especialidad, tu intuición va perdiendo en sensibilidad (que al principio es máxima por eso de la sorpresa y el amor por lo nuevo) y ganando en especificidad. Esto quiere decir que cuando entras por un servicio para pasar una sola semana, sales diciendo que te ha sorprendido mucho y que te ha gustado más de lo que esperabas —con excepciones, claro—, pero es cuando empiezas a pasar algo más de tiempo que vas afinando hasta qué punto te gusta y qué es lo que te tira para atrás.

Pues creo que lo digo todo. Me voy con pena, con bastante pena, de la planta. Hoy además tuve la oportunidad de estar un pequeño ratito en la consulta externa, lo cual agradecí mucho por tener una perspectiva distinta de la actividad asistencial en MI. Yo temía que el ritmo distinto de trabajo me aburriese o abrumase, pero al contrario, me sorprendí viendo otro tipo de patología y de abordaje. Pero llevo seis semanas (interrumpidas por las cuatro semanas de Urgencias) en la planta, y uno se va acostumbrando al rollo. Y yo, que como bien saben soy un sentimental redomado, lo voy a echar de menos.

Como decía al principio, entraba para confirmar o descartar, y aunque saben que no me gusta dar nada por seguro, fiel a mi "ya veremos"; la MI ha terminado de limar asperezas conmigo. Mi concepción de: "voy a ver siempre lo mismo" se ha ido al garete en estas seis semanas. He visto muchas cosas distintas, casos más sencillos, casos más complicados, y ha sido ese cambio de chip constante el que me ha gustado. Ya la tutora andaba diciendo por ahí que era un próximo fichaje sin encomendarse a Dios ni al diablo, pero, ¿quién sabe? Si las cosas van bien con esto del MIR, a lo mejor y todo y le acabo dando la razón. Ya veremos...

lunes, 22 de abril de 2013

MIRando 1 - Soy alumno AMIR


Lamento decepcionarles si les digo que realmente no me lo pensé mucho. Desde hace mucho tiempo tenía bastante claro que, de quedarme en España, AMIR sería mi primera opción. Después de todo, mi gran amiga Mar hizo sus cálculos, y yo confío en sus capacidades matemáticas, y la verdad es que juntando eso a la metodología que ofrecen, los materiales y demás, la balanza se inclinó sin grandes dificultades hacia esta opción.

Formalizar la matrícula ha sido una especie de funeral de la idea de irme, pero sin tanta connotación negativa. Ha sido lo que debe ser un duelo, un proceso de adaptación. Rápido, y ha hecho real la decisión. Para los que somos tan ratas como yo, a los que haber invertido dinero nos graba a fuego el compromiso que hemos hecho, es lo que nos termina de convencer de que hemos dado un paso.

Y lo mejor de todo es que me siento muy bien y muy cómodo. La academia funciona muy bien y enseguida te tienen colocado, con tu tutor, tu plan de estudios personalizado (especialmente importante sobre todo si te incorporas in medias res como un servidor) y tus treinta emails de bienvenida con confirmaciones de que te han apuntado a no sé cuántas clases por videoconferencia, tutorías telemáticas y demás virguerías de los cursos a distancia. Porque sí, queridos lectores, lo haré a distancia. Escaparé de mi casa cuando llegue el momento y me recluiré en un agradable sótano en los montes de las medianías de Gran Canaria, "a.k.a" el de mi tía, y aunque parezca contradictorio, realmente espero que un matrimonio y tres hijos bastante ruidosos distraigan menos que mi querida abuelita. Y es que la quiero mucho, pero la doña no termina de captar que uno tiene a veces que estudiar.

Y ayer hoy he empezado mi andanza en esta primera fase de acercarse a los manuales con la Cardiología y la Cirugía Cardiovascular. Y es que, como es lógico, dado que tengo solo unas 6 semanas hasta cambiar a la fase de empezar a hincar codos de verdad, mi tutor me ha condensado en lo que queda de esta fase de contacto los manuales más importantes. Preparado estoy para una micro-"panzá" de Cardio, Digestivo, Estadística e Infecciosas... De momento toca leer, escuchar las clases en vídeo y subrayar cositas. Y el sábado mi primer simulacro, ya veremos qué tal se me da...

miércoles, 17 de abril de 2013

Tomar decisiones con la cabeza fría


Esto es lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo: sentarme sin presiones, olvidando lo que me dicen, lo que se espera de mí, los deseos de los demás. La claridad vino inesperadamente. Llamé a mi tía entre nervios por nuevos datos que me hacían vacilar sobre la idea de irme, pero al oírla decir "tú tienes que hacer lo que a ti te haga sentir mejor", todo se disipó. Reconozco la idea absurda y sobrevalorada de que decepcionar a una de las mujeres que más admiro en el mundo —o la que más— me podía mucho. Y me fui creciendo, pero no con ira o con orgullo, me crecí en tranquilidad. 

Reafirmé lo que sé desde hace muchísimo tiempo: sé que hay motivos para irse, pero me pueden más los motivos para quedarse. No solo eso, concedí a los pros del quedarme el puesto que merecen. No son excusas, son razones. No todo el mundo tiene que compartirlas, a fin de cuentas, eso es lo que hacen de estas decisiones un tema personal, pero están ahí. Y analizando fríamente, con ayuda de los consejos de muchos amigos, me he dado cuenta de que las cosas no son en blanco y negro estrictos, que hay una gama de grises entremedio, y muchos colores más. Por supuesto que irme tiene sus ventajas, pero quedarme también las tiene.

He tenido que reconocer que me gusta tomar riesgos modestos, que aunque sí quiero independizarme, cambiar de aires y obligarme a sacarme las castañas del fuego, esto no pasa por hacer un cambio tan radical. Que España va mal, ciertamente, pero que aún no ha llegado el apocalipsis total, y que Alemania no es precisamente la Tierra Prometida. Aquí tengo acceso mucho más fácil a intentar acariciar mis ambiciones.

Igual que si me fuera, tendría tiempo para volverme si no me gusta, pasa al revés. Puedo quedarme, y si la experiencia no es la que yo pensaba, intentar irme. El tiempo es oro, sí, y precisamente por eso, pase lo que pase, y en todo contexto, es mejor cortar por lo sano en cuanto uno se da cuenta de que las cosas van mal que darle infinitas oportunidades. Hacer lo contrario sería maltratarse a sí mismo. Y esto es lo que he hecho. Concederme la palabra a mí mismo, cortar con la autocrítica destructiva.

He de agradecer enormemente, porque para mí este proceso de decisión ha sido muy sufrido, muy arduo y muy emocional, a los amigos que han estado ahí. A Seishi, que entre bobería y bobería de las nuestras me ha hecho recordar que tengo mucho de lo que enorgullecerme, gracias. A Mar, que me ha hecho coger la balanza con las manos y entender que las emociones y las expectativas propias son tan válidas como los criterios puramente técnicos, gracias. A Jomeini, que con una frase me enseñó que la superstición y el terror al futuro incierto no es más que eso, gracias. A Miss Cotufa, que incluso entendiendo perfectamente mi ansiedad me ha recordado cómo encajar los elogios con un sencillo "muchas gracias", muchas gracias. A mi familia, por pensar en lo mejor para mí. A todos los amigos y compañeros que han escuchado mis peroratas, a los profesores y resis del hospital que han vertido un poco de su experiencia sobre mí, a ustedes, los lectores del blog, ¡gracias!

Aquí me quedo, viendo los aviones irse. Aquí me quedo, echándole narices al MIR. Aquí me quedo, y ya veremos qué pasa, o quizás, ¿ya MIRaremos?

martes, 26 de marzo de 2013

Y no nos sacamos foto...


Apareció bien escoltada. Susanita y el Terrorista flanqueaban a su señora madre, la mismísima Doctora Jomeini cuando miré hacia la entrada de la plaza. Y sí, es alta, y sí, es guapa, y sí, es un amor. Nada que no sepa todo jomeinista que la conozca aunque sea virtualmente, pero parece que al natural tiene la gente que perder por definición. Pues mentira cochina.

A pesar del catarrazo padre que decidió no dejarme dormir anoche, disfruté mucho de mi reunión con la anestesióloga (y reanimadora, y terapeuta del dolor) más popular de esta blogosfera sanitaria, y aunque solo habíamos hablado por esto de los interneces, ella misma me quitó las palabras de la boca: era como si nos conociéramos de hacía tiempo. Es lo curioso de las relaciones interpersonales a través de la red: se ha desarrollado tanto el campo de la socialización a través de Internet que uno tiene acceso a desarrollar contactos de una forma cada vez más similar a la tradicional.

Sea como sea, el caso es que fue una mañana muy agradable, que disfruté como buen fan acérrimo que soy, y más aún porque sin habérmelo esperado me llevé unos cumplidos de parte de Jomeini que me sacaron los colores, y me los siguen sacando ahora mismo. También disfruté porque me firmó el libro, ese bendito blog imaginario que le sacó la sonrisa a mi abuela y la lágrima a este sentimental que escribe este blog. Y porque conocí de primera mano a los otros dos protas de su blog, que quizás por eso de la timidez y el madrugón (que es Semana Santa, oiga) parecían mucho más buenos de lo que su madre nos deja entrever (o nos quiere hacer creer con malignidad inusitada).

Como estudiante en plena crisis existencial también agradecí mucho la conversación. Hablar del futuro con alguien que no sea de mi entorno más directo, y sobre todo alguien que ya ha pasado por dos residencias, varios hospitales —y vamos, que encima es la Jomeini y la admiración es un grado—, es algo que me sirve de mucho. Es un punto de vista nuevo, y más aún porque la situación que ella me ha pintado es sustancialmente distinta a la que se oye a pocos kilómetros al este (entiéndase en Gran Canaria). Y si acabo "traicionando" a mis raíces canarionas y trato de probar suerte en tierras chicharreras, ¿seré condenado al ostracismo pleitista*?

*Pleitista: aquel que se adscribe al antiquísimo (desde el siglo XIX, realmente) "pleito insular", la rivalidad no siempre tan sana —que se lo digan al editor de El Día— entre Tenerife y Gran Canaria.

lunes, 25 de marzo de 2013

Jomeinista pierde la dignidad tres veces durante su peregrinación

Pues sí, emprendí esta mañana una pequeña peregrinación de Semana Santa hacia la meca jomeinista, o sea, Tenerife. Como yo me conozco y sé que cuando a la Dra. Jomeini le cuadre hacer una firma de libros yo no voy a poder ir, y que me hacen falta unas vacaciones por cortas que sean, he decidido aprovechar la semana santa y los fantásticos precios de los ferrys para cogerme uno hasta la isla de al lado, ver aunque sea algo de la capital después de tantos años sin pasarme, y que Jomeini me haga una firma improvisada del libro.

¿Por qué? Porque si está además a la vista la posibilidad de emigrar, pues más difícil va a ser aún el estar para cuando Jomeini pueda organizar algo. Y porque no podía posponer más la desvirtualización teniendo en cuenta el alegrón que ha provocado el libro de Jomeini en mi casa.

Además, una buena amiga mía que es chicharrera también aunque estudia en Las Palmas ha venido a pasar las vacaciones con su familia, y así he aprovechado para verla en su hábitat natural y acompañarla a mirar vestidos para la —chan chan chan chan— orla.

Pues sí, este jomeinista que está aquí ha perdido la dignidad tres veces ya en lo que va de día. Muy precavido yo, me cogí la caja de biodraminas que le sobraban a mi hermana de su último viaje en barco, y me tomo una muy confiadamente. Claro, que eso no te protege frente a la estupidez de levantarte mientras el ferry convulsiona como la niña de El Exorcista justo después de haber comido. Vamos, que el que acabó como Regan fui yo en el baño del navío, devolviendo al mar (retrete de por medio) lo que me acababa de tomar por eso de no haber desayunado con las prisas. Y la biodramina muerta de risa.

Nada, que me duermo para pasar mejor el viaje, bendito efecto antihistamínico, y cuando llegamos al puerto, me bajo todo digno, como Marilyn Monroe del avión, con mi maleta de Mickey y Minnie —masculinidad que no falte—. Y con toda mi dignidad, me dispongo a subir las escaleras. Primer escalón, primer resbalón. Pero a pesar de mi torpeza inicial y de mi constitución digamos pícnica, o gruesa, vamos gorda; tengo reflejos y consigo recomponerme al grito de "¡Ay coño que me mato!". Y volviendo a invocar a la Monroe, me coloco los pelos, la chaqueta, las gafas y sigo subiendo hacia Santa Cruz.

Bueno, pues que pasa la tarde olvidándome de eso y me encuentro con la compi y su hermana. Vamos al Corte Inglés, y caminando veo un maniquí. Que levanta los brazos cuando llego. El grito que pegué fue del estilo de mi maleta disneyera, y las patas me llegaron a las posaderas mientras notaba el descojone general de la maniquí viviente, alias "dependienta repeinada e inexpresiva" y mis amigas acompañantes.

Si es que aunque estemos al lado, uno no puede dejar de sentirse como pez fuera del agua. Resbaloso, perdido y asustadizo. ¡Y mañana conozco a Jomeini! ¡Qué ilusión!

sábado, 16 de marzo de 2013

Caminos interiores


He comentado ya que una de las claves para mantener la cabeza en orden es tener cierto grado de introspección, saber mirar hacia el interior de nuestra mente y tratar de organizar las ideas y las emociones, cada una en su lugar. Esto suele ser muy útil para conseguir la perspectiva que muchas veces se hace necesaria a la hora de elaborar un plan, ya sea a corto plazo o un plan vital.

Últimamente —ya se habrán dado cuenta—, dado que estamos ya a mediados de marzo y se va acercando progresivamente el momento en el que termine la carrera, estoy dándole muchas vueltas a esto de qué hacer con mi futuro. Y me he dado cuenta de varias cosas que me causan un soberano dolor de cabeza al respecto. Una es lo que comenté en mi anterior entrada, la presencia de ese yo ideal que se ha fosilizado en mi cabeza y que probablemente deba dejar paso a que se lo compare al mismo nivel con otros yoes posibles. 

Y la otra es una revelación que acabo de tener caminando por ese camino de la introspección: hay determinadas personas en mi vida que son figuras de autoridad, figuras a las que les tengo mucho respeto, y frente a cuyo rechazo tengo terror. Esto es cosa de mi personalidad: aunque no me importa lo que me diga todo el mundo, hay ciertas personas por las que siento especial admiración y cuya opinión se convierte en algo de lo que dependo a veces demasiado. Y me he dado cuenta de que sobre todo hay una persona que siempre me ha animado a irme, y me da terror pensar que la decepciono. Y probablemente deba hablar con esa persona de forma seria, preguntarle si realmente son ciertos mis temores, y después valorar a solas si es lógico que esa opinión deba pesarme tanto.

Esto es un ejemplo, pero este tipo de paseos por los caminos interiores son algo muy útil para todo el mundo. No todos tenemos la misma personalidad, menos aún las mismas experiencias, y por eso es difícil proponer objetivos a los demás a no ser que uno se tome el tiempo y el esfuerzo de conocer todas esas circunstancias y entender la psicología de nuestro interlocutor. Más aún, creo que es aún mejor que eso, dar a conocer que existen formas de ser uno mismo el que encuentre qué objetivos son los que debe cumplir, ya sea a largo o a corto plazo, y cómo podrá acercarse a la tranquilidad y la felicidad.

En fin, aquí sigo dándole vueltas a la cabeza, pero con algunos hitos del camino marcados en el mapa, que siempre es bueno. Si alguno de los que están leyendo tienen algo que les reconcome, espero que se animen a caminar un poco por esos senderos de la propia mente para conocer su propio paisaje y encontrar las herramientas necesarias para continuar en esta vida real que a veces parece complicada —y suele no serlo tanto.


lunes, 11 de marzo de 2013

Contra la depresión, el lado oscuro


Doña T es una mujer de 80 años. Su vida ha sido difícil. Desde pequeña, se ha visto saltando escollos que no se esperaba, que no se merecía. El último, que su familia parezca desintegrarse ante sus ojos, sentirse culpable por cosas que no ha hecho ella, ver a sus nietos asumir responsabilidades por "exigencias del guión".

Quizás por estar acostumbrada a que muchas cosas salgan mal, siempre ha sido una mujer de carácter difícil, tristón, marcadamente pesimista. Pero desde que pasó eso último, ya no lee, ya no sale, ya no se le ocurre qué hacer de comer. La artrosis de sus rodillas parece haberse multiplicado, y el cuerpo le pesa. Las noches pasan en silencio hasta que se duerme, pensando en cómo estarán los que se han ido, en qué será de su casa, de los niños. 

Por si fuera poco, cualquier pequeño estrés la pone muy nerviosa y últimamente se olvida de muchas cosas. Los tests de función cognitiva no muestran que haya verdaderamente un deterioro, pero sí nota que se bloquea muchísimo cuando tiene que dar una respuesta, cuando hay prisa. La tristeza y la ansiedad de pronto le tapan los ojos, los oídos y la boca. 

Pero está en tratamiento con una psiquiatra, que le ha cambiado el tratamiento. Ahora parece un poco más animada, el cuerpo le pesa un poco menos y el sentido del humor regresa poco a poco. El libro que lleva meses cogiendo polvo en su mesa de noche aún sigue sin abrir, pero parece estar menos lejos que antes. Su nieto la ha acompañado a su médico de cabecera - él también va a serlo y se entera mucho mejor de lo que le dice la doctora para luego explicárselo con calma. Ha llevado consigo un libro rosado y pequeñito, "El Blog de la Doctora Jomeini". 

¿Qué es eso de un "blog"? ¿Ahora esas libretas se escriben con "g"?
No, Tata. Un blog es eso que tengo yo en internet para escribir artículos. Éste es un libro de una anestesista que yo conozco, es una versión en ficción de ella.
A ver —dice, y coge el libro sin muchos miramientos al hecho de que ha dejado al nieto a mitad de un capítulo sobre una epidural con sorpresa. Empieza a leer en voz baja, murmurando cada palabra.

De pronto, en mitad de la sala de espera, una carcajada estalla. Es ella. Es Doña T, que después de más de un año y medio ha cogido un libro y se lee tres capítulos en nada. Y se divierte, le gusta, quiere quedarse el libro en su mesa de noche. Ya tiene algo nuevo que contarle a su psiquiatra.

Y el nieto, éste que está aquí, que en el fondo es un sentimental redomado, echa unas cuantas lagrimillas de emoción y decide que tiene que agradecerle de corazón a la Doctora Jomeini que sea tan condenadamente divertida.

viernes, 8 de marzo de 2013

Ingeniero de caminos, canales y puertos


No sé cómo está la cosa en el resto de España, pero aquí en Las Palmas, los medicoblastos aprendemos más bien poco de técnicas de la clínica del día a día como, por ejemplo, canalizar vías venosas, poner intramusculares, hacer sondajes vesicales... Dado que es el personal de enfermería el que se encarga habitualmente de este tipo de operaciones, se da por hecho que nosotros no lo necesitamos en nuestra formación.

Creo que no cabe ninguna duda de lo absurdo que es este planteamiento. Primero porque en 6 años da tiempo a hacer un hueco a saber cómo se hacen estas cosas, en segundo lugar porque por mucho que los enfermeros sepan hacerlo es absurdo que, por ejemplo, sepamos qué tratamiento debemos ponerle a alguien y contemos con todas las herramientas pero, si no hay un enfermero cerca, nos veamos limitados a quedarnos mirando, y tercero porque da a entender una jerarquización demasiado rígida del trabajo que no me gusta nada. Creo imprescindible para el trabajo en equipo un conocimiento de las habilidades de todos por muy especializado que se esté en una actividad específica, para permitir la flexibilidad de ese mismo equipo y el mejor entendimiento mutuo.

Y es un problema mayor todavía si te vas a ir de España a sitios donde este tipo de cosas no recaen en la enfermería, sino en el personal médico. Allí se espera de un médico titulado que sepa llevar a cabo una serie de técnicas porque no habrá enfermero alguno cerca que le saque a uno del apuro.

Por eso, cuando me preguntaron hoy si me atrevía a pasarle una vía a un paciente me lancé p'alante, algo más confiado que de costumbre por haber puesto ayer exitosamente mi primera intramuscular a mi querida abuela, que milagrosamente no se quejó con lo exagerada que es. Cuando la enfermera y su estudiante me dijeron que lo más importante para aprender a poner vías con pacientes de verdad es ir con pinta de saber lo que haces, yo me puse la máscara de enterado de la caja de cambios que tan fácilmente me sale aunque rezaba internamente por no dejarle al señor el brazo hecho un colador.

Y allí fui, abrigado por mi compañera estudiante de medicina, el estudiante de enfermería, y la enfermera. Y hala, me pongo los condenados guantes y me pongo manos a la obra. "Estás un poco muy superficial", me dice la enfermera mientras el paciente se queja y a mí la máscara empieza a resquebrajárseme, y decido ir más profundamente: una gotita de sangre que enseguida se queda quieta cumple mis ominosas expectativas - le he hecho a la vena un estocazo digno de Jesulín de Ubrique, pero la anciana esposa de mi paciente no parecía tener, por su mirada de desconfianza, intención de tirarme amorosamente sus bragas precisamente (lo cual agradezco) y la vena de marras ya no me vale porque se va a extravasar todo. Más doloroso fue ver que al retirarla un poco quedaba perfectamente alojada en la luz del vaso y refluía con tranquilidad, tanta que hasta pena me dio tener que abandonarla una vez puesta. 

Subo por el antebrazo: un tramo recto, gordito y bueno vaticina que el segundo intento probablemente vaya mejor. De nuevo voy a la carga. Y la vena está ahí: la veo, la palpo, la fijo, y está ahí, pero la aguja parece desaparecer en un vórtice interdimensional y por mucho que busco, no encuentro el tacto propio de estar dentro de la vena, y no refluye nada, aunque si sigo intentándolo probablemente empiecen a salir cilindros de grasa subcutánea por ahí. Decido darme por vencido y miro a la enfermera con cara de perro apaleado, el último cachito de la máscara de seguridad colgando patéticamente de un pelo despeinado de la barba.

Nada, sigue tú, porque hoy no es mi día y el señor me va a querer matar... —le digo, reconociendo mi derrota. Aunque sé que Roma no se construyó en un día, el haber tenido que ponerme la cara de confianza me hizo creerme que sería una buena primera vez. Pero ya se sabe, en esto de meter cosas, la primera vez siempre es un desastre. Y digan lo que digan sobre las películas, de la segunda intentona solo puedo decir que ya veremos.

jueves, 7 de marzo de 2013

Sorprendido



Esta breve entrada es para manifestar mi sorpresa, agradecimiento y estupefacción ante el hecho de que he sido citado en el blog de la revista Actualización en Medicina de Familia de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. De hecho, lo que escribo en mi post Aventuras en Primaria 8 - El final ha servido incluso para dar título a la entrada.

Me enteré por casualidades de la vida. Acompañaba a mi abuela a su médico de familia y ella estaba leyendo el libro El Blog de la Doctora Jomeini, de la mismísima Jomeini, lo cual me ha emocionado porque la mujer llevaba más de un año muy deprimida y desganada de hacer cosas que siempre le habían gustado, como leer. Y al ver el libro, mi médico me ha preguntado si yo escribo un blog, porque cree que ha leído un post. Y ahí me ha dado la inmensa sorpresa cuando le he podido confirmar que sí, que el susodicho bloggero soy yo. 

Me alegra muchísimo que haya gustado tanto a los redactores del blog, y doy muchísimas gracias por haberlo mencionado.

lunes, 4 de marzo de 2013

La década de tu vida

No sé si es deformación profesional de algún tipo, simple pedanterío y ganas de complicar las cosas, o qué; pero muchas veces los médicos desarrollan ciertas expresiones, casi frases hechas, que aparecen mucho en los textos.

Tal es el caso de "relativamente frecuente", que merece un post aparte (y probablemente lo tendrá), que abarca un rango de frecuencia entre un caso al lustro y uno al mes, todo esto en un intervalo de confianza del 80%, no se me entusiasmen y lo que me ocupa hoy tras haber leído los apuntes de Cardiología: "la {insértese determinante numeral ordinal} década de la vida". El problema es que cuando se usa tan profusamente, se corre el riesgo de que aparezcan usuarios de esa expresión que no se paran a pensarlo muy bien. De hecho, cuando preguntas, al menos a los estudiantes, unos te dirán una cosa y otros otra. ¿A qué me refiero? A lo siguiente:
  • Es relativamente frecuente (por tocar la moral) que esta enfermedad haga su aparición en la segunda o la tercera década de la vida.
Algunos entenderán entre los 10 y los 29 años, mientras que otros entenderán entre los 20 y los 39. Desde el punto de vista puramente científico y lógico, la segunda década de la vida es la que comprende los segundos diez años de la vida de un individuo (y tengo que añadir un "valga la redundancia", porque es desagradablemente redundante, a pesar de necesario), entiéndase entre los diez años de edad y los diecinueve. Véanse los años separados de diez en diez por corchetes, estando la segunda remarcada en negrita:

[0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 , 9], [10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19], [20...

De manera normal, esperaría que no hiciera falta esta clarificación, pero he descubierto que hace falta: el primero año es el 0, porque los niños cuando nacen no tienen 1 año. Por eso, la década, al menos biológicamente, dura hasta el momento inmediatamente anterior a que se cumplan 3.652 ó 3.653 días, o sea 10 años, de vida.

En la práctica no es necesario ser tan estricto, pero a lo que voy yo no es tanto a la delimitación exacta de las décadas, sino a su correcta denominación. Si la primera década es la que tiene, en las decenas, un 0; la cuarta será la de los treintañeros, y la de los octogenarios será la novena.

En lo que no termino de confiar es en que todos los autores que lo usen se paren a pensarlo. ¿Puede esto causar errores? Imagino que, a la hora de la verdad, a fuerza de verlo en la práctica clínica (al menos en los casos frecuentes, relativa o absolutamente), cualquier duda sobre lo que se haya leído se disipará, y cualquier equivocación se corregirá. Sin embargo, tiquismiquis como soy, no deja de mordisquearme las meninges (que son las que duelen), pensar que pueda haber constantes equivocaciones por no pararse a pensarlo un par de segundos.

Y dicho esto, me vuelvo a mi retiro zen.