sábado, 8 de diciembre de 2012

Aventuras en Primaria: 5. Delatado



Bien dice el refrán que la cabra siempre tira al monte, y me he sorprendido trotando cual rumiante galactóforo hacia los ya visitados pastos de la psiquiatría. Aquellos amantes e incluso practicantes de esta rama de la medicina que me lean probablemente me incluyan en su lista negra por lo que estoy a punto de decir, pero al igual que en psiquiatría hay siempre que descartar las causas orgánicas antes de endosarle al paciente el diagnóstico de una enfermedad mental por mucha pasión que nos suscite el estudio de estas complejas patologías, mi tendencia es a buscarle siempre las pegas a la psiquiatría por si acaso esta atracción que me inspira es demasiado irracional y mi lugar está realmente en otro lado. A fin de cuentas, a pesar de mi total convencimiento acerca del modelo biopsicosocial de la salud, haber pasado por las ordalías de la bioquímica, la fisiología y la farmacología entre otras hacen que este no tan pequeño bóvido tienda también hacia el monte de lo biológico; y soy demasiado generalista como para no echar de menos las patologías orgánicas cuando ando inmerso en historias de esquizofrenia o depresiones. Pero que a pesar de que me case con otra la psiquiatría siempre será mi amante de referencia es una realidad impepinable.

Por si la reflexión teórica que he hecho muchas veces y les resumo en el anterior párrafo fuera insuficiente, lo de que hircus semper currit ad montem ha salido solo en la consulta del médico de atención primaria esta semana. Sí, me he delatado. Cuando, después de hablarle de mi parecer acerca de la sospecha de que una chica adolescente fuera bulímica, el Dr. R —hago un inciso para manifestar mi total envidia hacia la Dra. Jomeini por su capacidad para echarle un mote ingenioso a todo el mundo, porque llevo varios posts intentando "motear" a mi tutor de prácticas y no me sale nada— me pregunta: Te gusta la psiquiatría, ¿verdad?, fui consciente de que se me había visto el plumero totalmente.

Y no queda ahí la cosa, hay una especie de vox populi que me sitúa como futuro psiquiatra allá donde voy, tanto por parte de compañeros como por parte de profesores, e incluso gente de fuera. Se ve que esto de hacer prácticas voluntarias y estudiarme la psiquia de cabo a rabo cala hondo en el inconsciente colectivo.

  • Compañera: Bueno, pero como tu vas a hacer psiquiatría, esta clase te interesa especialmente, ¿no?
  • Profesor de psiquiatría: Usted tiene planeado hacer la especialidad de psiquiatría, ¿verdad?
  • Tutor de prácticas en AP: Bueno, pero las plazas en psiquiatría tampoco requieren un número de MIR especialmente alto, no creo que tengas problemas para cogerlo.
Lejos de ofenderme, me halaga el pensar que la gente se haya fijado en mi interés por algo en concreto y que consideren que se me puede dar bien; pero igual que los actores, no sé si me siento cómodo cuando se me encasilla porque no sé cómo responder a esas presunciones. Aún no tengo decidido realmente el qué hacer, y como ya digo, que la psiquiatría estará ahí está bastante claro, pero que sea mi esposa o sea mi amante no está tan decidido. Y el caso es que aparte de los arcanos de la mente no solo me interesan, sino que creo que se me dan bien otras cosas que seguramente echaría de menos en mayor o menor grado si decidiera especializarme en algo tan concreto.

Sea como sea, ya veremos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Aventuras en Primaria: 4. Pequeñas victorias


Parece que voy superando mi propia timidez. Supongo que es porque somos menos en la consulta y mi obsesión por no ser un estorbo se ve menos estimulada. Y el hecho de atreverme a hablar con algo más de libertad me ha hecho darme cuenta de que tampoco soy tan poco útil en la consulta.

Entra una paciente de 70 años que se queja de cansancio y tos. Se siente algo asfixiada cuando está acostada y duerme más cómoda con tres almohadas que la incorporen un poco. También ha notado que las piernas se le hinchan de vez en cuando. Se me enciende rápidamente la bombilla de la insuficiencia cardiaca y prestos vamos a auscultar en busca del burbujeo del agua retenida en los pulmones, los resabidos crepitantes. Recuerdo al profesor de Neumología recordarnos apasionadamente que no debe olvidársenos los pulmones acaban más abajo por detrás que por delante, y entonces lo escucho: "blub, blub, blub" con cada respiración de la paciente, justo encima de sus riñones. Dando un poco por hecho que han sido oídos, voy automáticamente a ver sus piernas en busca de edemas.

Exactamente —dice el médico, para mi tranquilidad—, aunque no parece haber mucho edema ahora mismo y los pulmones se oyen limpios.
Yo escucho unos crepitantes en las bases —digo.
¿Sí? —pregunta el médico, con gesto de sorpresa, y aplica de nuevo el fonendo.
Sí, pero bastante abajo por detrás. Se ve que tampoco hay mucho líquido ahora mismo.
Vaya, pues sí. Buen oído el tuyo —sentencia, y le pega una patada a unos cuantos ladrillos de la pared de timidez que me limita.