lunes, 17 de septiembre de 2012

La óptica de la medicina


El ojo (humano, por la parte que me toca; pero no únicamente) es una maravilla de la naturaleza. Miles de milenios para acabar creando capas de células totalmente transparentes que además hagan de las suyas con los rayos de luz que llegan y logren enfocar imágenes directamente en el sistema nervioso central. Y es que el ojo no deja de ser parte indivisible del cerebro, y no digamos ya la retina, tras separar al globo en sus componentes. 

Pero por maravilloso que sea, a veces tiene sus defectos. Hay una gran variedad, pero lo más frecuente y conocido son los defectos de refracción o, como los conocemos todos, la falta de vista. Miopía, hipermetropía, presbicia, astigmatismo y todas esas cosas que, aunque todos creamos saberlo, siempre nos resorprenden con sus definiciones exactas. Y para corregir estos defectos tenemos unos artilugios fantásticos, que son las lentes.Nos permiten apreciar la realidad, especialmente la que nos importa en cada momento, con nitidez. En una palabra, nos permiten enfocar cuando el cristalino, que bastante bien lo suele hacer en condiciones normales, no nos basta.

Hay lentes de muchos tipos, pero de forma simplista tenemos las convergentes y las divergentes. Las primeras reúnen los haces de luz que la atraviesan en un punto llamado foco, mientras que las segundas los separan. Unas dan una visión más estrecha, mientras que otras la dan más amplia, por explicarlo mal aunque fácilmente.

Y así es como se enfrentan dos enfoques de la medicina. Tenemos por una parte la medicina basada en la evidencia (MBE), una forma de entender todo lo referente a la salud y la enfermedad como una Ciencia en la que todo se puede comprobar con estudios y recomprobar (o acabar por refutar) con metanálisis de esos estudios; y rizando el rizo todo lo que quieras en aras de una mayor potencia estadística y una menor posibilidad de equivocarnos. Tenemos, por otra, la medicina basada en la experiencia: aquella que ha pasado de maestros a alumnos, la medicina que nace del ver una y otra vez la realidad con tus propios ojos. Es ver la medicina como un Arte.

Comparándolas con las lentes, la primera tiene un enfoque más amplio, como una lente divergente. Abre su mirada a todo lo que puede llegar a abarcar y permite hablar de generalidades. La medicina basada en la experiencia es por contra más parecida a una lente convergente. Se centra en el paciente y el médico, en el bagaje personal de ambos dos, sobre todo el segundo. En su expresión más exagerada, es la medicina paternalista de otros tiempos.

¿Cuál es la utilidad de cada enfoque? Pues la MBE (uso las siglas porque le da su aire más moderno y científico), cuando está bien desarrollada, es Ciencia de la de veras, de la que comprueba las hipótesis hasta las últimas consecuencias y años más tarde vuelve a recomprobarla. Así, dice verdades casi irrefutables. Y digo "casi" porque cualquier buen estadista sabe que nunca se librará del poder de los sesgos, por pequeño que sea. La otra medicina, sin embargo, es más humanística, y da más poder al conocimiento innegable de un médico muy experimentado y al tan famoso ojo clínico.

En la puerta de urgencias, ¿qué sentido tiene sentarse a mirar en bases de datos si las evidencias que conocemos se han refutado o no? El paciente se muere en cuestión de minutos. Ahora bien, por mucha experiencia que se tenga, si la mirada de águila de las grandes muestras poblacionales y los tests estadísticos muestra una cosa, tiene mucho más sentido utilizar este análisis global a la hora de hacer estrategias que afecten a la población en su conjunto.

Ahora bien, desde ninguno de los dos puntos se puede pecar de purista. Hay que ceder cuando uno no puede abarcar el reto. A fin de cuentas, la Medicina ha sido siempre Ars et Scientia

Y porque no son totalmente irreconciliables, aquí está I don't want to know de los fantásticos Fleetwood Mac.

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