domingo, 5 de agosto de 2012

Cuestión de Paradigma


Los que me siguen saben que me gustan mucho los juegos de rol. Uno por el que siempre he sentido una especial atracción es una de las tantas franquicias de White Wolf, Mago: La Ascensión, que forma parte de su (antiguo) Mundo de Tinieblas. Es un juego muy filosófico, en el que los jugadores interpretan a personajes humanos que han llegado a una iluminación que ha abierto sus mentes y ha hecho que se den cuenta de que lo que pensamos que es verdad no lo es, que todo puede ser alterado con la suficiente Voluntad. Sin embargo, los cambios que se hacen sobre la Realidad (o "el Tapiz") dependen de la imagen conceptual que tiene cada Despertado, cada Mago, el mundo ideal que visualiza. Esto es: su Paradigma.

Normalmente, los jugadores asumen el rol de miembros de las Tradiciones místicas, Magos que pretenden devolver al mundo la libertad para moldearlo al antojo de la Humanidad, reentrar en el mundo mágico que existía en la Edad Media y antes de que la Razón tomara el mando. Y uno de los principales antagonistas es la Unión Tecnocrática, una amalgama casi monolítica de hombres y mujeres que, habiendo visto de lo que es capaz el ser humano con un ejercicio de Voluntad, temen tanto el caos y el desmadre que consagran su Despertar a hacer que todo funcione con unas reglas fijas y estrictas. Son el Gran Hermano del que hablaba Orwell en 1984.

Y sus objetivos, bien mirados, son nobles. Temen que la Humanidad no sepa controlar su propio potencial y se dedican a funcionar como vigilantes del orden social y cultural. Ellos han asumido esa función como propia y la ejercen bajo cualquier circunstancia.

En nuestra sociedad, por suerte menos dramática y de ciencia-ficción (aunque no tanto), hay y ha habido muchos agentes de control social a lo largo de la Historia. Y cuando uno estudia la historia de la psiquiatría como disciplina, se da cuenta de cuánto tiempo ha pasado el psiquiatra (en todas sus encarnaciones) haciendo de guardián de la sociedad, separando de las masas a aquellos que son peligrosos, o que difieren con la mayoría. Desde los médicos brujos, trepanando a troche y moche, pasando por los Inquisidores que quemaban brujas con fidelidad a los dictados del Malleus maleficarum, hasta los dueños y señores de los manicomios de principios de siglo; ha habido siempre una figura que ha señalado a gente como enfermo, peligroso o las dos cosas, y la ha separado del mundo para hacer de vigilante.

Pero las puertas de los manicomios, en principio, están cerradas sin nadie dentro. Las imágenes arquetípicas de camisas de fuerza, habitaciones acolchadas que albergan a gente hasta la hora de su muerte o incluso "casas de los horrores" para el divertimento de la alta sociedad, han quedado, supuestamente, en material para las artes creativas. ¿Por qué entonces la sociedad parece seguir demandando de estas figuras, que ahora se han calzado las batas blancas de médico psiquiatra, que ejerzan como los guardianes del consenso?  Hay una sutil diferencia entre observar el modelo biopsicosocial y convertirse en el Gran Hermano. El psiquiatra es el médico encargado de prevenir, diagnosticar y curar las enfermedades mentales. Claro que las enfermedades mentales son tales en función del contexto sociocultural en el que surgen, pero todos tenemos claros que hay ciertos patrones universales, cosas que son indiscutiblemente un problema de salud mental. Luego hay muchas otras cosas que muchas personas adjudican a la Psiquiatría, cuando realmente deberían caer más en el saco de antropólogos, sociólogos y trabajadores sociales. Y aún así, no son pocos los haloperidoles que se gastan en amansar a las fieras más que en controlar la psicosis.

Es la relación bidireccional entre la enfermedad mental y el estigma social, y a la vez la banalización de la intervención psiquiátrica. Es la tendencia a igualar al enfermo mental con el indeseable lo que difumina la línea entre enfermedad y anomia social. Es la costumbre de mirar hacia otro lado porque da miedo lo que hace que se cree una costumbre de pedir de un médico que sea el tutor de su paciente, delegar el control en quien no es un controlador.

¿Debe ser el experto en salud mental un hombre de negro?

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