miércoles, 1 de febrero de 2012

Criptología Médica - Trastorno bipolar


Al final, el examen al que me refería en mi anterior entrada me ha salido fantásticamente, y lo cierto es que me ha dado un subidón tremendo ver que el hecho de que me encante una asignatura, como es el caso de la Psiquiatría, y el haber tenido la constancia de habérmelo mirado un poco todos los días y haber repasado en un sprint final me han servido para llegar al 10. Ciertamente, es muy gratificante. Y precisamente por ese subidón "psiquiatrófilo", y porque me la he aprendido un poco al dedillo, que estoy a la vez muy receptivo a las referencias que se hacen por ahí y con muchas ganas de hablar del tema. Pues en vez de comerle la cabeza a mi familia con cosas que no les interesa, he decidido aprovecharlo para darle algo más de vidilla al blog.


El trastorno bipolar

He oído y leído últimamente a mucha gente hablar del término de "bipolaridad" y "trastorno bipolar" en chistes y comparaciones, pero parece que la gente no tiene muy claro qué es. Muchas veces se confunde con el hecho de que una persona cambie rápidamente de opiniones y pareceres, y esto no es propio del trastorno bipolar, sino más de algunas personalidades inmaduras —incluso trastornos de personalidad— o trastornos de ansiedad —donde la duda es habitualmente el centro de la vida psíquica de quien lo sufre—. Otras veces, la gente parece entender que el trastorno bipolar es lo que se conoce habitualmente como "trastorno de personalidad múltiple" o "doble personalidad", y no hay nada más lejos de la realidad, aunque pueda dar la impresión en algunos momentos. Este último trastorno, quizás por la confusión que genera el usar la palabra "personalidad" se ha tenido a bien rebautizar como trastorno de identidad disociativo, es una enfermedad que no se ha diagnosticado casi nunca fuera de los Estados Unidos, y muchos psiquiatras dudan de su existencia. En cualquier caso, se clasifica dentro de un grupo de trastornos totalmente distintos al bipolar —los trastornos disociativos—.

Bueno, pues entonces, ¿qué es?
El trastorno bipolar se debe llamar, para evitar equívocos, trastorno afectivo bipolar (TAB), puesto que lo que se ve alterado son los afectos, o dicho de otras forma, el estado de ánimo. Hace un tiempo, se le llamaba psicosis maníaco-depresiva, que era un término bastante más descriptivo, pero que se ha ido abandonando para evitar connotaciones y ser más académico a la hora de catalogar las enfermedades.

El problema en el trastorno afectivo bipolar es, por tanto, la alteración del estado de ánimo, y de forma simple, se basa en que la persona afectada pasa por episodios de humor exaltado (manía) y humor deprimido (depresión), que son de una duración variable y que tienden a alternarse (no siempre sucede así de forma matemática). Entremedias puede haber momentos de humor normal (eutimia).

¿Qué lo causa?
Pues lo cierto es que, como en la mayor parte de los casos en Psiquiatría, no se sabe exactamente cuál es la causa. En cualquier caso, está claro que es un proceso con base orgánica, y no nace —al menos exclusivamente— del aprendizaje, ni de la educación, ni de las experiencias vividas (aunque todo esto puede afectar a la aparición y el curso de la enfermedad). Existen varias teorías acerca de determinados neurotransmisores (sustancias químicas que conectan las neuronas de nuestro cerebro) cuyo funcionamiento o cantidad podría estar alterado. En cualquier caso, es importante (y hablaré de ello en el tratamiento), a pesar de que suela tratarse con sales de litio, que no se debe a un déficit de litio, como alguna gente cree y acaba buscando suplementos y remedios extraños (como Araceli Madariaga, de La Que Se Avecina, con sus remedios alternativos) para prevenir el trastorno bipolar o los cambios del estado de ánimo.

Es el trastorno psiquiátrico más relacionado con la genética de todos, tal que los familiares en primer grado de una persona con TAB tienen una probabilidad notablemente mayor que el resto de la gente de padecerla.

Como en muchas enfermedades mentales, los sucesos vitales pueden precipitar la aparición de este trastorno, y es especialmente frecuente que en algunas mujeres bipolares la enfermedad comience después del primer parto, generalmente con un episodio de manía, y que desde ahí la enfermedad permanezca como una condición crónica. Esto probablemente se deba a los cambios fisiológicos del fin del embarazo (hormonales, sobre todo) y en parte también al estrés psicológico por el que pasa la madre ante el cambio trascendental de sus circunstancias vitales, que ayudaría a que el estado de ánimo se viera más afectado aún.

¿En qué consiste eso de la manía y la depresión?
Me atrevería a decir que la depresión la conocemos todos bastante bien. La depresión mayor, por sí sola, es una enfermedad muy muy común, y a pocos se nos escapa lo que debe ser la sensación de tristeza, desánimo e inutilidad que pasan por la cabeza de un paciente depresivo. La depresión de los pacientes con trastorno bipolar no se diferencia en esencia de la depresión habitual (o unipolar), aunque en la bipolar tiende a haber más matices atípicos (en comparación con la depresión unipolar), como es que suele haber más somnolencia, o aumentan el apetito y el peso...

La verdadera desconocida para los profanos en estos misterios extraños de la cabecita humana (XD) es la manía. Sí, todos nos hemos sentido felices, muy felices, ¿verdad? ¿Y qué hay de malo en ello? La felicidad es el objetivo vital del Siglo XXI, ¿no? Bien, pues imaginemos la felicidad como agua que llena un vaso. Imaginémosla ahora cayendo a raudales, el vaso se rebosa, se resbala y puede acabar cayéndose y rompiéndose. Pues básicamente, así funciona la manía. Se trata de un estado en el que el paciente afectado tiene un humor tan exaltado que se le va de las manos. Se caracteriza por varias cosas:
  • Insomnio: Los pacientes en un episodio maníaco duermen poco, su cerebro está tan activo que pierden la sensación de sueño y se levantan, habitualmente con ideas fantásticas sobre algún tipo de cosa de su interés que no tardan en escribir en algún sitio o salir a poner en práctica. Tiende a ser la primera manifestación de un episodio maníaco, y es importante educar al paciente y a su familia en reconocerlo para actuar cuanto antes y evitar males mayores.
  • Euforia: Es lo que caracteriza a la manía. Lejos de darse cuenta de que su estado de ánimo está fuera de la normalidad, estos pacientes "están mejor que nunca". Se ríen con mucha facilidad y de forma que puede resultar contagiosa al principio; y parecen desarrollar en muchos casos una astucia para hacer juegos de palabras, chistes y apreciaciones, que en ocasiones puede llegar a ser invasiva y hasta agobiante para las personas de alrededor. Hay casos, sin embargo, en los que los síntomas maníacos se mezclan con los depresivos, y hay un humor ambiguo o fácilmente alterable (labilidad afectiva).
  • Alteraciones del contenido del pensamiento ("qué piensa"): Es característico que los pacientes bipolares experimenten, durante sus episodios maníacos, una gran creatividad e iniciativa a la hora de idear planes, y a veces se pierden en ideas rocambolescas de solución de los problemas del mundo. Pueden llegar a creerse invencibles y ajenos a cualquier adversidad, y esto lleva muchas veces a conductas peligrosas como abuso de drogas, compras y endeudamientos irreflexivos, y en casos graves agresividad hacia uno mismo o los demás. En episodios maníacos especialmente graves, pueden aparecer delirios (ideas fijas, que nadie sería capaz de quitarles de la cabeza, y que no se corresponden con la realidad) de grandeza (ser un enviado divino, un salvador del mundo o alguien completamente invencible) o de perjuicio (los demás quieren arrebatarles su buen humor, sus ideas y/o su grandeza); e incluso alucinaciones (generalmente auditivas).
  • Alteraciones del curso del pensamiento ("cómo piensa") y del habla: Como decía arriba, los bipolares piensan demasiado y muy rápido, es como si alguien les hubiera quitado el pedal de freno y hubiera una losa enorme sobre el acelerador. Por eso, suelen distraerse mucho, y trabarse al hablar. Es característica la fuga de ideas, puesto que el pensamiento "se aturulla" y las ideas "se atropellan", así que es frecuente que, mientras el paciente habla de un tema, de pronto se trabe, se quede callado, y cambie de tema porque no recuerda de qué estaba hablando. A veces no es tan brusco, sino que van cambiando de tema rápidamente, al hilo de la velocidad con la que surgen ideas en su mente.
  • Hiperactividad psicomotriz: Muchas veces, les cuesta estarse quietos en un mismo sitio, y tienden a moverse mientras hablan, a gesticular mucho, a ser exagerados en sus expresiones, y a curiosear cualquier cosa que haya por los alrededores. Por esto es recomendable entrevistarse con estos pacientes en un sitio que no tenga muchas distracciones (lo cual es sumamente difícil, porque es raro que un paciente maníaco no encuentre con qué distraerse, aunque sea el color desigual de los botones de la bata). A veces puede ocurrir que el paciente entre en un estado de agitación psicomotriz o agresividad (al hilo de la agresividad, Mar ha publicado en su "Los miércoles Psicología" una miniguía sobre cómo actuar con alguien agresivo; se refiere esencialmente a la agresividad verbal, pero apunta también qué hacer cuando aparece la agresividad física).
En determinadas personas y ocasiones, podemos hablar de hipomanía, que es un estado de euforia de menor intensidad. Es característico del subtipo II del TAB, en el que las depresiones suelen ser de más gravedad.

Existen personas que muestran una fluctuación habitual del estado de ánimo, pasando de la hipomanía relativamente prolongada, a una pequeña depresión (o distimia) de duración equiparable, y que suelen asociarse a bastante ansiedad. Ésta es una "versión neurótica", por decirlo de alguna manera, del TAB, y se conoce como ciclotimia. En estos casos, suele deberse más al aprendizaje y la configuración de la personalidad que a una enfermedad orgánica.

Y por último, ¿que es eso de la eutimia? Pues la eutimia es el estado de ánimo normal. ¿Qué se entiende como normal? Un estado de ánimo que permita la vida normal, que es como solemos estar la mayoría de las personas la mayor parte del tiempo. Esto no significa que no sea normal ponerse triste o feliz, ¡al contrario! Lo importante es que el estado de ánimo se adapte a las circunstancias para permitirnos experimentar la vida y crear conductas y cogniciones (pensamientos) que nos permitan estar preparados para el futuro. Es normal entristecerse con la muerte de un ser querido, igual que es perfectamente normal sentirse fantásticamente y orgulloso cuando uno consigue una victoria de cualquier tipo.

¿Se relaciona con otras cosas?
Se suele relacionar con otras enfermedades psicológicas, las más habituales son:
  • Trastornos de personalidad: Los pacientes bipolares, especialmente si no tienen un buen tratamiento que les ayude a manejar sus emociones (que no dejan de ser el "color" de las lentes a través de las que ven el mundo y aprenden a vivir en él) o un buen apoyo social y familiar, suelen desarrollar personalidades que no se adaptan del todo al entorno y que son inflexibles. (Ya haré algún post sobre la personalidad y los trastornos de la misma).
  • Abuso de sustancias: Especialmente por su impulsividad en la fase maníaca, o por una búsqueda de alivio durante las fases depresivas, es relativamente frecuente que abusen de sustancias como el alcohol, otras drogas, y medicamentos (ansiolíticos).
¿Cómo se trata?
Pues hay dos pilares fundamentales del tratamiento: la medicación y la psicoeducación. Además, es útil complementarlo con psicoterapia de apoyo y/o familiar.
  • Medicación: hay que diferenciar la que se da en las fases maníaca y depresiva, y la que se da como mantenimiento. Cuando aparece un episodio de alguna de las dos formas de la enfermedad, se intenta atajarlo con fármacos, especialmente la manía (la depresión se trata farmacológicamente con más cuidado porque hay riesgo de virar a manía con los antidepresivos). Entre los episodios se toma un tratamiento de mantenimiento a base de medicamentos eutimizantes (que inducen la eutimia), como son las sales de litio o algunos fármacos que también se usan para la epilepsia (carbamazepina, ácido valproico, lamotrigina). Esos tratamientos requieren estrictos controles, puesto que pueden ser tóxicos si están en exceso, y completamente inútiles por defecto.
  • Psicoeducación: es muy importante que el paciente y su entorno conozcan en qué consiste el trastorno bipolar para que puedan reconocer los signos de que está sucediendo una descompensación y puedan actuar a tiempo, evitando que el asunto progrese y acudiendo a tiempo al psiquiatra para una atención especializada y adecuada al momento. Es capital que haya una buena relación médico-paciente, puesto que esto hará que el paciente confíe en el médico, y que a pesar de lo que le digan sus emociones alteradas ("Nadie puede ayudarme, porque soy insalvable." / "Estoy mejor que nunca, no necesito ayuda.") confíe en su médico cuando le dice que necesita ayuda.
  • Psicoterapia: la psicoterapia de apoyo, con su propio médico psiquiatra, o un psicólogo, o incluso su médico de Atención Primaria, permite al paciente vivir con su trastorno, exponer sus miedos y sus expectativas, y en definitiva, mejorar su calidad de vida y favorecer su salud mental. Por otra parte, la psicoterapia familiar extiende esta ayuda a todo el ambiente que rodea al paciente bipolar, ayudando a una buena comunicación, a limar las asperezas y poder poner las cartas sobre la mesa para saber cómo se puede actuar de la mejor forma, solucionando problemas y rompiendo con las dinámicas familiares negativas que solo consiguen agravar el problema mental del paciente y quizás incluso destruir la salud mental de sus familiares.

Bueno, pues esto ha sido, por el momento, mi rollaco de Psiquia, espero que guste y resulte útil, y cualquier pregunta o sugerencia, será bienvenidísima.

Fuentes:
  • Diapositivas de Psiquiatría, ULPGC, Prof. Dr. R. Touriño.
  • Wikipedia: Trastorno Bipolar
  • Introducción a la Psicopatología y la Psiquiatría, Julio Vallejo Ruiloba.
  • Manual de Psiquiatría, AMIR.

4 comentarios:

  1. Por cierto, esta misma paciente de la que te hablo, que estaba en fase maníaca, se formó unas historias que pa que, lo curioso es que tenían toda la coherencia del mundo! Vamos, que daba igual cómo la intentases pillar, siempre tenía explicación para todo! Me sorpendió que estuviesen hiladas al 100% a pesar de ser irreales.

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  2. @Manuel: Creo que tu comentario se ha cortado o algo, jeje. Es curioso eso que cuentas de un delirio tan bien hilado, porque no es lo más frecuente en pacientes maníacos (con eso de que se les vaya el baifo es difícil hilar los delirios con una coherencia tan fuerte), y más propio de la paranoia; así que debe ser un caso bastante interesante ^o^ (De los que nunca veo yo TT-TT)

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  3. Aunque aún no he tenido las prácticas de Psiquiatría (me tocan en el segundo cuatri) sí he tenido una guardia de Psiqui y una de las pacientes estaba en fase de manía... posiblemente en un par de días se fuera a casa (nunca entendí por qué había ingresado) y aún con sus trastorno bastante "activo" (por decirlo de alguna manera) estaba integrada perfectamente en la sociedad (tenía una consulta de medicinas alterantivas y por lo visto es super apreciada en la ciudad y se está forrando!)
    En fin voy a hacerle publi a tu post porque a mucha gente se le llena la boca con el trastorno bipolar, que ahora queda cool decirlo..
    Un beso!

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  4. @Nebu: ¡Muchas gracias! En cuanto a la paciente de la que hablas, pues siempre es bueno estar integrado, eso mejora el pronóstico de prácticamente todas las enfermedades psiquiátricas. Incluso teniendo sus brotes, seguramente los lleva mejor teniendo gente en la que apoyarse y que sean capaces de llevarla al médico cuando "se acelere", como decía un viejito bipolar de mis prácticas de Geriatría.

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