miércoles, 15 de febrero de 2012

Criptología médica - Psicopatología "for dummies" 1


Ya iba siendo hora de recuperar una de las secciones que más gustaban a los que leen el blog, así que he decidido reestrenar esto de la criptología médica con un par de cositas sobre psicopatología, o digamos, lo que puede ir mal en la cabecita nuestra.

Voy a dedicar esta primera entrada a lo que llamamos "contenido del pensamiento". El contenido del pensamiento es, dicho de forma simple, la respuesta a la pregunta: "¿En qué piensas?", es decir, son nuestras ideas, nuestros temores, lo que vemos y oímos en nuestra mente. Entonces, ¿qué es lo que puede ir mal en ella? Iré hablando de algunos términos, que puede que hayan oído, pero quizás no sabían lo que son exactamente, al menos cuando se habla de ello en lo que a salud mental se refiere. En concreto, me referiré a las ideas obsesivas y los delirios.

Ideas obsesivas
Muchas veces oímos hablar de obsesiones, de gente que "es obsesivo-compulsiva", o a la gente decir: "¡Es que estás obsesionado con esa cosa!". Hay algunos matices a lo que quiere decir exactamente la palabra "obsesión", así que para curarnos en salud, hablemos de ideas obsesivas.

La palabra "obsesión" tiene un origen muy interesante, y que explica muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de ideas obsesivas. En latín, obsessio significa "asedio", y es que eso es exactamente lo que hace una idea obsesiva con la psique de la persona que la padece. Una idea obsesiva es aquella que no abandona casi nunca el pensamiento de uno, y que suele ser algo que causa mucha ansiedad. Ya no solo porque las ideas sean desagradables, sino porque parece que cuanto más intenta uno dejar de pensar en ello más parece insistir en gobernar con total poder la mente, son sumamente agobiantes. Aquí es muy importante fijarse en que las ideas obsesivas generan —en principio— resistencia por parte de la persona; suelen ser ideas desagradables y absurdas que la persona que las tiene reconoce como tales, y sabe que no tiene por qué creer que son dignas de tener en cuenta, o sea que existe crítica hacia ellas, lo cual las diferencia, por ejemplo, de los delirios (de los que hablaré más abajo).

Son el ladrillo básico de una gran proporción de las neurosis, pero esto no significa que el hecho de que en la mente de una persona aparezca una idea obsesiva, sea necesariamente diagnosticado de un trastorno, ni neurótico ni psicótico, ni de ningún tipo. Es perfectamente normal, sobre todo cuando existen preocupaciones reales sobre asuntos personales, o ha sucedido algo que ponga nervioso a una persona, que tiendan a aparecer pensamientos desagradables con más frecuencia de lo habitual, y que parecen insistir en reclamar nuestra atención —"No voy a llegar a fin de mes.", "Esta hija mía sale demasiado, le va a pasar algo.", "Papá murió de esta enfermedad, y yo no me encuentro muy bien, ¿y si tengo eso?"—. En personas que tienen una personalidad que se caracterice por la ansiedad, esto es prácticamente la norma, y no tienen por qué ir más allá.

Harina de otro costal son el trastorno anancástico de la personalidad, o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), donde las obsesiones son centrales en la vida mental de esa persona, y pueden incluso dominar sus acciones y sus rutinas. Sobre todo el TOC requiere tratamiento, porque puede llegar a ser muy incapacitante. Quien haya visto la película Mejor Imposible, con Jack Nicholson, seguramente sepa ya que el protagonista tiene un TOC moderado-grave; igual que ocurre con el personaje de Emma Pillsbury (interpretado por Jayma Mays) en Glee.

Lo más habitual en las obsesiones (sobre todo las de las personas con TOC) suelen ser ideas de peligro propio o ajeno, de limpieza, de contenido religioso (blasfemias), y en algunos casos, la idea de que se va a perder el control y a cometer una atrocidad que uno no desea en absoluto.

Existe otro concepto, similar, que son las rumiaciones. No son exactamente ideas obsesivas, porque generan menos resistencia, y no parecen ser tan difíciles de aplacar, pero que sí es cierto que parecen estar ahí, como gusanillos que le carcomen a uno. Es frecuente verlo en las personas deprimidas, que comienzan a tener ideas insistentes relacionadas con su estado de ánimo. Es lo que, en lenguaje de andar por casa, se entiende por "un run-run".

Y para ejemplo, un pequeño caso inventado de un paciente obsesivo-compulsivo, para ver esto de las ideas obsesivas "en acción":
  • Mario es un hombre soltero de 30 años, trabaja como contable en la imprenta de su familia, y consulta porque se encuentra muy ansioso últimamente. Durante la entrevista, habla mucho del carácter algo áspero de su padre, que además últimamente le habla con menos delicadeza porque dice que le pone muy nervioso que tamborilee en la mesa de la oficina mientras los demás trabajan. Sale a relucir que quien le ha instado a consultar es su madre, que se ha fijado en que "ha cogido la manía", con cada vez mayor frecuencia, de golpear la mesa varias veces de forma secuencial con sus dedos mientras musita "uno, dos, tres, cuatro, cinco" con cada golpe de cada uno de sus dedos. Preguntándole al respecto, refiere que cada vez le resulta más difícil contener la idea de que en algún momento le gritará a su padre palabras horribles y le golpeará contra alguna de las máquinas de la imprenta. Aunque sabe perfectamente que él no lo haría, la idea no deja de aparecer en su cabeza, y le agobia especialmente, lo cual hace que no pueda controlar ese tamborileo que tanto molesta a su padre y preocupa a su madre, porque es la única forma que ha encontrado de deshacerse, aunque sea temporalmente, de tan desagradable imagen mental. También se ha visto haciéndolo los domingos en la iglesia, especialmente cuando le vienen a la cabeza ideas de subirse al altar y gritar blasfemias.

Delirios
La palabra delirio es una palabra que se utiliza muy ampliamente, pero de una forma muy vaga para referirse a la "locura", o a creencias falsas en general, o incluso a ese estado extraño que le sobreviene a algunas personas con la fiebre o algunas enfermedades. Pero en psicopatología se habla de delirio cuando existe una idea persistente, que no se corresponde con la realidad, y que nadie es capaz de combatir por la lógica ni por muchas explicaciones que se le hagan a la persona que lo está sufriendo, es decir, que es irreductible. Una diferencia fundamental con las obsesiones es que no generan resistencia, y no existe crítica.

Habitualmente, cuando aparecen delirios, estamos hablando de palabras mayores, y nos acercamos un poco más a la psicosis, puesto que éstas se definen en parte por la desconexión del psicótico de la realidad. De hecho, los delirios forman parte del cuadro de la esquizofrenia (paranoide, en especial), la paranoia (que, de hecho, se llama en las clasificaciones internacionales, trastorno por ideas delirantes persistentes) y a veces del trastorno bipolar, entre otras enfermedades.

Los delirios pueden estar muy bien estructurados, y ser aparentemente coherentes (lo cual no significa que sean realistas, simplemente que parecen tener una explicación sólida y minuciosa), lo cual es más propio de las personas con paranoia (a veces, sobre todo al principio, y para las personas cercanas al enfermo, pueden resultar incluso creíbles), o algo más vagos y mucho más rocambolescos e inconexos, como es habitual en la esquizofrenia paranoide o en el delirium (también conocido como "síndrome confusional agudo", que se ve con cierta frecuencia en las personas mayores cuando tienen infecciones o se les cambia la medicación).

Son temas habituales en los delirios:
  • Perjuicio o persecución: el tema clásico en la paranoia y la esquizofrenia paranoide. Conspiraciones, organizaciones secretas que intentan controlar y amenazar a la persona. En los paranoicos el delirio suele estar muy bien estructurado, identificando a determinadas personas y actividades con distintos cargos y tareas relacionadas con el interés desmesurado de esa entidad en la persona delirante. En los esquizofrénicos es frecuente que haya ideas de referencia (pensar que la televisión o los diarios hablan de uno), y muchas veces hablan de organizaciones gubernamentales o extraterrestres que instalan dispositivos en la casa, el trabajo o incluso el cuerpo del enfermo para controlar sus pensamientos.
  • Delirio erotomaníaco (o síndrome de Clerambault): un tema bastante curioso, tal que el enfermo cree que una persona (habitualmente un famoso o alguien superior a él de alguna forma) está enamorado de él y le manda mensajes sutiles a través de gestos que normalmente nadie interpretaría así. Incluso las muestras abiertas de rechazo son interpretadas de alguna manera para hacerlas cuadrar con la idea delirante ("Me ha puesto una denuncia por acoso porque es la única manera que tiene de demostrarme que le importo sin que su familia, que la tiene controlada, se lo impida.").
  • Delirio de grandeza: el habitual en la fase maníaca del trastorno bipolar, la persona cree ser alguien de gran estatus, bien por sus extraordinarias capacidades, por ser la reencarnación de algún personaje histórico grandioso (Alejandro Magno, Jesucristo, Napoleón, Hitler) o algún enviado divino o de alguna otra esfera más o menos sobrenatural con poder para hacer grandes cosas (buenas y/o malas) o solucionar los problemas del mundo.
  • Delirios de ruina o culpa: las ideas de ruina o culpa son frecuentes en la depresión mayor, y en ocasiones, ésta se agrava hasta convertirse en una depresión psicótica donde las ideas cobren una convicción delirante y el paciente se crea estar totalmente perdido en la miseria, o culpable de alguna atrocidad (creer ser culpable de la crisis económica, o de la muerte de personas que pueden ni siquiera conocerse).
  • Delirio hipocondriaco: es la convicción delirante de tener una enfermedad. Ocurre con cierta frecuencia en depresiones.
  • Delirio nihilista (de Cotard): puede verse como la expresión más grave de lo anterior, y es la creencia firme de estar muerto total o parcialmente (ha muerto el estómago o el intestino), lo cual puede motivar conductas raras (dejar de comer, no levantarse de la cama). Se ve en depresiones verdaderamente graves.
  • Delirio de Capgras: ocurre a veces en ancianos con demencia (Alzheimer y otras enfermedades similares), y creen que las personas conocidas que ve no son quienes son, sino impostores que han tomado la apariencia de sus conocidos.
  • Otros: a la hora de la verdad, dado que la imaginación humana da para mucho, podemos decir que hay tantos delirios como ideas, y no todos tienen por qué ser clasificables en estos grupos. En cualquier caso, si es un delirio, indica que algo está funcionando muy mal.
Aquí pongo dos ejemplos, uno de un delirio muy bien estructurado, de alguien con paranoia; y uno algo más rocambolesco, más propio de un esquizofrénico (además tiene otros síntomas de esta enfermedad):
  • Bernarda, de 60 años, viuda desde los 40, vive con cuatro de sus hijas en una finca con animales y tierras de labranza que no se cuidan desde hace tiempo. Es traída por su hija mayor después de que se viera implicada en una pelea con el alcalde de su localidad. Dice la hija que su madre siempre ha sido una mujer algo especial, muy rígida de carácter, y que ha conseguido con su intransigencia que sus 2 hijos más pequeños abandonen cualquier contacto con ella, especialmente desde la muerte del padre de los mismos; pero que últimamente cree que le pasa algo, porque "tiene una obsesión enfermiza con que el alcalde le está envenenando las tierras". Bernarda se resiste a que la vea el médico, puesto que lo que ella necesita es alguien que le ayude a evitar que el alcalde siga intoxicando sus tierras de labranza. Según su versión, el alcalde siempre ha tenido envidia de la bonanza económica de su familia, pero le tenía miedo a su marido, y por eso se había mantenido al margen, pero ahora que sabe que ella y sus hijas están solas, se dedica a envenenar el campo para que no crezca nada y que los animales se le mueran. Dice que el hombre tiene el apoyo de su partido y de muchos de los habitantes de la localidad, a los que ha prometido utilizar las tierras de su casa para construir un parque, así como una ayuda de 400 euros, lo cual ha oído por casualidad mientras caminaba por la plaza de su pueblo sin que los interlocutores supieran que ella estaba cerca. De hecho, al verla, se callaron y se alejaron de ella para que no conociera el complot. Además, los niños de la localidad tienen por costumbre ir a la verja principal de su finca a intentar saltarla, lo cual solo demuestra que saben que ahí habrá un parque y quieren probar el terreno. Sabe que las tierras están siendo sistemáticamente envenenadas por un reportaje televisivo que vio al respecto, y en concreto dice haber descubierto el veneno que utiliza, aunque no se lo sabe de memoria porque es un nombre muy raro, científico, pero que está dispuesta a traer a la consulta para ver si la pueden ayudar a hacer las determinaciones químicas necesarias para tener pruebas contra el alcalde.
  • Antonio, de 32 años, aparece en el Servicio de Urgencias traído por la policía después de que se dedicara a amenazar a su vecino, aporreando su puerta, exigiéndole que quitara las cámaras que ha puesto en todos y cada uno de los muebles de su casa. Aprovecha que está en el médico para suplicar que por favor le abran la cabeza para buscar lo que sea que le han instalado los superiores extraterrestres al servicio de los cuales está su vecino que le está haciendo escuchar cómo comentan todo lo que hace y dando impulsos que se distribuyen siguiendo "la cola del dragón" por todo su organismo y retuercen de forma sumamente desagradable sus órganos por la noche, impidiéndole dormir. Mientras está relatando sus problemas, se calla súbitamente, puesto que teme que esté diciendo cosas que los extraterrestres intercalan maliciosamente en su discurso a través de sus dispositivos extraños para difundir un mensaje secreto que puede dañar el cerebro de quienes lo oyen.
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Bueno, espero no haber sido muy cansino y que resulte interesante ^^ Cualquier pregunta, queja o sugerencia, ya saben ;)

2 comentarios:

  1. Tenemos en Ibiza una residente de psiquiatría (acaba este año) que tenía una duda durante la carrera: ¿cirugía o psiquiatría?
    Pensaba que ella era la única persona del mundo con esa duda, pero veo que no, que hay más gente que oscila entre esos dos polos (¿se pueden considerar como polos de un continuo o son categorías distintas? ¿es decir psiquiatría y cirugía son rollo blanco y negro con su escala de grises o son más bien como perro y basalto, dos cosas que no tiene nada que ver?)

    Por cierto sobre el delirio apuntar (en plan marisabidillo) que falta el componente cultural. En ciertas épocas y lugares pensar que tronaba porque Thor se había enfadado con el mundo no era delirio, era ciencia. El que hubiese hablado de cargas eléctricas en ese momento hubiese sido juzgado como delirante.
    La realidad es más blandita de lo que aparenta y tiene un punto de delirio compartido.
    Saludos

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  2. Cierto, no recordé ese detalle. Es que uno lo tiene ya automatizado de forma demasiado académica, jajaja.

    Yo sobre todo estoy entre la psiquiatría y la medicina interna. Últimamente pienso sobre todo en la segunda, porque después de todo, tendré mi "cupo de pacientes psiquiátricos", por decirlo de alguna manera. Después de todo, nadie parece querer hacerse responsables de ellos cuando tienen una enfermedad que no sea la mental. Pero bueno, todavía tengo tiempo. La semana que viene empezaré mis dos semanas de prácticas en la UIB de mi hospital y el año que viene, si sigo en mi dilema, en el rotatorio libre elegiré ir a Psiquiatría para salir de dudas pasando 6 semanitas en el servicio.

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