lunes, 20 de febrero de 2012

Iniciativa 24 horas, 24 posts


Desde el blog Cuidando.es celebran la segunda edición de su iniciativa "24 horas-24 post" por la visibilidad de los cuidados de enfermería. Este año hacen especial hincapié en el trabajo en equipo y el estrechamiento de la brecha digital. Sobre la brecha digital, prácticamente todos los que participamos de esta blogosfera sanitaria coincidimos en que los blogs, las redes sociales e Internet en general son herramientas fantásticas para complementar la formación, fomentar la comunicación e incluso contribuir a la organización en el ámbito sanitario —y muchos otros—.

Por mi parte, quiero hacer un especial homenaje al trabajo en equipo. Cuando un grupo de personas, especialmente de profesionales, trabajan juntos, se cumple el ideal que persigue el hecho de que existan distintas carreras formativas, distintas áreas de conocimiento y formas de aplicarlo: la cooperación. Esta cooperación enriquece a todas las partes implicadas, y cuando se lleva a cabo con un objetivo, éste es cumplido con mucha mejor calidad que si está enfocado desde un único punto de vista, o desde distintas miras que no comulgan entre ellas.

Yo no conocía esta iniciativa hasta hoy, y lo cierto es que me ha enamorado. Me ha resultado además muy curioso que llevo unos cuantos días dándole vueltas, por alguna razón que no conozco, pensando en mujeres importantes en la historia de las profesiones sanitarias, incluida la gran Florence Nightingale, la que plantó el germen de la enfermería como profesión y a la que hay que agradecer el nacimiento de los cuidados intensivos. Precisamente por esta concienciación que he ido cogiendo gracias a leer por ahí, gracias a dos de mis grandes amigos (casi enfermeros), y especialmente a la gente que encuentro en el hospital de prácticas, es que no puedo sino admirar el trabajo que hace el personal de enfermería, y desear que el trabajo en equipo, no solo entre ellos, sino entre todo el personal sanitario de cualquier institución dedicada a la salud, sea la norma.

Después de todo, éste es un blog de un estudiante, y hablo desde mi perspectiva y mi experiencia, con total seguridad, muy distinta a la que hay entre los profesionales; pero las cosas importantes se ven cuando caminas por los pasillos del hospital, con miedo de tocar algo que no puedes o de recibir una bronca. Como en cualquier lado, hay de todo, como en botica; pero muchas veces han sido los enfermeros más trabajadores los que, a pesar de verlos cargados de trabajo, controlando hasta el más pequeño detalle, han tenido el detalle de, viéndonos solos y abandonados por más de uno y más de dos médicos "responsables" de prácticas, guiarnos y enseñarnos cosas que no están en los libros, y que de no ser por ellos, jamás habría conocido.

Aprovechando esta iniciativa, aprovecho para agradecer esos detalles que me hacen tener fe en que la colaboración es más que un concepto abstracto y bonito del que alardear de forma vacía, en que puede ser y es una realidad.

¡Y recuerden! Durante todo el día de hoy, cada hora, un post en Cuidando.es

viernes, 17 de febrero de 2012

Duelo por el duelo "fisiológico" o la hiperpatologización de la tristeza


Tan literario título viene a cuento de que he leído hoy que el próximo Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido comúnmente como DSM; en concreto la 5ª edición, que saldrá, al parecer en mayo de 2013 —si el mayanismo escatológico lo permite— incluirá el duelo por la muerte de un ser querido como síntoma de depresión, entiéndase un criterio diagnóstico, y dará por diagnosticado de un episodio depresivo mayor a cualquier paciente cuyo duelo dure más de 2 semanas.

Debo reconocer de antemano, que no conozco exactamente los detalles de los nuevos criterios diagnósticos de la depresión mayor, pero solo estos datos me han hecho saltar las alarmas del miedo al hiperdiagnóstico. Llevo mucho tiempo en una cruzada personal por darle a la gente mi opinión personal al respecto de cómo en nuestra sociedad se han ido considerando como patológicas más y más circunstancias que, a mi ver, forman parte de la experiencia vital normal de cualquier animal.

En teoría, todos los animales, especialmente los mamíferos, que cuentan con cierto desarrollo de sus lóbulos frontales —especialmente los primates y no hablemos ya del Homo sapiens, aunque a veces no lo parezca— utilizan su sistema límbico en conjunción con ese lóbulo frontal del que hablo para desarrollar emociones, afectos y cogniciones que les permiten la adaptación al medio, en definitiva, la supervivencia y, parcialmente, su ventaja evolutiva sobre los animales extintos que se han quedado en el camino.

Las emociones, de una forma metafórica, son como los colores de la paleta con la que el cerebro pinta nuestra experiencia vital, y entre ellas, está una que es la tristeza. ¿Acaso estar triste no es normal? ¿Acaso perder a un ser querido no es un motivo normal para encontrarse desanimado, solitario, arruinado y lloroso? Sí, por supuesto que la felicidad es maravillosa, el día parece brillar más, las cosas parecen tomar más volumen ante nuestros ojos cuando nuestra felicidad nos permite prestarles más atención, pero, ¿por qué la tristeza está tan estigmatizada y marginada?

De un tiempo a esta parte, hemos visto cómo se incluyen dentro de la esfera de lo necesitado de atención sanitaria cada vez más cosas: el envejecimiento, el estrés, la fealdad, "la línea"... Todos pedimos "vacunas" para cualquier cosa, o cuanto menos un tratamiento eficaz que me quite la resaca tras una cogorza, o que "levante mis contornos y rellene mis arrugas, reafirmando la estructura de la piel y dándole un brillo que nunca ha tenido", para parecernos a Jane Fonda, "que aunque no lo parezca", tiene 74 años. La tristeza hace tiempo que se ha ido viendo asediada por la publicidad y la opinión popular, pero ahora parece que incluso los profesionales sucumben a la necesidad de pintar una sonrisa en la cara de todo el mundo.

Y yo me pongo triste, y me parece la reacción normal. Me pongo triste porque muere la tristeza fisiológica, si esto que he leído es verdad. Porque un diagnóstico de depresión mayor significa más o menos un año a paroxetinas o citaloprames, que ya se dan como caramelos en tu farmacia más cercana. Muere, en cierta forma, el derecho a ponerse triste sin que eso sea parte de la vida.

Personalmente, cuando se muera algún familiar mío, ¡no teman que me acabe suicidando o creyendo un demonio de tristeza! Al menos no después de dos semanas, al menos no si digo que "creo que podré con ello", al menos no si tras esas dos semanas no estoy yendo cuesta abajo en una espiral emocional descendente que no me deje levantarme, ni comer, ni trabajar, ni soñar, ni vivir en absoluto.

Y lo que no quiero para mí, yo no lo querría para otros. Un duelo de más de dos semanas, no tiene por qué ser necesariamente un duelo patológico. Quizás hace falta un poco menos de "criterios" y algo más de criterio. Mirar a los ojos, escuchar y valorar con conocimiento de causa; que por suerte, los pacientes todavía son más que elementos de un conjunto, con su código de barras, y su pequeña cajita en la que ser clasificados.




PD: He decidido inaugurar una categoría de entradas: "Johnny - La gente está muy loka", porque cada día me queda más claro que la gente está muy mal, y no hablo precisamente de pacientes psiquiátricos, sino de la gente que se dedica a organizar países, clasificaciones médicas internacionales y cosas así XD

miércoles, 15 de febrero de 2012

Criptología médica - Psicopatología "for dummies" 1


Ya iba siendo hora de recuperar una de las secciones que más gustaban a los que leen el blog, así que he decidido reestrenar esto de la criptología médica con un par de cositas sobre psicopatología, o digamos, lo que puede ir mal en la cabecita nuestra.

Voy a dedicar esta primera entrada a lo que llamamos "contenido del pensamiento". El contenido del pensamiento es, dicho de forma simple, la respuesta a la pregunta: "¿En qué piensas?", es decir, son nuestras ideas, nuestros temores, lo que vemos y oímos en nuestra mente. Entonces, ¿qué es lo que puede ir mal en ella? Iré hablando de algunos términos, que puede que hayan oído, pero quizás no sabían lo que son exactamente, al menos cuando se habla de ello en lo que a salud mental se refiere. En concreto, me referiré a las ideas obsesivas y los delirios.

Ideas obsesivas
Muchas veces oímos hablar de obsesiones, de gente que "es obsesivo-compulsiva", o a la gente decir: "¡Es que estás obsesionado con esa cosa!". Hay algunos matices a lo que quiere decir exactamente la palabra "obsesión", así que para curarnos en salud, hablemos de ideas obsesivas.

La palabra "obsesión" tiene un origen muy interesante, y que explica muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de ideas obsesivas. En latín, obsessio significa "asedio", y es que eso es exactamente lo que hace una idea obsesiva con la psique de la persona que la padece. Una idea obsesiva es aquella que no abandona casi nunca el pensamiento de uno, y que suele ser algo que causa mucha ansiedad. Ya no solo porque las ideas sean desagradables, sino porque parece que cuanto más intenta uno dejar de pensar en ello más parece insistir en gobernar con total poder la mente, son sumamente agobiantes. Aquí es muy importante fijarse en que las ideas obsesivas generan —en principio— resistencia por parte de la persona; suelen ser ideas desagradables y absurdas que la persona que las tiene reconoce como tales, y sabe que no tiene por qué creer que son dignas de tener en cuenta, o sea que existe crítica hacia ellas, lo cual las diferencia, por ejemplo, de los delirios (de los que hablaré más abajo).

Son el ladrillo básico de una gran proporción de las neurosis, pero esto no significa que el hecho de que en la mente de una persona aparezca una idea obsesiva, sea necesariamente diagnosticado de un trastorno, ni neurótico ni psicótico, ni de ningún tipo. Es perfectamente normal, sobre todo cuando existen preocupaciones reales sobre asuntos personales, o ha sucedido algo que ponga nervioso a una persona, que tiendan a aparecer pensamientos desagradables con más frecuencia de lo habitual, y que parecen insistir en reclamar nuestra atención —"No voy a llegar a fin de mes.", "Esta hija mía sale demasiado, le va a pasar algo.", "Papá murió de esta enfermedad, y yo no me encuentro muy bien, ¿y si tengo eso?"—. En personas que tienen una personalidad que se caracterice por la ansiedad, esto es prácticamente la norma, y no tienen por qué ir más allá.

Harina de otro costal son el trastorno anancástico de la personalidad, o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), donde las obsesiones son centrales en la vida mental de esa persona, y pueden incluso dominar sus acciones y sus rutinas. Sobre todo el TOC requiere tratamiento, porque puede llegar a ser muy incapacitante. Quien haya visto la película Mejor Imposible, con Jack Nicholson, seguramente sepa ya que el protagonista tiene un TOC moderado-grave; igual que ocurre con el personaje de Emma Pillsbury (interpretado por Jayma Mays) en Glee.

Lo más habitual en las obsesiones (sobre todo las de las personas con TOC) suelen ser ideas de peligro propio o ajeno, de limpieza, de contenido religioso (blasfemias), y en algunos casos, la idea de que se va a perder el control y a cometer una atrocidad que uno no desea en absoluto.

Existe otro concepto, similar, que son las rumiaciones. No son exactamente ideas obsesivas, porque generan menos resistencia, y no parecen ser tan difíciles de aplacar, pero que sí es cierto que parecen estar ahí, como gusanillos que le carcomen a uno. Es frecuente verlo en las personas deprimidas, que comienzan a tener ideas insistentes relacionadas con su estado de ánimo. Es lo que, en lenguaje de andar por casa, se entiende por "un run-run".

Y para ejemplo, un pequeño caso inventado de un paciente obsesivo-compulsivo, para ver esto de las ideas obsesivas "en acción":
  • Mario es un hombre soltero de 30 años, trabaja como contable en la imprenta de su familia, y consulta porque se encuentra muy ansioso últimamente. Durante la entrevista, habla mucho del carácter algo áspero de su padre, que además últimamente le habla con menos delicadeza porque dice que le pone muy nervioso que tamborilee en la mesa de la oficina mientras los demás trabajan. Sale a relucir que quien le ha instado a consultar es su madre, que se ha fijado en que "ha cogido la manía", con cada vez mayor frecuencia, de golpear la mesa varias veces de forma secuencial con sus dedos mientras musita "uno, dos, tres, cuatro, cinco" con cada golpe de cada uno de sus dedos. Preguntándole al respecto, refiere que cada vez le resulta más difícil contener la idea de que en algún momento le gritará a su padre palabras horribles y le golpeará contra alguna de las máquinas de la imprenta. Aunque sabe perfectamente que él no lo haría, la idea no deja de aparecer en su cabeza, y le agobia especialmente, lo cual hace que no pueda controlar ese tamborileo que tanto molesta a su padre y preocupa a su madre, porque es la única forma que ha encontrado de deshacerse, aunque sea temporalmente, de tan desagradable imagen mental. También se ha visto haciéndolo los domingos en la iglesia, especialmente cuando le vienen a la cabeza ideas de subirse al altar y gritar blasfemias.

Delirios
La palabra delirio es una palabra que se utiliza muy ampliamente, pero de una forma muy vaga para referirse a la "locura", o a creencias falsas en general, o incluso a ese estado extraño que le sobreviene a algunas personas con la fiebre o algunas enfermedades. Pero en psicopatología se habla de delirio cuando existe una idea persistente, que no se corresponde con la realidad, y que nadie es capaz de combatir por la lógica ni por muchas explicaciones que se le hagan a la persona que lo está sufriendo, es decir, que es irreductible. Una diferencia fundamental con las obsesiones es que no generan resistencia, y no existe crítica.

Habitualmente, cuando aparecen delirios, estamos hablando de palabras mayores, y nos acercamos un poco más a la psicosis, puesto que éstas se definen en parte por la desconexión del psicótico de la realidad. De hecho, los delirios forman parte del cuadro de la esquizofrenia (paranoide, en especial), la paranoia (que, de hecho, se llama en las clasificaciones internacionales, trastorno por ideas delirantes persistentes) y a veces del trastorno bipolar, entre otras enfermedades.

Los delirios pueden estar muy bien estructurados, y ser aparentemente coherentes (lo cual no significa que sean realistas, simplemente que parecen tener una explicación sólida y minuciosa), lo cual es más propio de las personas con paranoia (a veces, sobre todo al principio, y para las personas cercanas al enfermo, pueden resultar incluso creíbles), o algo más vagos y mucho más rocambolescos e inconexos, como es habitual en la esquizofrenia paranoide o en el delirium (también conocido como "síndrome confusional agudo", que se ve con cierta frecuencia en las personas mayores cuando tienen infecciones o se les cambia la medicación).

Son temas habituales en los delirios:
  • Perjuicio o persecución: el tema clásico en la paranoia y la esquizofrenia paranoide. Conspiraciones, organizaciones secretas que intentan controlar y amenazar a la persona. En los paranoicos el delirio suele estar muy bien estructurado, identificando a determinadas personas y actividades con distintos cargos y tareas relacionadas con el interés desmesurado de esa entidad en la persona delirante. En los esquizofrénicos es frecuente que haya ideas de referencia (pensar que la televisión o los diarios hablan de uno), y muchas veces hablan de organizaciones gubernamentales o extraterrestres que instalan dispositivos en la casa, el trabajo o incluso el cuerpo del enfermo para controlar sus pensamientos.
  • Delirio erotomaníaco (o síndrome de Clerambault): un tema bastante curioso, tal que el enfermo cree que una persona (habitualmente un famoso o alguien superior a él de alguna forma) está enamorado de él y le manda mensajes sutiles a través de gestos que normalmente nadie interpretaría así. Incluso las muestras abiertas de rechazo son interpretadas de alguna manera para hacerlas cuadrar con la idea delirante ("Me ha puesto una denuncia por acoso porque es la única manera que tiene de demostrarme que le importo sin que su familia, que la tiene controlada, se lo impida.").
  • Delirio de grandeza: el habitual en la fase maníaca del trastorno bipolar, la persona cree ser alguien de gran estatus, bien por sus extraordinarias capacidades, por ser la reencarnación de algún personaje histórico grandioso (Alejandro Magno, Jesucristo, Napoleón, Hitler) o algún enviado divino o de alguna otra esfera más o menos sobrenatural con poder para hacer grandes cosas (buenas y/o malas) o solucionar los problemas del mundo.
  • Delirios de ruina o culpa: las ideas de ruina o culpa son frecuentes en la depresión mayor, y en ocasiones, ésta se agrava hasta convertirse en una depresión psicótica donde las ideas cobren una convicción delirante y el paciente se crea estar totalmente perdido en la miseria, o culpable de alguna atrocidad (creer ser culpable de la crisis económica, o de la muerte de personas que pueden ni siquiera conocerse).
  • Delirio hipocondriaco: es la convicción delirante de tener una enfermedad. Ocurre con cierta frecuencia en depresiones.
  • Delirio nihilista (de Cotard): puede verse como la expresión más grave de lo anterior, y es la creencia firme de estar muerto total o parcialmente (ha muerto el estómago o el intestino), lo cual puede motivar conductas raras (dejar de comer, no levantarse de la cama). Se ve en depresiones verdaderamente graves.
  • Delirio de Capgras: ocurre a veces en ancianos con demencia (Alzheimer y otras enfermedades similares), y creen que las personas conocidas que ve no son quienes son, sino impostores que han tomado la apariencia de sus conocidos.
  • Otros: a la hora de la verdad, dado que la imaginación humana da para mucho, podemos decir que hay tantos delirios como ideas, y no todos tienen por qué ser clasificables en estos grupos. En cualquier caso, si es un delirio, indica que algo está funcionando muy mal.
Aquí pongo dos ejemplos, uno de un delirio muy bien estructurado, de alguien con paranoia; y uno algo más rocambolesco, más propio de un esquizofrénico (además tiene otros síntomas de esta enfermedad):
  • Bernarda, de 60 años, viuda desde los 40, vive con cuatro de sus hijas en una finca con animales y tierras de labranza que no se cuidan desde hace tiempo. Es traída por su hija mayor después de que se viera implicada en una pelea con el alcalde de su localidad. Dice la hija que su madre siempre ha sido una mujer algo especial, muy rígida de carácter, y que ha conseguido con su intransigencia que sus 2 hijos más pequeños abandonen cualquier contacto con ella, especialmente desde la muerte del padre de los mismos; pero que últimamente cree que le pasa algo, porque "tiene una obsesión enfermiza con que el alcalde le está envenenando las tierras". Bernarda se resiste a que la vea el médico, puesto que lo que ella necesita es alguien que le ayude a evitar que el alcalde siga intoxicando sus tierras de labranza. Según su versión, el alcalde siempre ha tenido envidia de la bonanza económica de su familia, pero le tenía miedo a su marido, y por eso se había mantenido al margen, pero ahora que sabe que ella y sus hijas están solas, se dedica a envenenar el campo para que no crezca nada y que los animales se le mueran. Dice que el hombre tiene el apoyo de su partido y de muchos de los habitantes de la localidad, a los que ha prometido utilizar las tierras de su casa para construir un parque, así como una ayuda de 400 euros, lo cual ha oído por casualidad mientras caminaba por la plaza de su pueblo sin que los interlocutores supieran que ella estaba cerca. De hecho, al verla, se callaron y se alejaron de ella para que no conociera el complot. Además, los niños de la localidad tienen por costumbre ir a la verja principal de su finca a intentar saltarla, lo cual solo demuestra que saben que ahí habrá un parque y quieren probar el terreno. Sabe que las tierras están siendo sistemáticamente envenenadas por un reportaje televisivo que vio al respecto, y en concreto dice haber descubierto el veneno que utiliza, aunque no se lo sabe de memoria porque es un nombre muy raro, científico, pero que está dispuesta a traer a la consulta para ver si la pueden ayudar a hacer las determinaciones químicas necesarias para tener pruebas contra el alcalde.
  • Antonio, de 32 años, aparece en el Servicio de Urgencias traído por la policía después de que se dedicara a amenazar a su vecino, aporreando su puerta, exigiéndole que quitara las cámaras que ha puesto en todos y cada uno de los muebles de su casa. Aprovecha que está en el médico para suplicar que por favor le abran la cabeza para buscar lo que sea que le han instalado los superiores extraterrestres al servicio de los cuales está su vecino que le está haciendo escuchar cómo comentan todo lo que hace y dando impulsos que se distribuyen siguiendo "la cola del dragón" por todo su organismo y retuercen de forma sumamente desagradable sus órganos por la noche, impidiéndole dormir. Mientras está relatando sus problemas, se calla súbitamente, puesto que teme que esté diciendo cosas que los extraterrestres intercalan maliciosamente en su discurso a través de sus dispositivos extraños para difundir un mensaje secreto que puede dañar el cerebro de quienes lo oyen.
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Bueno, espero no haber sido muy cansino y que resulte interesante ^^ Cualquier pregunta, queja o sugerencia, ya saben ;)

viernes, 3 de febrero de 2012

El sabor del aire


Aún se oía el rumor de las preguntas y las respuestas, en algún rincón de mi cabeza. Aún notaba las pequeñas punzadas de dolor del cuello tenso y cansado. Aún llevaba el peso de mis bártulos pendiendo de mi hombro. Aún estaba entre aquellas paredes que se han ido convirtiendo en una cárcel. Aún las nubes blancas parecían pesadas, ejerciendo una extraña presión sobre todo mi cuerpo.

Pero había algo distinto: el brillo de la luz, la sonrisa resbaladiza que se me escapaba, el sabor del aire. Y es que en todo ello podía percibir una victoria: la de ser libre.

PD: ¡¡He terminado los exámenes de esta convocatoria!! Y el lunes, a por el segundo cuatrimestre. Si es que... XD

miércoles, 1 de febrero de 2012

Criptología Médica - Trastorno bipolar


Al final, el examen al que me refería en mi anterior entrada me ha salido fantásticamente, y lo cierto es que me ha dado un subidón tremendo ver que el hecho de que me encante una asignatura, como es el caso de la Psiquiatría, y el haber tenido la constancia de habérmelo mirado un poco todos los días y haber repasado en un sprint final me han servido para llegar al 10. Ciertamente, es muy gratificante. Y precisamente por ese subidón "psiquiatrófilo", y porque me la he aprendido un poco al dedillo, que estoy a la vez muy receptivo a las referencias que se hacen por ahí y con muchas ganas de hablar del tema. Pues en vez de comerle la cabeza a mi familia con cosas que no les interesa, he decidido aprovecharlo para darle algo más de vidilla al blog.


El trastorno bipolar

He oído y leído últimamente a mucha gente hablar del término de "bipolaridad" y "trastorno bipolar" en chistes y comparaciones, pero parece que la gente no tiene muy claro qué es. Muchas veces se confunde con el hecho de que una persona cambie rápidamente de opiniones y pareceres, y esto no es propio del trastorno bipolar, sino más de algunas personalidades inmaduras —incluso trastornos de personalidad— o trastornos de ansiedad —donde la duda es habitualmente el centro de la vida psíquica de quien lo sufre—. Otras veces, la gente parece entender que el trastorno bipolar es lo que se conoce habitualmente como "trastorno de personalidad múltiple" o "doble personalidad", y no hay nada más lejos de la realidad, aunque pueda dar la impresión en algunos momentos. Este último trastorno, quizás por la confusión que genera el usar la palabra "personalidad" se ha tenido a bien rebautizar como trastorno de identidad disociativo, es una enfermedad que no se ha diagnosticado casi nunca fuera de los Estados Unidos, y muchos psiquiatras dudan de su existencia. En cualquier caso, se clasifica dentro de un grupo de trastornos totalmente distintos al bipolar —los trastornos disociativos—.

Bueno, pues entonces, ¿qué es?
El trastorno bipolar se debe llamar, para evitar equívocos, trastorno afectivo bipolar (TAB), puesto que lo que se ve alterado son los afectos, o dicho de otras forma, el estado de ánimo. Hace un tiempo, se le llamaba psicosis maníaco-depresiva, que era un término bastante más descriptivo, pero que se ha ido abandonando para evitar connotaciones y ser más académico a la hora de catalogar las enfermedades.

El problema en el trastorno afectivo bipolar es, por tanto, la alteración del estado de ánimo, y de forma simple, se basa en que la persona afectada pasa por episodios de humor exaltado (manía) y humor deprimido (depresión), que son de una duración variable y que tienden a alternarse (no siempre sucede así de forma matemática). Entremedias puede haber momentos de humor normal (eutimia).

¿Qué lo causa?
Pues lo cierto es que, como en la mayor parte de los casos en Psiquiatría, no se sabe exactamente cuál es la causa. En cualquier caso, está claro que es un proceso con base orgánica, y no nace —al menos exclusivamente— del aprendizaje, ni de la educación, ni de las experiencias vividas (aunque todo esto puede afectar a la aparición y el curso de la enfermedad). Existen varias teorías acerca de determinados neurotransmisores (sustancias químicas que conectan las neuronas de nuestro cerebro) cuyo funcionamiento o cantidad podría estar alterado. En cualquier caso, es importante (y hablaré de ello en el tratamiento), a pesar de que suela tratarse con sales de litio, que no se debe a un déficit de litio, como alguna gente cree y acaba buscando suplementos y remedios extraños (como Araceli Madariaga, de La Que Se Avecina, con sus remedios alternativos) para prevenir el trastorno bipolar o los cambios del estado de ánimo.

Es el trastorno psiquiátrico más relacionado con la genética de todos, tal que los familiares en primer grado de una persona con TAB tienen una probabilidad notablemente mayor que el resto de la gente de padecerla.

Como en muchas enfermedades mentales, los sucesos vitales pueden precipitar la aparición de este trastorno, y es especialmente frecuente que en algunas mujeres bipolares la enfermedad comience después del primer parto, generalmente con un episodio de manía, y que desde ahí la enfermedad permanezca como una condición crónica. Esto probablemente se deba a los cambios fisiológicos del fin del embarazo (hormonales, sobre todo) y en parte también al estrés psicológico por el que pasa la madre ante el cambio trascendental de sus circunstancias vitales, que ayudaría a que el estado de ánimo se viera más afectado aún.

¿En qué consiste eso de la manía y la depresión?
Me atrevería a decir que la depresión la conocemos todos bastante bien. La depresión mayor, por sí sola, es una enfermedad muy muy común, y a pocos se nos escapa lo que debe ser la sensación de tristeza, desánimo e inutilidad que pasan por la cabeza de un paciente depresivo. La depresión de los pacientes con trastorno bipolar no se diferencia en esencia de la depresión habitual (o unipolar), aunque en la bipolar tiende a haber más matices atípicos (en comparación con la depresión unipolar), como es que suele haber más somnolencia, o aumentan el apetito y el peso...

La verdadera desconocida para los profanos en estos misterios extraños de la cabecita humana (XD) es la manía. Sí, todos nos hemos sentido felices, muy felices, ¿verdad? ¿Y qué hay de malo en ello? La felicidad es el objetivo vital del Siglo XXI, ¿no? Bien, pues imaginemos la felicidad como agua que llena un vaso. Imaginémosla ahora cayendo a raudales, el vaso se rebosa, se resbala y puede acabar cayéndose y rompiéndose. Pues básicamente, así funciona la manía. Se trata de un estado en el que el paciente afectado tiene un humor tan exaltado que se le va de las manos. Se caracteriza por varias cosas:
  • Insomnio: Los pacientes en un episodio maníaco duermen poco, su cerebro está tan activo que pierden la sensación de sueño y se levantan, habitualmente con ideas fantásticas sobre algún tipo de cosa de su interés que no tardan en escribir en algún sitio o salir a poner en práctica. Tiende a ser la primera manifestación de un episodio maníaco, y es importante educar al paciente y a su familia en reconocerlo para actuar cuanto antes y evitar males mayores.
  • Euforia: Es lo que caracteriza a la manía. Lejos de darse cuenta de que su estado de ánimo está fuera de la normalidad, estos pacientes "están mejor que nunca". Se ríen con mucha facilidad y de forma que puede resultar contagiosa al principio; y parecen desarrollar en muchos casos una astucia para hacer juegos de palabras, chistes y apreciaciones, que en ocasiones puede llegar a ser invasiva y hasta agobiante para las personas de alrededor. Hay casos, sin embargo, en los que los síntomas maníacos se mezclan con los depresivos, y hay un humor ambiguo o fácilmente alterable (labilidad afectiva).
  • Alteraciones del contenido del pensamiento ("qué piensa"): Es característico que los pacientes bipolares experimenten, durante sus episodios maníacos, una gran creatividad e iniciativa a la hora de idear planes, y a veces se pierden en ideas rocambolescas de solución de los problemas del mundo. Pueden llegar a creerse invencibles y ajenos a cualquier adversidad, y esto lleva muchas veces a conductas peligrosas como abuso de drogas, compras y endeudamientos irreflexivos, y en casos graves agresividad hacia uno mismo o los demás. En episodios maníacos especialmente graves, pueden aparecer delirios (ideas fijas, que nadie sería capaz de quitarles de la cabeza, y que no se corresponden con la realidad) de grandeza (ser un enviado divino, un salvador del mundo o alguien completamente invencible) o de perjuicio (los demás quieren arrebatarles su buen humor, sus ideas y/o su grandeza); e incluso alucinaciones (generalmente auditivas).
  • Alteraciones del curso del pensamiento ("cómo piensa") y del habla: Como decía arriba, los bipolares piensan demasiado y muy rápido, es como si alguien les hubiera quitado el pedal de freno y hubiera una losa enorme sobre el acelerador. Por eso, suelen distraerse mucho, y trabarse al hablar. Es característica la fuga de ideas, puesto que el pensamiento "se aturulla" y las ideas "se atropellan", así que es frecuente que, mientras el paciente habla de un tema, de pronto se trabe, se quede callado, y cambie de tema porque no recuerda de qué estaba hablando. A veces no es tan brusco, sino que van cambiando de tema rápidamente, al hilo de la velocidad con la que surgen ideas en su mente.
  • Hiperactividad psicomotriz: Muchas veces, les cuesta estarse quietos en un mismo sitio, y tienden a moverse mientras hablan, a gesticular mucho, a ser exagerados en sus expresiones, y a curiosear cualquier cosa que haya por los alrededores. Por esto es recomendable entrevistarse con estos pacientes en un sitio que no tenga muchas distracciones (lo cual es sumamente difícil, porque es raro que un paciente maníaco no encuentre con qué distraerse, aunque sea el color desigual de los botones de la bata). A veces puede ocurrir que el paciente entre en un estado de agitación psicomotriz o agresividad (al hilo de la agresividad, Mar ha publicado en su "Los miércoles Psicología" una miniguía sobre cómo actuar con alguien agresivo; se refiere esencialmente a la agresividad verbal, pero apunta también qué hacer cuando aparece la agresividad física).
En determinadas personas y ocasiones, podemos hablar de hipomanía, que es un estado de euforia de menor intensidad. Es característico del subtipo II del TAB, en el que las depresiones suelen ser de más gravedad.

Existen personas que muestran una fluctuación habitual del estado de ánimo, pasando de la hipomanía relativamente prolongada, a una pequeña depresión (o distimia) de duración equiparable, y que suelen asociarse a bastante ansiedad. Ésta es una "versión neurótica", por decirlo de alguna manera, del TAB, y se conoce como ciclotimia. En estos casos, suele deberse más al aprendizaje y la configuración de la personalidad que a una enfermedad orgánica.

Y por último, ¿que es eso de la eutimia? Pues la eutimia es el estado de ánimo normal. ¿Qué se entiende como normal? Un estado de ánimo que permita la vida normal, que es como solemos estar la mayoría de las personas la mayor parte del tiempo. Esto no significa que no sea normal ponerse triste o feliz, ¡al contrario! Lo importante es que el estado de ánimo se adapte a las circunstancias para permitirnos experimentar la vida y crear conductas y cogniciones (pensamientos) que nos permitan estar preparados para el futuro. Es normal entristecerse con la muerte de un ser querido, igual que es perfectamente normal sentirse fantásticamente y orgulloso cuando uno consigue una victoria de cualquier tipo.

¿Se relaciona con otras cosas?
Se suele relacionar con otras enfermedades psicológicas, las más habituales son:
  • Trastornos de personalidad: Los pacientes bipolares, especialmente si no tienen un buen tratamiento que les ayude a manejar sus emociones (que no dejan de ser el "color" de las lentes a través de las que ven el mundo y aprenden a vivir en él) o un buen apoyo social y familiar, suelen desarrollar personalidades que no se adaptan del todo al entorno y que son inflexibles. (Ya haré algún post sobre la personalidad y los trastornos de la misma).
  • Abuso de sustancias: Especialmente por su impulsividad en la fase maníaca, o por una búsqueda de alivio durante las fases depresivas, es relativamente frecuente que abusen de sustancias como el alcohol, otras drogas, y medicamentos (ansiolíticos).
¿Cómo se trata?
Pues hay dos pilares fundamentales del tratamiento: la medicación y la psicoeducación. Además, es útil complementarlo con psicoterapia de apoyo y/o familiar.
  • Medicación: hay que diferenciar la que se da en las fases maníaca y depresiva, y la que se da como mantenimiento. Cuando aparece un episodio de alguna de las dos formas de la enfermedad, se intenta atajarlo con fármacos, especialmente la manía (la depresión se trata farmacológicamente con más cuidado porque hay riesgo de virar a manía con los antidepresivos). Entre los episodios se toma un tratamiento de mantenimiento a base de medicamentos eutimizantes (que inducen la eutimia), como son las sales de litio o algunos fármacos que también se usan para la epilepsia (carbamazepina, ácido valproico, lamotrigina). Esos tratamientos requieren estrictos controles, puesto que pueden ser tóxicos si están en exceso, y completamente inútiles por defecto.
  • Psicoeducación: es muy importante que el paciente y su entorno conozcan en qué consiste el trastorno bipolar para que puedan reconocer los signos de que está sucediendo una descompensación y puedan actuar a tiempo, evitando que el asunto progrese y acudiendo a tiempo al psiquiatra para una atención especializada y adecuada al momento. Es capital que haya una buena relación médico-paciente, puesto que esto hará que el paciente confíe en el médico, y que a pesar de lo que le digan sus emociones alteradas ("Nadie puede ayudarme, porque soy insalvable." / "Estoy mejor que nunca, no necesito ayuda.") confíe en su médico cuando le dice que necesita ayuda.
  • Psicoterapia: la psicoterapia de apoyo, con su propio médico psiquiatra, o un psicólogo, o incluso su médico de Atención Primaria, permite al paciente vivir con su trastorno, exponer sus miedos y sus expectativas, y en definitiva, mejorar su calidad de vida y favorecer su salud mental. Por otra parte, la psicoterapia familiar extiende esta ayuda a todo el ambiente que rodea al paciente bipolar, ayudando a una buena comunicación, a limar las asperezas y poder poner las cartas sobre la mesa para saber cómo se puede actuar de la mejor forma, solucionando problemas y rompiendo con las dinámicas familiares negativas que solo consiguen agravar el problema mental del paciente y quizás incluso destruir la salud mental de sus familiares.

Bueno, pues esto ha sido, por el momento, mi rollaco de Psiquia, espero que guste y resulte útil, y cualquier pregunta o sugerencia, será bienvenidísima.

Fuentes:
  • Diapositivas de Psiquiatría, ULPGC, Prof. Dr. R. Touriño.
  • Wikipedia: Trastorno Bipolar
  • Introducción a la Psicopatología y la Psiquiatría, Julio Vallejo Ruiloba.
  • Manual de Psiquiatría, AMIR.