sábado, 14 de enero de 2012

Diagnóstico de la formación médica


Vuelvo de mi ausencia por un rato, y lo hago con un tema que quizás sea un pelín polémico —quizás no, vete tú a saber—, y es mi visión del enfoque que tiene, al menos en este país, la formación sanitaria; en concreto la médica, que es la que me toca de cerca.

Ahora que con las agencias financieras estas tan famosas en esta distopía tecnocráctica que se va gestando poco a poco en Europa está de moda esto de calificar las cosas, y a sabiendas de que no tengo ni idea de cómo van las notas que les pone esta gente a los bancos y los estados, lo haré con las que todos conocemos y, personalmente, le quiero poner un aprobado. Un aprobado, porque funcionar se ve que funciona, pero desde luego, no creo que funcione de forma ni mucho menos óptima.

Terminé ayer mi rotación en Geriatría, y fue con el profesor de prácticas, con quien me puse a pensar en estos detalles, y me alegró saber que él estaba de acuerdo con mi pensamiento, puesto que él habla desde un conocimiento mucho más cercano y real que el que tengo yo de la práctica médica cotidiana.

¿Qué es lo que le falta a la formación de los médicos en este país? Pues creo que el problema fundamental son la humildad y el sentido común, que brillan por su ausencia. Quizás es porque yo soy un firme amante y defensor de los médicos generalistas, todos ellos, pero creo que uno de los principales problemas en la formación de médicos generales y especialistas es la compartimentación estanca de las competencias. El hecho de que existan textos en el BOE que digan exactamente aquello en lo que debe estar formado cada profesional, y que las especialidades estén diseñadas como lo están actualmente, hace que exista una división antinatural de la medicina y la cirugía, donde los campos se solapan, pero pocos son capaces de asimilar realmente esos solapamientos. Que sí, que los saben, y que colaboran, pero, ¿cuántas veces no hemos escuchado los estudiantes en las prácticas esas discusiones de "esto es tuyo, esto es mío"? ¿Cuántas interconsultas no se harán por un mismo paciente, que acaban en cambios de tratamiento un día sí y un día también? A lo mejor es porque vengo de Geriatría, pero es que he visto cómo cambiar el tratamiento a una persona mayor le desordena todo el organismo con una facilidad que da auténtico miedo.

Yo creo que existe un sujeto fundamental en la práctica de la medicina y la cirugía, y es el paciente en todo su conjunto. El aparato de estructura ininterrumpida que conforman el paciente como cuerpo, mente y ente social; y sus problemas de salud. Y creo que es importante insistir en el hecho de que es un conjunto, continuo e ininterrumpido. Y sí, se habla mucho de esto, del modelo bio-psico-social, pero, ¿llegan a algo esas palabras si después hay que estar haciendo mediciones exactas a ver en qué momento exacto el paciente viudo y con unos hijos que no cuidan de él, de 85 años, con hipertensión, diabetes, insuficiencia renal crónica, obesidad y síndrome de apnea obstructiva del sueño va al servicio de neumología, cuándo al de medicina interna, cuándo se pasa por las consultas de endocrino y cuando va a nefrología? ¿Y si se le fractura una cadera? ¿Dónde estaría la frontera entre la atención por el traumatólogo o el geriatra? ¿Y si se le descompensa todo? Desde mi punto de vista, hay algo que va mal, y es la necesidad de tanta y tanta gente, tantas y tantas visitas, tanto y tanto tiempo, y tantos y tantos papeles.

El paciente es uno, y es como una escultura de bronce, toda una, no como un aparato de múltiples piezas. Por suerte o por desgracia, y conforme uno envejece más —recordemos que los que más consumen salud son las personas mayores, y que nuestra sociedad, como parte del primer mundo que es, envejece a pasos agigantados—, todo está en íntima interdependencia. No en vano es que la Embriología nos dice que de una célula comienza todo a tomar forma.

En algunas universidades, la metodología empieza bien, dando clases de patología médica y patología quirúrgica, pero en otras como la mía, todo se separa. Tenemos Onco, Micro, Cardio, Neumo, Anato-Pato, Digestivo Médica y Digestivo Quirúrgica, Endocrino, Psiquia, Trauma, Geria —por supuesto, todo abreviado, que somos todos muy fashion—, y así sucesivamente. Pero es que al terminar, cuando vamos a elegir plaza en el MIR, nos vemos eligiendo entre Derma, Cardio, Plástica, Cirugía Cardiovascular, Digestivo, [Cirugía] General...

¿Dónde está el problema de esto? Que decimos una cosa, pero hacemos otra. Que tenemos la sanidad pública organizada (supuestamente) de una manera, pero luego formamos a los profesionales de otra. Existe una serie de niveles asistenciales, ¿no es cierto? Pues que ésa sea la guía principal para diseñar la formación: profesionales de atención primaria, profesionales hospitalarios, etcétera, etcétera. Ya, a partir de ahí, haremos las puntualizaciones pertinentes entre médicos y quirúrgicos, y demos a cada uno los complementos formativos para centrarse en determinadas áreas de conocimiento; pero siempre desde una formación integral.

Ahora bien, aclaro porque puede malentendérseme, y para que nadie me tire piedras a la cabeza. ¿Es una solución el sistema de la troncalidad que se propuso en un principio? En absoluto: eso es coartar la libertad de elección del futuro profesional del médico, más allá de lo que ya lo hace el sistema de numeritos del MIR al que nos resignamos porque no hay otra cosa, aunque no se corresponda con una verdadera vocación o pericia en un campo concreto, o en el ejercicio del arte y ciencia de la Medicina. Y por eso me he quedado más contento, con lo que se supone que es aquello en lo que ha quedado (aunque yo ya no tengo ni idea de nada). Uno elige en qué quiere formarse, pero pasa durante un tiempo por una formación troncal y polivalente, sin que signifique ir mojando la galleta profesional en diferentes vasos.

En definitiva, aunque a primera vista pueda parecer una perogrullada, creo que si la metodología de la formación médica fuera más orientada a que el especialista no dejara de ser médico para ser única y exclusivamente "el especialista", se ahorraría en tiempo, papeleos, trabajo y quejas.

Y como diría María Teresa Campos: "Y ya está, ésa es la noticia".

1 comentario:

  1. En realidad no todas las especialidades están separadas por aparatos o partes del cuerpo. Geriatría y pediatría están separadas por un grupo de edad (o caracteristicas asociadas a la edad como la fragilidad) Rehabilitación y medicina física no está clasificada de esta manera, trata todas las patologías que provocan pérdida de función desde un punto de vista social y psicológico también.

    La división en especialidades se hace por la imposibilidad de saber de todo y hacerlo todo bien. Tal vez la clave está en la humildad de saber que siendo internista, geriatra, médico de primaria o cualquier otra especialidad no lo sabes todo. Necesitamos más y mejor diálogo entre especialistas distintos (generalistas, de aparatos, quirúrgicos o médicos). Pienso que esa es la clave. Además de saber incorporar al equipo a otros profesionales no médicos y comprender su función: asistente social, psicólogo, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional. Cada uno de ellos además debe comprender la parte médica ó quirúrgica y las funciones de los demás, aunque sí, se solapen.

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