viernes, 24 de junio de 2011

De preguntas y chamanes


Hoy iba caminando por el paseo de la playa con mi familia, cuando al pasar un hombre joven en el que no me pude fijar bien, pero que parecía tener algún tipo de daño neurológico por su forma de caminar, me preguntó mi hermana: "¿Qué enfermedad es ésa?".

Lejos de molestarme en sí la pregunta, como podría haberle parecido a más de uno que automáticamente se habría puesto con las orejas erguidas, mirando a todos lados y denunciando tal indiscreción, por susurrada que hubiera sido; me pareció curiosa porque tuve que responderle que no lo sabía y ella no lo entendió.

Creo que cuando la gente ve un médico o un estudiante de medicina, piensa que recibe los ojos del chamán, con los que puede ver a los Grandes Espíritus que le muestran el diagnóstico de manera poco menos que mágica. Por suerte o por desgracia, si a la Medicina se la considera una "arte y ciencia" es porque requiere dosis variables de ojo clínico y puros cálculos. Hay enfermedades que podríamos llamar "agradecidas al ojo", porque se pueden diagnosticar casi sólo con ver al paciente entrar por la puerta, pero muchas se quedan, en ese momento, en una sospecha vaga entre tantas otras.

Una cosa parecida pasa cuando se habla de enfermedades como las oncológicas. Muchas veces la gente sueña con "la cura contra el cáncer", y si bien el mecanismo es similar en muchos de ellos, cada uno es distinto, según su origen histológico y sus mutaciones concretas. Siendo estrictos, cada cáncer es distinto según el individuo en el que aparezca. Por esto, la noción de "la cura contra el cáncer" es utópica, como sería buscar "la cura contra las infecciones" o "la cura contra todas las enfermedades", o sea, la panacea.

Es obvio que incluso para los médicos y cirujanos, el enorme volumen de conocimiento que comprende la profesión como un todo es absolutamente inabarcable, no hablemos ya de intentar hacer comprender los detalles y vicisitudes de cada enfermedad a la población general. Pero creo que una pequeña dosis de educación sanitaria podría evitar ese tipo de preguntas o ideas, no porque las considere per se nocivas, sino porque nacen de la incertidumbre y el miedo, que se intenta atajar recurriendo a los brujos de la tribu, que son los médicos, que se han metido en los entresijos de la vida y la muerte. Si se consiguiera hacer comprender que el médico, si bien es el que sabe lo que se puede hacer, no es absolutamente invencible; y que las cosas son más complicadas de lo que a todos nos gustaría que fueran, probablemente se aliviaría una parte de la angustia que causa la enfermedad como amenaza.

A veces, por duro que suene, la paciencia y la resignación son las únicas armas que nos quedan para vivir una buena vida y aceptar nuestras debilidades, en casos incluso la inevitable llegada de nuestro final. Pero éstas no nacen, en ningún caso, de la ignorancia. Es más, combatiendo la ignorancia no sólo aliviamos gran parte del miedo y el dolor, sino que tenemos armas para no dejarnos engañar y manipular por aquellos que tienen motivaciones espurias.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo, Fer :)
    (¡Laura y yo nos acordamos mucho de ti!)

    ResponderEliminar