jueves, 3 de marzo de 2011

La señora


Cerré el libro enorme que llevaba para que pudiera sentarse la señora. En cuanto lo hice, me di cuenta de que llevaba una carpeta de mi universidad. Tendría unos 70 años, algo más o algo menos.

¡Qué frío hace! —me dijo, con una sonrisa.
La verdad es que sí, ¿eh? Y eso por aquí es raro... —contesté, tratando de ser lo más amable posible.

Comenzamos a hablar, ella sobre su nieta, yo sobre el frío que hace en Alemania, que es distinto al de Canarias; ella sobre la universidad para mayores, yo sobre la carrera de medicina, ella sobre el desencanto que sufrió cuando sus amigos la dejaron de lado cuando murió su marido, yo sobre lo poco que puedo confiar hoy en día en nadie. Y así, sin que me diese cuenta, seguimos profundizando poco a poco en nuestras visiones del mundo, visiones desencantadas pero optimistas a la vez, las de dos personas que se han caído muchas veces, pero aún así quieren seguir caminando, independientemente de la diferencia de edad.

¿Cuántos años tienes?
Veintiuno. Y medio ya —le dije, medio riéndome.
Hablas como si fueras una persona mucho más madura, ¿lo sabes? Me alegro mucho de conocerte.

Sonreí mientras la señora se bajaba de la guagua, con aquella expresión amable. Y mientras se alejaba el vehículo, su frase resonó en mi mente. En algún punto, o en todos ellos a la vez, a caballo entre el orgullo y la tristeza, entre la responsabilidad y la nostalgia de mi inocencia, no pude evitar llorar un par de lágrimas confusas.

3 comentarios:

  1. Totalmente enternecedor.
    Es increíble como a veces conectamos con gente con la que jamás pensaríamos que podríamos tener una conversación de más de un minuto y que nos permita sacar lo más profundo de nosotros. Creo que has sido un afortunado.
    Muy bonito post, sí señor :)

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  2. Qué sensibilidad, me ha encantado. ^^

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