domingo, 27 de febrero de 2011

Criptología Médica - ACV

El tema de esta retrasadísima (¡desde el pasado mayo!) edición de Criptología Médica es uno más que importante. Hoy en día el mundo desarrollado no muere como lo hacía antes; hemos aumentado la esperanza de vida más allá de lo imaginable hace no demasiado tiempo y hemos aprendido a protegernos de los temibles enemigos que nos diezmaban (muchas de las infecciones, el hambre, etcétera). Lamentablemente, hay otra parte del mundo en la que parece que no nos importa que el medievo no sea un recuerdo sino el día a día; pero en éste nos aquejan otros problemas. Dos de los más importantes son el cáncer y la obesidad con todas sus consecuencias (enfermedad cardiovascular, enfermedad cerebrovascular, diabetes...). Son nuestros enemigos más actuales, y debemos conocerlos, no sólo los que pretendemos dedicarnos a la sanidad, sino todos, porque pueden cogernos desprevenido. Todos sabemos reconocer una angina de pecho y un infarto, ¿no es cierto? ¿Sabemos también reconocer un ACV?

En primer lugar, ¿qué es un ACV y por qué es tan importante?
ACV es un acrónimo que abrevia el concepto de accidente cerebrovascular. También conocido como ictus, apoplejía o ataque cerebral ("stroke" en inglés y para algunos latinoamericanos), es definido en el Harrison como un déficit neurológico (pérdida de funciones cerebrales) de mecanismo vascular (causado por un problema del sistema circulatorio) de comienzo repentino.

La importancia radica en que es una enfermedad que puede acabar fácilmente con la vida de un paciente, o dejarlo con secuelas muy serias de por vida. Es la tercera causa de muerte tras las cardiopatías y el cáncer en el mundo occidental. En España, de hecho, ocupa la primera causa de mortalidad femenina y la segunda masculina. En los EEUU causa 200.000 muertes anuales, y es la primera causa de discapacidad neurológica en adultos.

¿Cuál es la causa de un ACV?
Como casi todo en la medicina, las causas son como las ramas de un árbol: esto es por esto, que es causa de aquello, y esto a su vez de lo de más allá. Pero para simplificar podemos decir que hay dos mecanismos por los que ocurre un accidente cerebrovascular. Si bien el resultado es el mismo en ambas ocasiones —la necrosis, o muerte, del tejido cerebral; o un estado cercano, recuperable—, puede ocurrir por una hemorragia o por la isquemia (falta de oxigenación) del tejido debida a un coágulo de sangre o trombo.

La hemorragia es el mecanismo menos frecuente de los dos, siendo sólo un 15% de los ACV de causa hemorrágica. Posibles causas de estos eventos son los aneurismas (zona inflada de un vaso, de paredes más débiles y por tanto proclives a la ruptura), malformaciones arteriovenosas, tumores, diátesis hemorrágicas (situaciones en las que la sangre tiende a no coagularse) y angiopatía amiloide (infiltración de las paredes de los vasos sanguíneos por una sustancia proteica denominada amiloide, que las hace más frágiles). El factor de riesgo principal es la hipertensión arterial.

La isquemia es, sin duda, la causa más frecuente (85%) y a su vez puede ser causada por dos mecanismos fundamentales. La trombosis, que es la formación de un coágulo en el sistema circulatorio cerebral, y la embolia de un coágulo desde el lugar de su formación, frecuentemente el corazón en pacientes que padecen fibrilación auricular (una arritmia cardiaca que afecta a la contracción de las aurículas —o atrios— cardiacas, haciéndola ineficaz y promoviendo que la sangre se coagule en su interior).

Existen causas más infrecuentes, tanto en uno como en otro grupo, como pueden ser la disección arteral (después de un traumatismo), la arteritis de la temporal, distintos estados de hipercoagulabilidad sanguínea (trombocitosis, lupus...), uso de anticonceptivos orales, migrañas...

¿Qué le ocurre a un paciente con ACV?
Como todo en la Neurología, esto va a depender del territorio afectado. Podría ir ahora territorio por territorio, causa por causa, pero quizás es demasiado complicado así de primeras. Lo importante, sobre todo de cara a encontrarnos con un caso de ictus en nuestra vida cotidiana, es saber reconocer que algo no va bien en el cerebro, y esto puede hacerse evidente de diferentes formas, entre otras:
  • Déficit motor en cara y/o extremidades: una o las dos extremidades de un lado del cuerpo pierden la fuerza o incluso se quedan paralizadas. Si se afecta sólo una extremidad, hablaremos de una monoparesia o monoplejía, según si la parálisis es parcial o total; y de hemiparesia o hemiplejía si es todo un lado. También es muy frecuente la parálisis facial: un lado de la cara parece "caer", desviándose la expresión hacia el lado sano (porque el otro no hace fuerza para mantener los músculos en la mitad).
  • Déficit sensitivo: pueden afectar a la cara, el brazo, el tronco o la pierna de un lado. Ya sea la sensación de hormigueo (parestesia), la incapacidad para sentir el tacto y/o el dolor, o incluso para localizar esas zonas en el espacio sin referencia visual (habría que explorarlo evitando que el paciente mire), todos son signos de un déficit sensitivo.
  • Trastorno del lenguaje: es también bastante común que se afecte el lenguaje. Puede dejar de comprender aquello que escucha, o comenzar a hablar con palabras inexistentes. Puede ser que cambie unas palabras por otras o que parezca que no le salen las palabras (se le enseña un objeto y no puede nombrarlo, aunque de resto hable relativamente bien).
  • Dificultad al hablar (disartria): no es lo mismo que lo anterior, porque no es que no comprenda ni que no controle los mecanismos de formación del lenguaje, sino que no puede mover correctamente los músculos que necesita para hablar y las palabras no se entienden del todo.
  • Falta de visión: de pronto, el enfermo deja de poder ver en una mitad (hemianopsia) o un cuadrante (cuadrantanopsia) de su campo visual.
  • Dolor de cabeza: en las isquémicas no suele haberlo, aunque en algunos casos de hemorragia intracraneal puede aparecer un dolor tan horrible que sea calificado como "el peor de su vida".
¿Qué hacer (en la calle) ante un paciente con sospecha de ACV?
Lo primero es que, ante cualquier tipo de emergencia, lo primero y más importante es llamar al 112 (o el teléfono de emergencias que corresponda en cada lugar). Para poder informar al personal de emergencias sobre lo que está ocurriendo, deberemos describir exactamente lo que vemos, ni más ni menos. Para sospechar que estamos ante un ACV, hay que fijarse en que aparezcan signos como los que comenté más arriba. Como dice la campaña hecha en los EEUU para la detección precoz del ACV, podemos fijarnos fundamentalmente en tres puntos al alcance de cualquiera:
  • El habla: ¿Dice algo extraño al hablar?
  • Un brazo, ¿Lo puede mantener en alto? (si hay un déficit en la pierna, pues podemos explorar lo mismo)
  • La cara: ¿La tiene medio caída?
Si se cumple aunque sea solo UNA de esas tres cosas, hay que actuar urgentemente llamando al teléfono de emergencias y avisar de que se está ante un ictus. Es importantísimo no dejar pasar el tiempo, puesto que es más que esencial. A cada segundo que pasa, más células mueren y peores pueden ser las consecuencias. Lamentablemente, a pie de calle es prácticamente imposible hacer nada, y por eso es tan importante que se pida atención médica lo más urgentemente posible.

En fin, espero que este post sea útil, sobre todo para aquellos ajenos a este mundo de los sanitarios, que a nosotros ya nos toca, nos ha tocado o nos tocará sabérnoslo todo al dedillo para evitar que un ACV sea todo lo dramático que puede ser. Pero es importante que todo el mundo conozca este problema y sepa actuar. Y para que puedan aprenderlo de una manera amena y que les juro que jamás olvidarán —porque la cancioncita es pegadiza que da gusto—, les dejo el vídeo del que les hablaba.


viernes, 25 de febrero de 2011

Como un fénix

Llevaba ya unas cuantas semanas (casi un mes) sin dar señales de vida, y lo siento. Entre la época de exámenes, el apocalipsis tecnológico que sufrí y que en mi casa la gente está ligeramente "psiquiátrica"; no he tenido mucha cabeza para dedicarle tiempo al blog, lo cual me ha apenado mucho. Sin embargo, hoy dedico la entrada precisamente a este tipo de eventos, a los regresos, los renaceres.

Justamente hoy he terminado las prácticas de Neurología (el lunes comienzo mi semana de rotación en Neurocirugía), y he recuperado varias cosas. En primer lugar, he recuperado mi empolvado gusto por la Neurología. Es una de las disciplinas médicas más fascinantes, puesto que te permite saber, con sólo unos cuantos detalles, en qué lugar exacto está la lesión y de qué tipo es con un amplio margen de seguridad. A la vez es frustrante en muchas ocasiones, puesto que no es nada infrecuente que la labor del neurólogo se limite a la observación y el soporte, dejando a la Naturaleza seguir su curso, pero ese tipo de cosas hace que valores enormemente cualquier pequeño paso hacia la recuperación, cualquier pequeño acercamiento al "renacer".

Obviamente, ha renacido también mi afán por publicar cositas en este blog, que he dejado aparcado por razones ajenas a mi voluntad. Mi amor por mi futura profesión y por el mundo en el que vivo me impide dejar de compartir mis impresiones e interactuar con quienes tienen el agradecidísimo gesto de dejarse caer por aquí y compartir las suyas.

Y si la Neurología me gusta, no puedo olvidar que me gusta saber de todo un poco, que me gusta aprender todo lo que pueda aprender, y que no me gusta sentirme completamente inútil ante ninguna situación, y gracias a la inspiradora charla de una resi de Medicina Interna que rota en estas fechas por Neurología, y a la fantástica noticia del puestazo de Anna (¡felicidades!); la llama de esta especialidad generalista y su versatilidad ha vuelto a renacer, como el fénix, dentro de este ilusionado y humilde medicoblasto.

Les debo muchas cosas, muchos Pasapalabras, muchos casos clínicos, muchas Criptologías Médicas, pero intentaré irlas metiendo poco a poco.