viernes, 21 de enero de 2011

Puede parecer una perogrullada...


...pero no creo que lo sea. Veo a mucha gente, cuando estudia, que lo que hace es leer los apuntes como si fueran una novela, y con contadas excepciones, veo que suele ser la gente a la que más le cuesta sacarse luego las cosas. Si bien es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y que hay quien funciona mejor de una o de otra manera, creo que no peco de generalizar ni pontificar excesivamente si aconsejo que, a la hora de estudiar una carrera como es la medicina, se use la lógica por encima de todo y siempre que se pueda. Cierto, hay un montón de tablas, clasificaciones, valores exactos, listas de medicamentos e indicaciones, algunas a las que la lógica es imposible vérsela si no te lees los estudios que se han debido hacer para incluir las cosas donde están en los protocolos; pero hay muchas cosas que resultan bastante simples, y el estudio en plan "lector pasivo" puede reducirse significativamente hasta comprender únicamente esas cosas que resultan ligeramente arcanas a primera vista.

Me parece que es imprescindible tener cierta capacidad de síntesis y de interrelación de las cosas. Yo me descubro todos los días aprendiéndome mejor las cosas cuando me dedico a relacionar una asignatura con la otra, cuando me repito para mis adentros las características fisiopatológicas de las enfermedades y esquematizo todo, pero sin encerrarme en una cárcel de titanio y diamante siguiendo caminos como un autómata.

Hay que ser consciente de que el cuerpo humano, y es más, la mente humana, son bastante caprichosos a la hora de dejarnos ver las cosas. Cierto, hay cuadros clínicos de libro (si no, ¿por qué aparecen así en el libro?), pero a veces al paciente se le olvida contarte una cosa, a lo mejor está inconsciente, o te está contando algo que hace subir en la lista de posibles causas a una de las más infrecuentes y tú la estás tomando por alto. Considero altamente necesario tener una mente dinámica y plástica para no sólo sacarse la carrera, sino ejercer posteriormente. Hay más cosas que signos y síntomas, que pruebas y protocolos de tratamiento: hay situaciones socioeconómicas que deberán tenerse en cuenta, detalles de gestión que no podemos pasar por alto, al menos en la sanidad pública; realidades psicológicas e históricas que pueden acabar matizando el proceso en el que se relacionan un servicio sanitario y uno o más de sus usuarios.

Y sí, si bien yo puedo estar estudiando, como hago ahora, la patología quirúrgica del aparato digestivo, poca relevancia tienen esos últimos detalles que menciono, pero creo que si uno entrena desde este momento la plasticidad mental, podrá adaptarse al entorno de su actividad laboral y —¿por qué no?—, en la vida cotidiana. Si cuando me estudio la enfermedad inflamatoria intestinal además soy consciente de los detalles epidemiológicos que suelen acompañarlas, así como las consecuencias que una enfermedad de ese tipo suele tener sobre la personalidad de, pongamos, un chico de 18 años que no puede quedar con sus amigos porque quizás en mitad de la noche le entra una diarrea sanguinolenta tremenda; pues podré enfocar mejor en su diagnóstico qué cosas responden directamente de su trastorno orgánico y qué puede ser más psicosomático, qué es más preferente a la hora de priorizar en una urgencia, cómo presentarle sus opciones de tratamiento. Y volviendo al estudio puro y duro, el mero hecho de dejar que la mente divague por todas las proyecciones que puede tener y las relaciones que tiene con otras cosas que también me tendré que estudiar (enfermedades autoinmunes, inmunosupresores, tratamiento glucocorticoide y sus efectos adversos, otras causas de diarrea o rectorragia...), el estudio se vuelve algo dinámico, algo interesante, algo que te anima a sentarte y poner los codos, que acaban incluso doliéndote menos aunque los haya molido durante horas; la medicina se vuelve la carrera que quieres hacer y no algo a lo que "tienes que ir".

Por eso, lo mejor es no dedicarse a leer palabra por palabra unos apuntes, sin pararse a analizarlos con tranquilidad y añadiendo toda la lógica propia que sea posible. Así, en el examen no se vomita lo que se ha estudiado, eliminándolo por completo, sino que se copia con cierta durabilidad en la cabecita saturada del estudiante en cuestión. Los apuntes, por suerte para nuestro futuro laboral, no son novelas.