martes, 12 de octubre de 2010

Rompiendo prejuicios

A muchos nos encantaría poder darnos con un canto en el pecho y gritar al mundo que estamos libres de prejuicios, pero es obvio que esto es inherente al ser humano. Después de todo, es una sencilla maniobra de protección y perpetuación de la especie, un mecanismo de la evolución para que nos alejemos de todo aquello que pueda causarnos mal, por mucho que nuestras presunciones acaben siendo absurdas e incluso contraproducentes. No todo es perfecto en la biología, y menos cuando la psicología se mete de por medio —la maldición y la bendición del Homo sapiens, el neocórtex—.

Igual que en otras ocasiones me descubrí siendo prejuicioso con personas, al comenzar las prácticas de este año, me he tenido que quitar el sombrero después de un primer día que me ha encantado en la planta de Neumología. Había sido demasiado prejuicioso con una especialidad médica. Y no parece que sea el único: después de todo, y según he leído hace nada, "sólo el 18 por ciento de los estudiantes de Medicina consideran Familia una especialidad de prestigio" (Redacción médica).

En general, nos apresuramos mucho a juzgar, ¿no es cierto? Cualquier pequeño estereotipo que caiga en nuestros vírgenes oídos se convierte en un aferradero contra la ignorancia y el desconocimiento, males que aterran a cualquier mente con un mínimo ápice de inquietud científica. Y es que, quizás a causa de esa mentalidad científica que hace que nos aterre el no saber es justamente que sucumbimos a las pasiones más mamíferas de creernos la primera idea que nos surge espontáneamente de algún punto del cerebro, o que llega a nosotros por voz ajena.

En mi caso, la Neumología se había consagrado en mi arquitectura personal como algo aburrido y completamente falto de interés. Es más, desde que estudié la Anatomía, el pulmón y yo nunca nos habíamos llevado muy bien. Yo simplista, y él con tantos segmentos. Yo ansioso de una gran variedad de cosas y él bastante limitado a expandirse y contraerse con insulso e insípido aire; necesario, sí, pero igual que el agua, no es precisamente Coca Cola. Gracias a la fisiología aprendí un par de ases que tenían en la manga esas bolsas gemelas de aire, contribuyendo al equilibrio ácido-base del organismo por un lado, y con la enzima convertidora de angiotensina (ECA) por el otro. Ésta última fue para mí una revelación sorprendente, porque no le veía —y realmente sigo sin captar muy bien qué mecanismo genético o evolutivo habrá conseguido que sea así— mucha lógica a que un mecanismo gobernado por el riñón tuviera que hacer parada en el pulmón (¡el pulmón!) para completarse. No obstante, eclipsado por la asombrosa complejidad del sistema nervioso central, la perfecta coordinación eléctrica y mecánica del corazón o la variedad de sorpresas del pluriempleado hígado, el pulmón no logró sorprenderme mucho más y quedó un poco como el órgano aburrido de la anatomía humana, con un par de cositas curiosas para que no se sintiera solo y aburrido, como premios de consolación.

Probablemente por eso, me descubrí yendo a las clases de Neumología con mucha mala gana, con cara de auténtico masque. Pero poco a poco empecé a apreciar la integridad de los pulmones, quizás después de empatizar con él al ver de cuántas formas distintas puede ser maltratado por las innumerables patologías que acaban aquejándolo de una u otra manera.

Sin embargo, el cambio ha llegado verdaderamente cuando he llegado a las prácticas. Y también es que el escenario es óptimo: un buen profesor, amable y que da caña en el buen sentido, logrando ese nivel de estrés positivo que a mí me anima tanto a estudiar y entender aquello de o que estamos hablando; una residente cómplice con nosotros que de vez en cuando, si el adjunto no está mirando, deja caer alguna respuesta antes de tiempo para que lo vayamos razonando; y una planta con una variedad bastante grande de patologías distintas (bastante diferente al escenario que se ve en Medicina Interna), que da la oportunidad de repasar muchas de las cosas. Por si fuera poco, realmente pensaba que iba a ir más pez, que me preguntarían cosas y yo me vería completamente incapaz de responder; pero si bien aún tengo que repasar bastantes cosas, me sorprendí a mí mismo haciendo acopio de memoria y de lógica a partes desiguales (¡bien por la lógica por encima de la memoria!) para, al menos, tantear el terreno con buenos resultados antes de dar una respuesta definitiva.

Ay, los prejuicios... ya veremos.

4 comentarios:

  1. Lo de los prejuicios nos pasa a todos.... ¿quién no los ha tenido? Y muchas veces con ellos nos equivocamos.

    Espero que en cirujía vaya bien!

    Besotes

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  2. Siempre estarán ahi los prejuicios, pero algún simple detalle nos puede hacer cambiar de opinión.
    A mí la verdad es que la Neumo sigue sin llamarme, pero quién sabe, igual después me pase como a ti.

    Disfruta de la cirugía! =)

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  3. Prejuicios, qué malos son...No juzgues antes de conocer, sin duda :D

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  4. Qué grato resulta sorprenderse de algo para bien. Sin embargo, yo espero que no me manden a currar a la planta de neumo. Disnea, aspiración de secreciones... muy angustioso para los pacientes y para las familias.

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