jueves, 2 de septiembre de 2010

Ejes anatómicos, o la crítica explosiva


En primero de medicina nos ponen en contacto ya con la bonita asignatura que es la Anatomía. Para muchos es puramente descriptiva, pero mi profesor de Anatomía, que apodaré con cariño como Dr. Gimli por su curioso parecido con John Rhys-Davis (el actor que encarnó al enano en El Señor de los Anillos), siempre defendió que la Anatomía debía estudiarse siempre con un enfoque morfofuncional, porque forma y cometido están siempre entrelazados, se explican mutuamente y dan sentido a la entidad del cuerpo (humano, en el caso de los aspirantes a matasanos).

No obstante, hay mucho de descripción en la Anatomía, y para poder sistematizarlo todo, se usa una serie de términos y conceptos que deben quedar bastante claros antes de ponerse a hablar de cómo se organiza tal articulación o en relación a qué se sitúa cuál víscera. Uno de estos conceptos es el de los ejes, líneas ficticias para la orientación tridimensional, que son tres:
  • El eje cráneo-caudal es aquél que va, como su nombre indica, desde el cráneo hasta donde, en animales menos evolucionados, se encuentra la cola. En nuestro caso, nos recorre desde la cabeza hasta los pies.
  • El eje anteroposterior, perpendicular a nuestra espalda y nuestros pecho y abdomen, nos empala como una espada tras una certera estocada.
  • El eje transversal, que va de lado a lado, igual que las barras que atraviesan a las figuras del futbolín.
Combinando en parejas estas rectas imaginarias, podemos confeccionar a su vez tres planos como los que se ven en la imagen:
  • El plano coronal, producto de los ejes cráneo-caudal y transversal, que nos secciona la cabeza como una diadema con complejo de guillotina y continúa en pos de los pies, resultando tal división en una mitad anterior y otra posterior de nuestro cuerpo.
  • El plano sagital, producto de los ejes cráneo-caudal y anteroposterior, que nos divide en dos mitades, derecha e izquierda.
  • El plano transversal, que hace lo que vino a hacer un sable láser de Obi Wan Kenobi con Darth Maul en La Amenaza Fantasma, partirnos en dos partes por la cintura, dejando una mitad superior y otra inferior.
Estos conceptos me quedaron bastante claros gracias al Dr. Gimli, que lleva un par de años dedicándose abiertamente a luchar contra el síndrome metabólico (resistencia a la insulina, hipertensión, hipertrigliceridemia...) que amenaza a tantos hombres por encima de los "taitantos".

Hoy me he encontrado, tras meses sin tener contacto con él, al Dr. Gimli en la cafetería de la antigua facultad. Y la conversación ha sido como sigue:

- Vaya, Fernando.
- Buenos días, Dr. Gimli.
- Buenos días. Debes dejar de crecer en los diámetros que no sean cráneo-caudales.
- Eh... sí, supongo.

Una forma... anatómicamente sutil de llamarme gordo sin previo aviso. Tiene razón, pero podía avisar antes, que estas cosas, sin anestesia, le duelen a uno en lo más profundo del endocardio.

4 comentarios:

  1. Eso es lo que tiene el Dr. Gimli, que te suelta barbaridades de forma "sutil" y no ve los fallos que él tiene, pero bueno, no hay que hacer caso de esos comentarios!
    Un Saludo!

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  2. Gimli ahora se creerá modelo vitalinea, pero todos sabemos que sus ejes sagital y transversal no fueron siempre los adecuados. Lo que ha hecho es una grosería y además no es el más indicado para hacerla.

    Mira el lado positivo. Al menos no te preguntaron abiertamente si sabías de los síntomas del herpes tipo II (genital mayormente) por experiencia... Insinuando por detrás comportamientos contrarios a la castidad XD como me pasó a mí con cierto profesor nuestro.

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  3. Menudo WTF! ha debido de ser eso, yo creo que ni a Chicho Terremoto se le pasaba eso por la cabeza. De todos modos, debe ser como dice el dicho popular que cree el ladrón que son todos de su condición.

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  4. Tu profesor es un cabrón. Con conocimientos anatómicos, sí. Pero un poco cabrón xD
    Un beso
    :*

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