martes, 24 de agosto de 2010

Los coches oscuros

La morada oscura de los estudiantes tiene sus alrededores. A veces, nos aventuramos a salir, en busca de algo de sustento que no sean los regalos de la máquina. Ajenos a la fuerza de la luz del sol, que se vuelve inconmesurable tras tanto tiempo de encierro, y que daña nuestras retinas polvorientas; algunos valientes osamos a nuestras células, que se estancan y nos asemejan a un vegetal, a hacer realmente la fotosíntesis.

Perezosas, deciden ser células animales de nuevo, por lo que no dejamos de ser criaturas grises, faltas de energía, el sol acaba por sólo dañarnos. Por lo menos ilumina nuestro camino hasta la comida. Y es en ese camino que vemos un séquito extraño que acompaña a los habitantes del hospital, que los espera abajo con lo que parece una verdaderamente malsana avidez. Hijos bastardos del capitalismo y la muerte, los coches oscuros esperan alguien que los llene.

Es difícil percibir la tristeza que eso connota, acostumbrados como estamos al embotamiento de nuestras mentes y nuestras almas. Pero ahí están, de colores oscuros, predominantemente el negro. Sus dueños sólo esperan, pacientes, a que el tiempo haga lo que debe con quien ya no puede más.

Nosotros, pervertidos por esos dioses malignos de papel y tinta donde casi todo es morbo, y estadísticas escatológicas, nos descubrimos, con desazón, haciendo chanzas rebosantes de un humor negro como los coches oscuros.

Tal es la parte oscura de los que se dedican, y los que nos dedicaremos, a asuntos de la vida y la muerte. Es esa parte oscura, que nos da miedo, como a todos, la que nos obliga a escudarnos de su realidad. Algunos simplemente la ignoran, otros se ensañan negando que a veces, por duro que sea, vence; otros nos dejamos intoxicar un poco, y nuestra defensa es el pasar desapercibidos ante ella. En rincones, nos obligamos a reír con un poco de crueldad, sin mirar a nadie porque no le deseamos mal a nadie. Pero el humor negro va floreciendo poco a poco. Es nuestro lado oscuro. Oscuro como los coches que esperan abajo.

6 comentarios:

  1. Es una consecuencia inevitable al estar en este oficio, creo yo... Somos igual de humanos que las personas con las que tratamos.

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  2. Como bien dice Fer, eso es ley de vida...

    Besicos

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  3. Es que si uno no crea "sus defensas" acaba sumido en toda esa vorágine de dolor y tristeza que envuelve a lo que acontece en relación a "los coches negros"

    No es que perdamos los sentimientos, es simplemente instinto de supervivencia "mental"

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  4. Muy buena reflexión. Y es que es necesario escudarse en algo que nos permita sobrevivir...
    De paso, me presento. =)

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  5. sí, eso es, estoy con seishi... aunq eso no implica q en un momento dado, cierto paciente, cierta situación, te toque la fibra sensible de vez en cuando

    he visto a algún adjunto con la lagrimilla en el ojo, aunq tienen la entereza para seguir lo q qde de día

    profesión extraña la nuestra, pero bonita tb al fin y al cabo :)

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  6. @Fer, @Maitasun: Así es.

    @Seishi: Precisamente porque no perdemos los sentimientos es que nos sale ese "lado oscuro". Es una manera de mantenerlos.

    @MDoc: Muchas gracias y bienvenido a Ya veremos. Como bien dices, si no nos escudásemos, acabaríamos muy mal.

    @Mar: Has dado en el clavo. Justamente es eso lo que evidencia que el lado oscuro es sólo un lado, un delgado disfraz tras el cual seguimos siendo tan impresionables y empáticos como cualquiera, quizás más, porque es esa empatía (para algunos, claro está) la que motiva muchas veces el que estemos donde estamos. Extraña, sí, pero preciosa en su extrañeza.

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