viernes, 20 de agosto de 2010

La máquina

Vivimos en un lugar que no todos conocen, mas quien sabe dónde está le tiene miedo, y aún así vuelve, una y otra vez, atraído enfermizamente, como el fumador a su droga. Gris, negro, y ese tono rojizo de la herrumbre son los colores que nos envuelven, que acaban por teñirnos. Gris nuestra piel, que palidece sin sol por encima, con anemia por debajo. Negro en las ojeras que hunden nuestras pupilas cansadas. Y la herrumbre es el color que rodea a esas mismas pupilas, el rojo de la sangre oscurecido por lo lúgubre de la atmófera que respiramos. Alguna vez, una luz parpadeante en una habitación olvidada nos saca de la monotonía de nuestra vida, durante menos que un segundo, un destello de energía, un fugaz, desesperantemente corto hálito de vitalidad en un mundo tan oscuro.

A nuestros oídos llegan sonidos lejanos: sonidos de coches, sus pitas, separados de nosotros por paredes, cristal y distancia; sonidos monótonos de nuestros quehaceres invariables; algunas voces susurradas que atraen miradas reprobadoras. A veces escapa alguna risa que acaba por extinguirse.

También hay olores en nuestro hogar, como el del polvo o el de la humedad, el de los insectos muertos y en descomposición. Todas las noches, sin que nadie sepa por qué, un olor como el de las gambas inunda nuestro patio, y es conocido por todos.

Pero hay una vista que nos apacigua, un sonido que nos arrulla, y un olor que, aunque sintético, nos recuerda la vida que hemos dejado atrás.


Una máquina, con botones. Que nos da sustento para sobrevivir en nuestro encierro. Nos da café, nos da chocolate. Y sólo quiere metal. Alrededor de la máquina, hablamos, porque hay luz, porque ella nos protege. Como un altar, como la imagen del único dios benévolo que conocemos —y es que los otros dioses, los dioses de papel y tinta, no nos cuidan: nos tiranizan—. Al lado de la máquina, los estudiantes volvemos a ser personas.

Gracias, máquina de café, por estar ahí y amenizar un poco las tardes de estudio en ese lúgubre sitio.

7 comentarios:

  1. adoremos a la máquina de café, porque ella trae el calor a nuestras vidas!

    ooooooohm!

    algún día sabremos de dónde viene el aroma inquietante del culp? xD, será alguna fuga de la ventilación de la cocina del hospital? tratan de envenenarnos, de volvernos locos?

    chan chan chan!!!

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  2. jajajaj!!! a gamba!!! yo me sé de uno q dice q huele así tb xDD a mí me huele a betadine...no sé por qué...en fin, qué haríamos sin esas máquinas?? xD

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  3. Jajajajja Fer!!! Hablando de casita...xDDDDD
    Con eso de "la máquina" me has recordado a Toy Story, cuando los machanguitos de alienígenas beneran a "El Gancho":http://www.youtube.com/watch?v=7tW0vYl5Eiw

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  4. jaja por lo que veo esas típicas máquinas están por todas partes. Pero a alguien le gusta ese café? si es malísimo!

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  5. Será la de café, porque la de al lado, que es de comestibles, está endemoniada xD no sé cuánto dinero me habrá estafado ya

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  6. y ni hablemos de los teléfonos públicos, uno por ahi se quiere hacer el romántico como grace kelly en medio de la calle y plafff.. nos comieron las monedas

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  7. @Mar: Miedito, miedito...
    @Desi: ¿A Betadine? Jué... XD A mí me huele al "pan de gamba" del chino que lo flipas.
    @Iris: Es que es más o menos por el estilo, ¿a que sí?
    @Seishi: Sí, ésa está endemoniada. Ésa es una chunga que se viste de máquina para engañarnos... Es maligna ¬¬
    @Victoriano: Hay que ver... Hay máquinas para todo en este mundo.

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