jueves, 8 de abril de 2010

El poder del dolor

Desde que el ser humano es ser humano ha intentado luchar desde siempre contra el dolor. Trepanaciones para evacuar los demonios que provocaban las migrañas, hojas de coca masticadas por el chamán de la tribu, una tarde entre amapolas, una cogorza de campeonato a base de whisky en algún lugar de la California durante la Fiebre del Oro, infusiones con corteza de sauce, y a partir del año 1846, éter y otros gases para evitar el dolor que se creía indivisible de la cirugía. Entonces, un 16 de octubre, nace la anestesia como la conocemos hoy, y la anestesiología como disciplina científica.


Esta lección de historia, obviamente más profunda y detallada, la aprendí hoy —aunque ya la había oído, algo más por encima, en otras ocasiones— en Fundamentos de Cirugía, y la verdad es que he quedado maravillado. Realmente, más que por la revisión histórica de la anestesia y sus aplicaciones, por el concepto del dolor y las maniobras para controlarlo. No es que no hubiera hablado ya del dolor; lo hice en Fisiología Especial el año pasado, pero no me había parado a sentarme y enfocarlo desde el punto de vista médico. Sí, parece una perogrullada, pero son esas cosas que uno da por hecho porque sabe que a uno, si le duele algo, le van a poner una sustancia determinada y adiós al mismo. Pero es que el dolor es el emperador en la patología de cualquier tipo. Está casi en todos lados, es la primera y más simple manera que tiene nuestro organismo, complicado y tan simple a la vez, de avisarnos de que algo va mal. Desde que una célula muere, o está a punto de ello, empieza a vomitar potasio y otros contenidos que deberían estar dentro de la célula. Los receptores del dolor saben muy bien que no deberían estar fuera, y desde que los perciben, envían la información rapidísimamente al cerebro, como un grito de socorro para que acabe la tortura del tejido. A veces el dolor ni siquiera responde a una lesión tisular, sino que es por algo potencial, o incluso puramente emocional (el dolor psicógeno).

Sea como sea, el dolor siempre será subjetivo. Recuerdo leer que unas determinadas tribus de indios norteamericanos eran estoicos a más no poder, ignorando el dolor con una fortaleza impresionante. Nosotros, los latinos, y no hablemos de determinadas etnias como la gitana, por cultura somos auténticos pregoneros del dolor, con nuestros gritos y llantos.

Pero aún así, el dolor se revela, independientemente de la cultura, una experiencia desagradable, lo cual implica que siempre hay una respuesta emocional de tipo negativo, sea más o menos marcada. Nuestra amígdala cerebral, esa gran desconocida que ejerce de manera tan errática su curioso derecho a veto sobre toda nuestra fisiología a través de las emociones, nos hace reaccionar intentando evitar el dolor, porque no nos gusta. El médico, como profesional dedicado a la salud no sólo física, sino también psíquica y social de quien entre por la puerta de la consulta, debe asegurarse de que el dolor desaparezca en la medida de sus posibilidades, atendiendo a sus causas físicas o psíquicas.

Y hay toda una gran ciencia alrededor del dolor, que es como el coco que acecha en las sombras de toda enfermedad e incluso del tratamiento que hace el personal sanitario. Desde que alguien pisa un hospital, empieza a temer el dolor al que va a ser sometido. La primera pregunta de cualquiera es siempre "¿Me va a doler?", y la respuesta debería ser, siempre que sea posible y verdad, un tranquilo "No, estese usted tranquilo.".

Dentro de la especialidad de Anestesiología y Reanimación hay toda un área dedicada al control del dolor, con las aplicaciones que eso tiene, no sólo durante una operación o después de ésta, sino también en el tratamiento paliativo, el tratamiento del dolor crónico, e incluso el "expediente X" que es, por ejemplo, el dolor de miembro fantasma.

Estoy convencido de que la medicina, incluso la animista y chamanista de cuando el hombre ni conocía el fuego o la rueda, nació en respuesta al dolor. Y no puedo negarlo, me maravilla todo lo relacionado. ¿Quién sabe si acabaré en alguna unidad del dolor? Ya veremos...

4 comentarios:

  1. Yo le tengo pánico al dolor, no lo puedo remediar.

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  2. "pregoneros del dolor" xD me ha encantao esa expresión, me imagino a gente vestida toda igual gritando y corriendo por la calle xDDDDD

    chorradas aparte, me ha gustao mucho la entrada ^^, el dolor desde sus muchas perspectivas y, realmente, como desencadenante de respuestas en las distintas sociedades y épocas que, en parte, son buena parte de la historia hoy en día ^^

    beeesos!!

    PD: anestesia!!! oh yeah! xD

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  3. Bueno, parece que tendré que coger Anestesia el año q viene xDD

    :D

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  4. El dolor XD ese gran amigo de las mujeres. Dolor del parto, dolor de ovarios, dolor de la pérdida de la virginidad... Todas las supuestas etapas importantes de nuestra vida van acompañadas del dolor.

    Sin él, el hombre no sería hombre, eso está claro.

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