lunes, 1 de marzo de 2010

Criptología médica - El dilema del colesterol

No todo siglas iban a ser. Como ya adelantaba cuando comencé con esta sección periódica del blog, también quiero usarla para aclarar conceptos que pueden no estar del todo claros para la gente ajena a la sanidad, al menos como profesionales.

Como casi todos sabremos de alguna visita a nuestro médico de familia, en las salas de espera de atención primaria se cuchichean muchas cosas: sobre psicología social (“La muchachita que vive en el cuarto B de mi edificio ahora se ha arrejuntado con un músico de estos medio melenudos, ¡fíjate tú!”), sobre gastronomía (“Es que yo la cebolla la corto en daditos en vez de en tiras, como hacen los chinos, ¿sabes tú? Y queda… ¡queda! ¡No lo sabes tú bien!”) y sobre comunicación audiovisual (“Ay, ¿viste la novela de ayer? El malo estuvo a puntito de matar al muchacho.”). Pero a veces, la telenovela se traslada a lo que es la salud, ese ente que no todas las pacientes —omito a los caballeros, porque por lo general, los señores de esa edad se mantienen silenciosos esperando pacientemente a que los llame el médico correspondiente, intercambiando entre ellos, de manera esporádica, alguna palabra de aliento, sobre todo si van acompañados de sus señoras esposas— conoce de muy cerca, pero no en profundidad, y la conversación empieza a estar protagonizada, por ejemplo, por el colesterol bueno y el colesterol malo. Pero…

¿Esto qué significa y qué importancia tiene?
Estos términos fueron acuñados para hacer más inteligible al público general los riesgos de los niveles en sangre de unas proteínas transportadoras, las lipoproteínas, que se encargan de transportar lípidos.

El colesterol bueno es la HDL (High Density Lipoprotein) o LAD (Lipoproteína de Alta Densidad), que se encarga de transportar colesterol desde los tejidos hasta el hígado, evitando así que se deposite en las arterias. Por esta razón, altos niveles de HDL vienen a equivaler a una mayor protección contra el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Su “Némesis”, el colesterol malo, es la LDL (Low Density Lipoprotein) o LBD (Lipoproteína de Baja Densidad). No están directamente involucradas en el transporte de colesterol de un lado a otro del organismo, pero cuando se encuentran presentes en exceso, se adentran en las paredes de las arterias, y ahí sufre transformaciones químicas que la hacen pro-inflamatoria, es decir, que atrae a células del sistema inmune en una reacción de inflamación. Un tipo de células particularmente importante son los monocitos, que, gracias a la LDL modificada sufren cambios y se convierten en macrófagos, que empiezan a fagocitar (=atrapar, “comer”) colesterol, llenándose de esta sustancia y pasando a ser células espumosas. Se van acumulando, haciendo que se forme una placa, denominada placa de ateroma, que crece hacia el interior (=luz) del vaso sanguíneo y puede llegar a obstruir el paso de la sangre o incluso romperse y desencadenar la coagulación de la sangre, con lo que se provocaría un tromboembolismo (el coágulo es arrastrado por la sangre mientras crece, hasta que tapona una arteria más pequeña y el tejido que depende de ese vaso se muere por falta de sangre). En cualquier caso, ésta es la tan famosa aterosclerosis, que es la antesala para muchas enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (con el infarto agudo de miocardio como estrella, y, obviamente, la muerte súbita de origen cardiaco) o el accidente cerebrovascular (ACV, ictus o infarto cerebral), entre otras.

Por eso, poseer altos niveles de HDL en la sangre protege de la aterosclerosis y una infinidad de enfermedades cardiovasculares derivadas de ésta, mientras que la LDL elevada es un importante factor de riesgo que debe corregirse.

¿Cómo se puede corregir?
Los niveles elevados de LDL se deben fundamentalmente a una mala dieta, demasiado rica en triglicéridos (grasas) y azúcares simples. Por eso, para prevenir el aumento del “colesterol malo” en la sangre, lo mejor es cuidar la dieta.

Hacer ejercicio y eliminar los ácidos grasos trans (como los que tiene la margarina y otros alimentos que contienen, entre sus ingredientes, “grasas/aceites vegetales parcialmente hidrogenadas”) ayuda a aumentar la HDL, el “colesterol bueno”.

¿Es lo único que hay que tener en cuenta para las enfermedades cardiovasculares?
Desde luego y sin lugar alguno a dudas, ¡NO! Si bien estos dos parámetros analíticos son muy útiles para valorar el riesgo cardiovascular, no tienen por qué alterarse de manera automática si nosotros, aún así, estamos exponiéndonos a riesgos elevados para enfermedades cardiovasculares. El tabaquismo, la vida sedentaria, la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus son, junto a otros, factores de riesgo sumamente importantes para desarrollar enfermedades cardiovasculares, también porque acabarán alterando los niveles de esas lipoproteínas y provocando aterosclerosis, así como por otros mecanismos (el tabaco ejerce un efecto tóxico directo sobre los vasos, por ejemplo).

Así que el consejo es: Sí, hay que estar atento a las analíticas, pero antes de llevarnos la sorpresa de ver una HDL baja y una LDL muy alta, y asustarnos ante el toque de atención que eso supone, debemos, literalmente, curarnos en salud, y tratar de llevar una vida lo más sana que nos sea posible, evitando los malos hábitos y tratando de controlar las enfermedades que ya podemos padecer de base.

Bah, Fer, esto es exagerar un poco para meter miedo, ¿verdad?
Ya me gustaría a mí, que estoy en mi personal cruzada contra la obesidad, pero durante el año 2006, la mitad de las defunciones en España se debieron a cuatro enfermedades: cáncer, enfermedad isquémica del corazón (infarto), enfermedad cerebrovascular (ictus), y diabetes mellitus. Como ven, las dos enfermedades que hemos puesto como directamente relacionadas con los niveles plasmáticos de LDL y HDL, están ahí. Y la diabetes y el cáncer, aunque no profundizaré directamente hoy sobre ellos, están directamente relacionados con los mismos factores de riesgo: la dieta, los malos hábitos y, en general, el modus vivendi del mundo desarrollado. Cuando la diarrea a nosotros no nos supone sino un par de malos días y unos insultos al aire, vienen estos monstruos desde lo más oscuro, y nos amenazan. Ya vendrán otros más fuertes, pero, si podemos poner algo de nuestra mano, y no es tan difícil, para evitar morir por este tipo de patologías, ¿por qué no hacerlo?

¿Lo haremos? Ya veremos…

La imagen proviene de una presentación de Power Point: Cardiopatía isquémica, del Prof. Dr. Pedro Betancor León, profesor de Patología General en la ULPGC y jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín.

6 comentarios:

  1. Ahora me ha quedado claro, pero se me volverá a olvidar. Así que consultaré tu post en próximas ocasiones!.

    ResponderEliminar
  2. vaya, es un buena entrada teniendo en cuenta que el examen de digestivo/renal es mañana, mucha suerte ^^... tendria que irme a dormirme ya xD

    ResponderEliminar
  3. Pues muchas gracias por la clase de criptografía. A ver si con esto refuerzo la voluntad para luchar contra los donuts de chocolate :)

    ResponderEliminar
  4. @Eva: Jejeje, me alegro de que te haya sido útil.

    @Marche: Jeje, ¡igualmente!

    @lapatachunga: Jajajaja, acompañémonos telepáticamente ;)

    @Anna: ¡Gracias!

    ResponderEliminar
  5. Buen trabajo, repasar estas cosas siempre nos viene bien a los estudiantes, y seguramente ayude a mas de un pacientito ;)

    ResponderEliminar