martes, 9 de marzo de 2010

Criptología médica - DM2


Y aquí estamos, otra semana más, intentando desentrañar algún que otro secreto de lo que se dice y escribe por ahí. Éste es un artículo que está dedicado más a simplificar conceptos y aclarar dudas que para desvelar cosas nuevas, porque todos han oído hablar de esta enfermedad, presente en la vida cotidiana de tantas y tantas personas.

¿Qué significa?
DM2 - Diabetes mellitus tipo 2

Los matasanos todo esto se lo saben, pero los que no lo son puede que no lo tengan tan claro. ¿Por qué "tipo 2"? Pues porque hay dos tipos fundamentales, y algún que otro más: la diabetes tipo 1 es una enfermedad que aparece de joven, es autoinmune, y el propio organismo se ceba con las células del páncreas que se encargan de segregar insulina, la hormona que consigue que el azúcar (glucosa) que hay en la sangre entre en las células y pueda ser utilizado para generar energía y ser almacenada. En la diabetes tipo 2, sin embargo, lo que hay es resistencia a la insulina. El páncreas segrega la insulina normalmente cuando la glucemia (nivel de glucosa en sangre) aumenta, pero los receptores que tiene la célula para poder responder a esta hormona tienen deteriorada su capacidad de traducir la señal que significa la presencia de insulina en la sangre circulante. Existen otro tipo de diabetes mellitus, como la diabetes gestacional, que aparece en algunas mujeres embarazadas.

¿Por qué ocurre esto?
Pues aquí entramos en un terreno algo farragoso. Hay ciertas cosas que están claras, pero no hay una causa directa que nunca falle. Para empezar, se sabe que la genética juega un papel clave: tener antecedentes familiares de DM2 en la familia indica una predisposición de base a desarrollar esta enfermedad. La herencia, sin embargo, no está localizada en un gen concreto, sino que se dice que es de herencia poligénica.

No obstante, no es el único factor. Además de esta posible predisposición genética, existen otros factores, de tipo ambiental, que también se asocian con la diabetes mellitus. El primero es la obesidad: cuando alguien engorda, lo que aumenta es el tejido adiposo (grasa). Cuanto más aumenta la cantidad de este tejido, más difícil se hace la actuación de la insulina sobre las células del organismo. En concreto, se asocia a la DM2 la obesidad central (en la cintura).

Por otro lado está el sedentarismo, es decir, la falta de ejercicio físico. El ejercicio, incluso si no se pierde efectivamente peso con él, disminuye la resistencia a la insulina y obliga al cuerpo a optimizar el metabolismo de sus fuentes de energía (glucosa incluida). Lo mismo ocurre con el tipo de dieta que se lleva: si ésta es deficiente, se está aumentando la probabilidad de desarrollar DM2.

La edad superior a 45 años, la hipertensión arterial, los altos niveles de HDL o los antecedentes de diabetes gestacional son también otros factores de riesgo.

¿Qué consecuencias tiene?
Pues de manera aguda, podemos encontrarnos, dado el descontrol de los niveles de azúcar, con hipoglucemia (disminución de los niveles de glucosa en sangre, que provoca desmayos, fatiga, hambre...) o hiperglucemia (lo contrario, que puede incluso llevar al coma cetoacidótico o diabético).

La diabetes además tiene un poder muy grande para provocar complicaciones de tipo crónico por todo el resto del organismo. Se dañan los vasos y nervios periféricos, y esto es la causa del famoso pie diabético (el pie se ulcera y se vuelve un posible caldo de cultivo para bacterias que causen infecciones e incluso gangrena que acaben necesitando amputación, lo cual se favorece además porque, al faltar el riego sanguíneo, no se curan bien las heridas). Se daña también la retina, lo que provoca ceguera, a la larga; así como los riñones (aparece insuficiencia renal crónica). Puede afectar también a los grandes vasos, el sistema nervioso central, el corazón, el hígado...

Por otro lado, también se asocia la resistencia a la insulina con algunos tipos de cáncer. ¿Por qué? La insulina puede actuar no sólo como hormona para el metabolismo del azúcar, sino como factor de crecimiento (mediante receptores llamados receptores del factor de crecimiento similar a la insulina o ILGF-R: insuline-like growth factor receptor). Si los receptores de insulina que son responsables del metabolismo de los azúcares no funcionan, habrá más moléculas de insulina que podrán activar a estos otros receptores, en principio, menos afines, con lo cual se pueden exagerar las señales que reciben las células para crecer y multiplicarse. En conjunción con otros factores (fallo en genes que suprimen el cáncer, activación genes que lo provocan, mutaciones...), puede ser la chispa que encienda el proceso de una de las grandes enfermedades de hoy en día y siempre.

Como vimos la semana pasada, la diabetes (y las complicaciones asociadas) está entre las principales causas de muerte en España, y en el mundo occidental en general.

De nuevo, estamos hablando de una enfermedad que afecta al mundo como una pandemia. No infecciosa, pero a efectos prácticos, es una pandemia mucho más verdadera e inmediata que la gripe A o la gripe aviar. Además, está muy fuertemente relacionada con la hipertensión arterial y la obesidad, verdaderas lacras de la salud de todos los países desarrollados. Tristemente, la obesidad infantil es una causa de aparición precoz de diabetes tipo 2, que hasta el otro día también se llamaba "diabetes senil". Si la sociedad no cambia los hábitos de vida, lo de "senil" va a ir quedando cada vez más lejos.

¿Cómo prevenirlo?
Bueno, sabiendo ya lo que puede causarlo, la prevención es bastante fácil. Buena dieta, ejercicio físico, evitar la obesidad, cuidar el colesterol... Por otro lado, sabemos también que puede aparecer por efecto genético (aunque siempre lo hará más tarde y más raramente si cuidamos el estilo de vida), así que ahí entra en juego lo que se llama prevención secundaria, que son las medidas para evitar que, aunque la enfermedad se manifieste, pueda desarrollarse y complicarse tanto que sea realmente un problema grave. Si tenemos familia diabética y empezamos a entrar en la edad de riesgo, hay que tomar conciencia de la posibilidad de desarrollar DM2 y hacerse controles de glucemia (la prueba tan famosa del pinchacito en el dedo y la gotita de sangre en la tira que se conecta a una máquina). En caso de haberla desarrollado, seguir bien el tratamiento , que puede incluir fármacos (la metformina, por ejemplo) y, seguramente, incluirá ejercicio físico y dieta. También necesitará un seguimiento para evitar las complicaciones: estar atento a los pies y las manos por si aparecen úlceras, los ojos, la función de los riñones y el hígado...

Así que gente, ¡a cuidarse! Y si no, pues ya veremos...

lunes, 1 de marzo de 2010

Criptología médica - El dilema del colesterol

No todo siglas iban a ser. Como ya adelantaba cuando comencé con esta sección periódica del blog, también quiero usarla para aclarar conceptos que pueden no estar del todo claros para la gente ajena a la sanidad, al menos como profesionales.

Como casi todos sabremos de alguna visita a nuestro médico de familia, en las salas de espera de atención primaria se cuchichean muchas cosas: sobre psicología social (“La muchachita que vive en el cuarto B de mi edificio ahora se ha arrejuntado con un músico de estos medio melenudos, ¡fíjate tú!”), sobre gastronomía (“Es que yo la cebolla la corto en daditos en vez de en tiras, como hacen los chinos, ¿sabes tú? Y queda… ¡queda! ¡No lo sabes tú bien!”) y sobre comunicación audiovisual (“Ay, ¿viste la novela de ayer? El malo estuvo a puntito de matar al muchacho.”). Pero a veces, la telenovela se traslada a lo que es la salud, ese ente que no todas las pacientes —omito a los caballeros, porque por lo general, los señores de esa edad se mantienen silenciosos esperando pacientemente a que los llame el médico correspondiente, intercambiando entre ellos, de manera esporádica, alguna palabra de aliento, sobre todo si van acompañados de sus señoras esposas— conoce de muy cerca, pero no en profundidad, y la conversación empieza a estar protagonizada, por ejemplo, por el colesterol bueno y el colesterol malo. Pero…

¿Esto qué significa y qué importancia tiene?
Estos términos fueron acuñados para hacer más inteligible al público general los riesgos de los niveles en sangre de unas proteínas transportadoras, las lipoproteínas, que se encargan de transportar lípidos.

El colesterol bueno es la HDL (High Density Lipoprotein) o LAD (Lipoproteína de Alta Densidad), que se encarga de transportar colesterol desde los tejidos hasta el hígado, evitando así que se deposite en las arterias. Por esta razón, altos niveles de HDL vienen a equivaler a una mayor protección contra el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Su “Némesis”, el colesterol malo, es la LDL (Low Density Lipoprotein) o LBD (Lipoproteína de Baja Densidad). No están directamente involucradas en el transporte de colesterol de un lado a otro del organismo, pero cuando se encuentran presentes en exceso, se adentran en las paredes de las arterias, y ahí sufre transformaciones químicas que la hacen pro-inflamatoria, es decir, que atrae a células del sistema inmune en una reacción de inflamación. Un tipo de células particularmente importante son los monocitos, que, gracias a la LDL modificada sufren cambios y se convierten en macrófagos, que empiezan a fagocitar (=atrapar, “comer”) colesterol, llenándose de esta sustancia y pasando a ser células espumosas. Se van acumulando, haciendo que se forme una placa, denominada placa de ateroma, que crece hacia el interior (=luz) del vaso sanguíneo y puede llegar a obstruir el paso de la sangre o incluso romperse y desencadenar la coagulación de la sangre, con lo que se provocaría un tromboembolismo (el coágulo es arrastrado por la sangre mientras crece, hasta que tapona una arteria más pequeña y el tejido que depende de ese vaso se muere por falta de sangre). En cualquier caso, ésta es la tan famosa aterosclerosis, que es la antesala para muchas enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (con el infarto agudo de miocardio como estrella, y, obviamente, la muerte súbita de origen cardiaco) o el accidente cerebrovascular (ACV, ictus o infarto cerebral), entre otras.

Por eso, poseer altos niveles de HDL en la sangre protege de la aterosclerosis y una infinidad de enfermedades cardiovasculares derivadas de ésta, mientras que la LDL elevada es un importante factor de riesgo que debe corregirse.

¿Cómo se puede corregir?
Los niveles elevados de LDL se deben fundamentalmente a una mala dieta, demasiado rica en triglicéridos (grasas) y azúcares simples. Por eso, para prevenir el aumento del “colesterol malo” en la sangre, lo mejor es cuidar la dieta.

Hacer ejercicio y eliminar los ácidos grasos trans (como los que tiene la margarina y otros alimentos que contienen, entre sus ingredientes, “grasas/aceites vegetales parcialmente hidrogenadas”) ayuda a aumentar la HDL, el “colesterol bueno”.

¿Es lo único que hay que tener en cuenta para las enfermedades cardiovasculares?
Desde luego y sin lugar alguno a dudas, ¡NO! Si bien estos dos parámetros analíticos son muy útiles para valorar el riesgo cardiovascular, no tienen por qué alterarse de manera automática si nosotros, aún así, estamos exponiéndonos a riesgos elevados para enfermedades cardiovasculares. El tabaquismo, la vida sedentaria, la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus son, junto a otros, factores de riesgo sumamente importantes para desarrollar enfermedades cardiovasculares, también porque acabarán alterando los niveles de esas lipoproteínas y provocando aterosclerosis, así como por otros mecanismos (el tabaco ejerce un efecto tóxico directo sobre los vasos, por ejemplo).

Así que el consejo es: Sí, hay que estar atento a las analíticas, pero antes de llevarnos la sorpresa de ver una HDL baja y una LDL muy alta, y asustarnos ante el toque de atención que eso supone, debemos, literalmente, curarnos en salud, y tratar de llevar una vida lo más sana que nos sea posible, evitando los malos hábitos y tratando de controlar las enfermedades que ya podemos padecer de base.

Bah, Fer, esto es exagerar un poco para meter miedo, ¿verdad?
Ya me gustaría a mí, que estoy en mi personal cruzada contra la obesidad, pero durante el año 2006, la mitad de las defunciones en España se debieron a cuatro enfermedades: cáncer, enfermedad isquémica del corazón (infarto), enfermedad cerebrovascular (ictus), y diabetes mellitus. Como ven, las dos enfermedades que hemos puesto como directamente relacionadas con los niveles plasmáticos de LDL y HDL, están ahí. Y la diabetes y el cáncer, aunque no profundizaré directamente hoy sobre ellos, están directamente relacionados con los mismos factores de riesgo: la dieta, los malos hábitos y, en general, el modus vivendi del mundo desarrollado. Cuando la diarrea a nosotros no nos supone sino un par de malos días y unos insultos al aire, vienen estos monstruos desde lo más oscuro, y nos amenazan. Ya vendrán otros más fuertes, pero, si podemos poner algo de nuestra mano, y no es tan difícil, para evitar morir por este tipo de patologías, ¿por qué no hacerlo?

¿Lo haremos? Ya veremos…

La imagen proviene de una presentación de Power Point: Cardiopatía isquémica, del Prof. Dr. Pedro Betancor León, profesor de Patología General en la ULPGC y jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín.

¡Blogosfera sanitaria!

Que sí, que existe, que no son 3 tristes tigres escribiendo sobre peripecias anecdóticas en el trabajo de médico, enfermero, u otra profesión del ámbito. Hasta la friolera de 251 blogs han recopilado en Somosmedicina, ordenados alfabéticamente, con la dirección adjunta y clasificados además por categorías: todas las especialidades presentes, a los MIR, enfermería, farmacia, blogs de pacientes, y por último, porque me toca directamente, los de estudiantes.
Me ha sorprendido muy muy gratamente verme incluido en esa lista, como uno de los blogs de estudiantes, junto a otros bloggeros de estos lares, como Anna o JB, por ejemplo. Y también me ha hecho muy feliz el hecho de ver que hay tanta gente que está en esto de los blogs, dando su personal visión de todo lo que rodea al mundo sanitario, incluso pacientes, lo cual aún no había descubierto y sinceramente me ha agradado mucho encontrar. Estoy seguro de que esta lista, al favorecer la comunicación entre blogs, y la expansión de los contactos de bitácora a bitácora, contribuirá a que la blogosfera crezca aún más, se active más intensamente, y seguramente aumente todavía más la calidad de sus contenidos.

Y ya que estoy, no voy a desaprovechar la oportunidad de mencionar a un blog que cumple años hoy. Incluido en la categoría MIR de la lista de Somosmedicina, Cómo convertirse en entrenador pokémon, de Emilienko, cumple hoy sus tres añitos. ¡Felicidades!

PD: ¡Más tarde! Criptología médica, con el dilema del colesterol.