lunes, 15 de febrero de 2010

Criptología médica - ADVP

El artículo de Criptología Médica de hoy está dedicado a esas siglas ADVP, que traducen una realidad que lamentablemente no es tan rara como a uno le gustaría y que, al predisponer a tantas enfermedades, se hace menos rara aún para los médicos.

¿Qué significa?
ADVP - Adicto a Drogas por Vía Parenteral

Por "vía parenteral" se entiende cualquier vía de administración de medicamentos que requiera la ruptura de barreras naturales del cuerpo, generalmente con agujas huecas específicamente diseñadas para ello. En el caso que nos ocupa, la más destacable es la vía intravenosa, aunque realmente podemos estar hablando de casi cualquier droga que no se administre ni por vía digestiva, ni por vía respiratoria. La estrella es, sin embargo, la heroína, junto a opioides como la metadona, y son estos a los que dedico especialmente la entrada de hoy. Por lo general, se suele entender automáticamente que el paciente ADVP es heroinómano, y de no ser así, pues se especifica.

¿Por qué es importante?
Para empezar, esta situación es de por sí patológica. Se trata de una adicción, lo cual requiere, como cualquier otra, atención psiquiátrica, aunque la realidad es que es, como siempre, bastante difícil actuar directamente sobre la adicción; y los adictos generalmente no se dirigen al personal sanitario en busca de ayuda para superar su adicción, sino por las complicaciones que ésta y, sobre todo, su administración genera. La adicción per se ya arrastra al individuo a una situación social que no ayuda en absoluto a su salud física ni psíquica, y lo convierte en candidato a conductas violentas y antisociales de cualquier tipo (delincuencia). La adicción no es sólo psíquica, sino física. La administración crónica genera drogodependencia, lo cual dificulta el tratamiento de la misma, haciendo obligatorio un tratamiento de deshabituación en el que se suele usar la famosa metadona, y expone a los individuos adictos al riesgo de sufrir síndrome de abstinencia, también conocido como mono, que puede ser altamente perjudicial para el organismo.

Entre las posibles consecuencias de la administración por vía parenteral se encuentran unas cuantas enfermedades infecciosas, que a todos nos deben sonar: una amplia gama de hepatitis víricas, endocarditis (frecuentemente derecha) por Staphylococcus spp. (tanto S. aureus como los coagulasa-negativos, que son oportunistas, como S. epidermidis), infección por VIH (y, por tanto, SIDA)... Estas enfermedades pueden suponer, además, un nexo que encadene la adicción a patologías secundarias, por ejemplo, a la inmunodepresión propia del SIDA, o a los daños valvulares causados por la endocarditis. Si encima tenemos en cuenta que, por lo general, este tipo de pacientes no suelen vivir en las condiciones más adecuadas, ni higiénica ni socialmente, nos encontramos con que estos individuos son un caldo de cultivo para una infinidad de enfermedades que no derivan directamente de la administración de la droga por via parenteral: tuberculosis, infecciones por parásitos y microorganismos transmitidos por estos, desnutrición y un largo etcétera.

Por otro lado, la sobredosis por este tipo de sustancias causa principalmente un enlentecimiento de la frecuencia respiratoria (bradipnea), que se puede complicar hasta causar parada respiratoria y muerte. Ésta es, de hecho, la causa mayoritaria de muerte en las intoxicaciones de esta índole.

Además de generar dependencia, estas drogas generan tolerancia farmacológica. Es decir, el cuerpo se habitúa a la presencia de esta sustancia y responde desensibilizándose, lo que obliga a las personas que abusan de estos estupefacientes a aumentar la dosis para alcanzar el estado de bienestar y relajación que buscan. Esto los acerca peligrosamente a la sobredosis, además de interferir con los tratamientos que podrían decidir administrarse por parte de los facultativos. Sustancias de esta misma familia, los opioides, se utilizan con fines terapéuticos, ya sea como antitusígenos, o sea para aliviar la tos (codeína), o como analgésicos, incluso en anestesia general. Este último uso es uno de los que protagoniza un caso bastante dramático que nos contó en clase el profesor de Farmacología: por alguna razón (que no nos dijo el profesor), tuvo que operarse de urgencia a un paciente que fue llevado a urgencias, y se le administraron opioides como método analgésico. El paciente era ADVP y mostraba tolerancia tanto a los opioides como a los barbitúricos, y la dosis que se le administró no fue ni de lejos suficiente para evitarle el dolor y conseguir dormirlo. Los que sí hicieron efecto fueron los medicamentos usados por el anestesista para relajar su musculatura e impedirle el movimiento: el paciente en cuestión estaba absolutamente consciente durante la intervención quirúrgica, despierto y notando el dolor de que los cirujanos manejaran su cuerpo con total libertad, ajenos al error cometido. No podía, sin embargo, mover un sólo músculo siquiera para pedirles que parasen, y soportó toda la intervención. No hace falta decir que hubo una denuncia y toda la parafernalia, además de serias consecuencias psicológicas para el paciente.

Conclusión
Este tipo de cosas son las que hacen sumamente importante la correcta toma de datos durante la realización de la historia clínica. Sobre todo llama la atención a los médicos para que sean una personalidad de confianza para el paciente. Es obvio que una persona adicta, ya sea a este tipo de drogas o cualquier otra, no irá contándolo por ahí. Primero, porque su compra es ilegal, y segundo porque no suele ser algo de lo que se enorgullezcan. Pero el médico está ahí, en principio, para atenderle, y se lo encontrarán cuando su conducta autodestructiva empiece a tener efectos. El facultativo debe dar al paciente la suficiente confianza como para que le dé este tipo de datos que a veces no son tan evidentes y que pueden cambiar la pauta que se está siguiendo, bien para diagnosticar al paciente, bien para tratarlo. Además, desde el punto de vista psicológico implica ya un reconocimiento de la propia situación, y puede ser el principio de un largo y duro, pero necesario camino hacia el "estar limpio".

3 comentarios:

  1. Muy buena entrada BlackZack, sobre todo porque das pinceladas a los grandes temas que conlleva la ADVP: infecciones, violencia, tolerancia, etc.

    Por cierto, me encanta el nuevo look del blog :)

    Besos!!

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  2. para puntualizar, cuando decimos ADVP, en realidad y en términos generales, nos referimos a la heroína no? es que no todas las sustancias son iguales ni tienen los mismo efectos xD pero las dos grandes adicciones que crean mono son la Heroína y la Coca (pero su vía es principalmente inhalada) (bueno, y el alcohol, droga legal por excelencia xD)

    besitos! :)

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  3. @Anna: ¡Gracias! ^^

    @Mar: La coca no provoca mono :P Sólo es psíquico, así que causa ansiedad, pero no síndrome de abstinencia. Los que sí lo causan son los ansiolíticos.

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