miércoles, 3 de febrero de 2010

Anatomía de un MIR, de María Valerio Sainz

El otro día me compré un libro, porque me llamó la atención de lejos en la sección de libros de Medicina. Sí, en esa sección, donde mezclan libros de anécdotas con diccionarios, atlas de anatomía y enormes y pesados tomos —valga la redundancia, ¡de los grandes!— del Harrison.

Éste es un libro escrito por una periodista, que se ha dedicado a investigar sobre lo que hace falta para ser MIR, para entrar en el programa (el temidísimo examen) y para sobrevivir dentro de él, en los 4 años de media mal calculada que suele pasar un médico como residente en algún centro sanitario de los que salpican la geografía española. Está lleno de citas textuales de las entrevistas que ha hecho a no-sé-cuántos-pero-bastantes médicos internos residentes y adjuntos que lo fueron en su día y que ahora se dedican a enseñar a estos híbridos entre médico y estudiante, en una dura pero, según parece, entrañable transición.

Para empezar: se me ha hecho corto. Los dos primeros días de lectura, me comedí y no pasé de los dos o tres capítulos de lectura ininterrumpida, pero anoche no podía dejarlo. No tenía sueño, y me reía con las anécdotas, o me aterraba con las dificultades, el infinito papeleo, la inmensa cantidad de rutinas a las que en unos años, si nada lo impide, habrá que acostumbrarse, y pronto para que a uno no lo estén pisoteando sin necesidad. Así que anoche, entre la 1.30 y las 4.30 aproximadamente, me leí los capítulos que van desde el 5 al 21, ambos inclusive, y me acabé el libro (porque el glosario que venía detrás lo fui curioseando cada vez que aparecía un asterisco en la lectura que llamaba a ver de qué le estaban hablando a uno, aunque no siempre, porque después de las prácticas, uno ya ha ido oyendo según qué cosas).

¿Qué voy a decir, entonces? Es un libro muy entretenido, nada pretencioso, que sólo expone la realidad de la gente que María Valerio ha tenido a bien entrevistar. Puede que falten cosas, puede que alguien metido en el ajo diga "¡Aquí no es así!", pero por lo que he visto de primera mano en el hospital (todo muy por encima, claro está), no debe diferir demasiado.

De todas formas, lo que más me ha hecho sentirme ya identificado, aunque sea parcialmente, ha sido el primer capítulo, dedicado a los preparativos, el nerviosismo y el secretismo que envuelve al examen de acceso a los programas de formación sanitaria especializada, lo que muchos mal llaman, en una metonimia tajante y amenazadora, "el MIR". Que aunque, siendo fieles a las definiciones reales, el MIR sea justamente lo que viene después del examen, todos caemos en ese giro retórico para demostrar lo fuerte que puede sonar, lo drástico y pesado que cae en los oídos y las almas de los estudiantes y sus allegados ese término desprovisto de mayor significado que el de imponer, como un gorila de discoteca —que ni leptosómico, ni atlético, ni leches: ¡armario ropero de cuatro puertas!— que guarda la entrada a ese mundo misterioso que es el trabajar en el hospital, siendo ya médico de (casi) pleno derecho. Por mucho que me queden 4 años —son 4, ¿no?— para enfrentarme a este trance y, según las previsiones de los mayas, ya habrán venido desde Ganímedes a tocarnos la marrana con eso del fin del mundo; uno no puede evitar sentir cómo se anticipa ese nerviosismo, filtrándose a través de esas plantillas de preguntas y respuestas que tanto nos gustan a todos, ésas de —¡todos conmigo!— cinco respuestas posibles de entre las cuales sólo una es correcta, como la música de Psicosis, sonando muy bajita a la verita de nuestros tímpanos, invitándonos a asesinarla metiendo el boli, aún a riesgo de vernos necesitados de una futura miringoplastia (sí, sólo quería una excusa para usar esta palabra, que me encanta, casi tanto como miringitis, aunque ésta me recuerda más a los refrescos Mirinda).

Me han hecho especial gracia las clasificaciones, casi taxonómicas, que parecen comunes entre los miembros de la comunidad hospitalaria, para designar a los especialistas, ya hechos o en formación, según su aspecto, y que parecen deber hacerse, por convenio, en la cafetería. Que si anestesistas desharrapados con manchas de café en el pijama; que si el pobre neurólogo solo, con sus gafas de pasta y aspecto de friki en constante epifanía lógica, conectando cosas en su mente; que si un taciturno y solitario neurocirujano; o el grupo, mayoritariamente compuesto por chicas, con bolis de colores tan variados como los de su arcoiris de fonendos y algún osito de peluche recién escapadas de Pediatría. Sea o no verdad, yo me he reído bastante, porque me ha recordado a las típicas series americanas, en las que la biota del instituto se organiza en la cafetería según mesas de atletas, animadoras, empollones, góticos y demás hierbas.

El libro dedica un par de capítulos a los residentes de ciertas especialidades, como los de Obstetricia y Ginecología, los de Psiquiatría, los futuros cirujanos generales (y del aparato digestivo), los de Oftalmología o los pediatras (estos últimos en un capítulo románticamente titulado Mocos a medianoche). Se echan de menos otras, quizás porque a uno le encantaría saber de todos un poco aunque sea, pero me imagino que, si la periodista hubiera hecho eso, probablemente aún estaría metida en el hospital, y el libro acabaría camuflándose al lado del Harrison. El grande.

En resumen, el libro está, sin duda, muy entretenido. Si es fidedigno o no, eso deberán decirlo los residentes que María Valerio ha intentado retratar en estas páginas; pero a los que aún somos algo ajenos al asunto, seguro que nos entretiene saber qué se cuece en las plantas de los hospitales y los pasillos de los ambulatorios; y a algunos de nosotros, nos arrancará esa sonrisa agridulce que dice: "¡Ay, pobrecitos! Pero... ya me tocará a mí... Ay, madre...".

10 comentarios:

  1. Pues seguro que está muy bien. Incluso yo lo leería, pero sé que me iba a perder gran parte de la sustancia!!.

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  2. @Eva: ¡En absoluto! No te creas, está dirigido a cualquier lector, entienda o no de medicina. No es nada técnico, y lo más técnico que puedes encontrar (que es poquito poquito) viene explicadito en el glosario del final.

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  3. Ya he visto hablar de este libro en más de un blog, y aún no le he echao la zarpa encima, pero ya caerá, ya... :P

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  4. Ya me tendrás que prestar el libro XD que parece que tiene buena pinta.

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  5. @JB: Que caiga, que caiga, que no está nada mal.

    @Seishi: Cuando quieras. Total, ya me lo acabé.

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  6. mmm mi examen del viernes me impide dar el salto cuántico que has dado tú para acabármelo de golpe xD

    de todas maneras tampoco tengo ganas d acabarlo muy rápido, que se disfruta bastante ^^

    lo que más me ha llamado la atención es esa posibilidad taaan alta de acabar con pacientes enteramente en tus manos los primeros días de R1 O.o en plan... ¡jungla! ¡piensa y actúa! xD así que ahora me estudio las cosas con mucha más mentalidad práctica y seriedad o algo así xD que se ve venir...

    besitos! :)

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  7. @Mar: Sea como sea, espero haberte animado para leértelo con ganas ^^

    Pues sí, ésa es la cosa que me ha pasado a mí también. ¡Aprende a actuar! XD

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  8. Me dejó un sabor agridulce cuando descubrí que era uno de mis regalos de reyes magos XD Más que nada por asociarlo con el no querido retorno a las clases y al estudio.

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  9. Pues me has dejado con curiosidad con el libro.
    El examen MIR es toda una experiencia aunque en mi caso durante la carrera decidí no dedicar demasiado tiempo a pensar en ello ni a angustiarme anticipadamente (ni siquiera en 6º curso....a pesar de que los ánimos estaban exaltados en líneas generales).
    Respecto a la residencia propiamente dicha, para mí representa una de las mejores épocas de mi vida, a pesar de las guardias innumerables y de la impotencia ante la ignorancia en algunas ocasiones.
    Un saludo

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  10. @Fer: Jajaja, no seas así, hombre, que el libro está entretenido.

    @Amalia: ¡Vaya! ¡Qué alegría! ¡La mamá pediatra por Ya veremos! Yo intento no pensar, pero después uno cae accidentalmente en las cosas que se lo recuerdan, y ahora mismo ando en una nube de anticipación de la que me quiero bajar, que si no no me dedico a lo que me tengo que dedicar: la Anatomía Patológica y la Fisiología XD

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