lunes, 18 de enero de 2010

Neisseria

Cuando estudio por mi cuenta es cuando me empieza a gustar la Microbiología. Y realmente es interesante. Sobre todo me llama la atención cómo distintas especies del mismo género son capaces de provocar cosas tan distintas. Puede que sea una estupidez esta apreciación, pero a mí no deja de sorprenderme.

Por ejemplo, las bacterias del género Neisseria, sobre todo las más llamativas: Neisseria gonorrhoeae (o gonococo, en la imagen) y Neisseria meningitidis (o meningococo), ya en su nombre lo evidencian. Son causa de enfermedades tan dispares como la gonorrea (o blenorragia) y la meningitis (meningocócica).

Y bueno, hoy me siento pedagogo perdido, así que sucumbiré a este afán esclarecedor, casi docente, y me pondré a comentar estas dos enfermedades.

Empecemos por la gonorrea. Supongo que todos aquellos que hayan asistido al menos a alguna clase de educación sexual conocen, aunque sea de oídos, esta enfermedad de transmisión sexual (ETS). Resulta bastante llamativa en varones, dado que provoca una uretritis (inflamación de la uretra, el conducto a través del que salen la orina y el semen, que recorre el pene) exudativa francamente florida. No pondré imágenes por aquí para no andar teniendo que cambiar la configuración, pero supongo que todos podrán imaginarse un pene del que gotea un líquido blanquecino-amarillento, o sea, pus. De hecho, es lo que ven en la imagen. No sólo están los microorganismos patógenos, que son las cositas rojas en forma de grano de café (son diplococos, parejas de bacterias esféricas unidas entre sí, tal que el lado por el que se pegan el uno al otro se aplanan), sino células (más grandes, con los núcleos, oscuros, de forma irregular y multilobulada), en concreto leucocitos polimorfonucleares. Esto evidencia que ha habido una respuesta por parte del organismo, de tipo inflamatoria, con el pus como resultado.

Más difícil es diagnosticarlo en las mujeres, dado que suele provocarse una cervicitis (inflamación del cérvix, o cuello del útero) que, aunque es purulenta, está alejada de la vagina, y no suele hacerse tan evidente. El mayor riesgo consiste en la instauración de una salpingitis gonocócica (inflamación de las trompas uterinas, más conocidas como de Falopio, por infección por gonococo), que provoque el cierre de las trompas y conlleve esterilidad. Otro riesgo derivado de esto es que la infección esté presente durante un parto, dado que, al pasar el feto a través del cérvix, se contagiará del gonococo y mostrará una enfermedad ocular llamada conjuntivitis neonatal u ophthalmia neonatorum, que, si no se trata (eritromicina), puede derivar en ceguera.

El tratamiento es relativamente sencillo, generalmente se usan penicilinas de las más sencillitas y listo. En caso de alergias, pueden usarse otros antimicrobianos (quinolonas, cefalosporinas, espectinomicina...). La espectinomicina tiene la ventaja de ser usada en dosis única y por vía intramuscular, así que es bastante útil, curiosamente, en los varones, que, frecuentemente, evitan la ayuda médica y suspenden tratamientos más prolongados una vez desaparece el goteo de pus —si es que la Psicología hace falta hasta en la Microbiología, ¿eh?

Y pasamos ahora a la meningitis meningocócica, causada por el meningococo, Neisseria meningitidis. Ésta nada tiene que ver con ninguna ETS, tiene un mecanismo de transmisión bien distinto: la vía aérea, de persona a persona. Entra a través del sistema respiratorio, llega al torrente sanguíneo y alcanza el sistema nervioso central (SNC = encéfalo y médula espinal), donde provoca la meningitis. El cuadro es el típico de las meningitis: fiebre, cefalea y rigidez nucal, además de los signos meníngeos de Brudzinski y Kernig. La diseminación del bichito por la sangre puede causar cuadros como artritis, neumonía o pericarditis (inflamación de la envuelta serosa del corazón) y complicarse hasta la instauración de un síndrome de coagulación intravascular diseminada (aparecen múltiples coágulos por toda la sangre, no creo que haga falta explicar demasiado lo que puede suponer esto) o de Waterhouse-Friedrichsen, tras cuya aparición la mortalidad es sumamente elevada en las siguientes 48 horas.

El tratamiento consiste en penicilinas o, en caso de alergia, cefalosporinas. Es un dato importante tener en cuenta que hay una vacuna contra distintos tipos de esta misma especie, sin embargo, no se tiene ninguna contra el serotipo B, que es, desgraciadamente, el más frecuente en nuestro medio y el de mayor virulencia. Si aparece una meningitis meningocócica, se debe aplicar un tratamiento profiláctico (ya sea con antibióticos o con las vacunas) a la familia para evitar el contagio. Es frecuente en niños, ya que la población más susceptible de padecer la meningitis meningocócica son infantes de entre 5 meses y 5 años.

Y en fin, creo que ya he satisfecho mis ansias de vomitar parte del conocimiento adquirido durante las horas de estudio de hoy. Probablemente haga un copy-paste al Blog del Pequeño Matasanos, y así tenemos algo que poner en él.

Un saludo a todos ^_^ Espero que no les haya aburrido este pequeño folletín informativo.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la entrada BlackZack, muy bien explicadito :D

    Yo tuve una meningitis por el bichín y de poco no lo cuento :$ A mí me alucina que nos creamos tan listos y algo tan pequeño puede matarnos sin darnos cuenta...

    Eso sí, a mí la Micro también me gustó al estudiarla, porque en clase era aburrídisima. Eso sí, ahora adoro las enfermedades infecciosas :P

    Besos!!

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  2. miiiiiiiiiiiicroooooooo (le hacen los ojos chiribitas)

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  3. Uysh, no me había dado cuenta de que no había respondido por aquí.

    @Anna: Vaya, me alegro de que hayas superado la meningitis, que siendo bacteriana, es un logro mayor que si hubiera sido vírica. A mí me pasa un poco lo mismo, la Microbiología me empieza a gustar cada vez que llegó al apartado "Clínica" y "Tratamiento".

    @Seishi: ¿Ves? Si es que eres una Nosferatu de laboratorio XDDDDDD

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